Ay, chicas, no puedo más, tengo que confesarlo. Esta mañana de sábado, mi nuevo vecino me mandó un mensaje pidiendo café. ‘¿Cortado bien cargado?’, le respondí, con el corazón latiendo fuerte. Salí al patio, él con su taza humeante al otro lado de la valla. Empezamos con bromas inocentes… o no tanto. ‘La próxima vez una baguette, para saltar sin manchar’, dijo él, y yo: ‘O plátano con leche cremosa, rápido para mañanas apresuradas’. Sus ojos se oscurecieron, mi piel ardía. Sentía mi coño humedeciéndose solo con su voz ronca.
Ayer, paseo en bici por la Montérégie, 75 km de carreteras solitarias junto al río. Él pedaleaba delante, su culo firme en el lycra negro me hipnotizaba. Molletes contraídos, sudor brillando. Yo atrás, mis tetas rebotando, las bolas chinas dentro de mí vibrando con cada pedalada. ‘¡Cuidado!’, grité en un semáforo, casi choco. ‘Mis ojos estaban justo ahí’, soltó él con sonrisa pícara. La tensión crecía, el aire cargado de feromonas. En el parque salvaje, paramos. ‘Necesito… esto’, murmuré, metiendo la mano en mi culotte. Saqué la bola metálica, reluciente de mis jugos. Sus pupilas se dilataron, su polla marcándose dura bajo el bib.
La tensión que nos consumió
‘Enséñamela’, exigí, mordiéndome el labio. Él dudó, eh… pero abrió la cremallera. Torso desnudo, abdominales tensos, luego bajó el short. Su verga saltó libre, venosa, goteando pre-semen. La chupé con los ojos, contraje mis músculos y la tragué de nuevo. ‘Tu turno’, dijo él, voz entrecortada. Me quité el maillot, tetas al aire, pezones duros como piedras por el fresco. Bajé el culotte, coño depilado expuesto, hinchado de deseo. Le mostré la bola, la empujé adentro con un gemido ahogado.
No aguanté más, la razón se fue a la mierda. Me acerqué, sus labios temblaron contra los míos. Beso salvaje, lenguas enredadas, sabor a café y lujuria. Su dedo entró en mi coño, topando la bola, pulgar en el clítoris. ‘¡Joder!’, grité, mordiéndole la lengua. Bajó a mis tetas, lamió pezones, succionó fuerte. Yo jadeaba, piernas flojas. Me arrodillé, él se tumbó en la hierba fría. Monté su cara, coño sobre su boca. Lengua lamiendo labios mayores, chupando clítoris, dedo presionando la bola dentro. Olía a sexo, mi flujo caliente en su barbilla. ‘¡Más, cabrón!’, exigí, cabalgando su rostro. Orgasmos me partieron, chorros en su boca, cuerpo convulsionando, uñas en sus hombros.
El clímax sin frenos y el dulce después
No paré. Bajé, cogí su polla dura como hierro, venas palpitantes. La tragué entera, garganta profunda, saliva chorreando. Él metió dedos en mi coño empapado, frotando G-spot contra la bola. ‘¡Me corro!’, rugí alrededor de su verga. Él explotó, semen caliente llenándome la boca, tragué cada chorro salado. Gemí con mi segundo orgasme, coño contrayéndose, jugos por sus dedos.
Agotados, nos vestimos rápido al oír un perro. ‘¿La bola?’, pregunté riendo. Se la lancé, húmeda, la chupó y me la devolvió. ‘Sigue siendo tuya’. Pedaleamos de vuelta, piernas temblorosas, sonrisas cómplices. Ahora, en casa, revivo el sabor de su polla, el calor de su lengua en mi coño. Fue brutal, adictivo. Quiero más, sin tabúes. ¿Quién se anima?