Es curioso, ¿sabes? Nada lo presagiaba. Éramos seis, tres parejas. Una tienda enorme al borde de un arroyo en las Cévennes, ese rollo de acampada salvaje que se nos ocurrió a los veinte. Nina, la loca, lo propuso. Su chico, Ludo, encontró el sitio perfecto: cerca de la carretera pero lo bastante escondido para mear en el bosque sin que nos pillaran boy scouts.
Yo iba con Max desde hacía dos años. Estables, decían. O sea, no nos matábamos discutiendo y follábamos de vez en cuando. No era pasión loca, pero una ternura tranquila. Me bastaba. O eso creía. El otro par, Camille y Jules: ella punzante, irónica; él un osito callado, siempre con una birra o avivando el fuego. Nos conocíamos del insti, habíamos dormido juntos en fiestas, fumado porros, contado secretos. Pero nada más.
La chispa que encendió la hoguera
Llegamos sobre las cinco. Montamos la tienda a medias, Jules peleando con el hornillo. Nina se quitó medio en pelotas para bañarse en el río, Camille puteando por los mosquitos, yo pensando que la noche iba a ser eterna. Siempre me agobia lo claustrofóbico, esa idea de estar pegada a cinco cuerpos sudados en una tienda…
Pero Ludo sacó patatas fritas, Jules el cubo de vino tinto y en un rato estábamos tirados en los colchonetas contando chorradas como en el insti. Entonces… ese momento. El clic.
—¿Conocéis ese juego tonto? ‘Maestros y sumisas’ o algo… —dijo Nina, ya medio pedo, cogiendo cacahuetes.
—’Roles y reglas’, corrigió Camille riendo. Lo jugamos en prepa. Yo era secretaria de un abogado vicioso. Terminé de rodillas leyéndole el código penal.
Jules sonrió de lado. Un escalofrío me recorrió. ¿Por qué?
—¿Lo hacemos? Solo por reírnos —propuso Ludo.
Nadie dijo que no. Siempre empieza así, ¿verdad? Un juego. ‘Venga, por joda’.
Nina escribió en post-its: profe/alumna, jefe/empleado, enfermero/paciente, ladrón/policía, amo/sumisa. Clichés, pero nos reímos. Tiramos al azar. Max y yo, médicos. Ludo y Nina, ladrón/policía. Camille… sumisa. Se descojonó.
Jules puso la linterna frontal como foco. Dos minutos por escena. Empezamos. Camille de rodillas lustrando zapatos de Jules con la manga. Nina esposando a Ludo con la guirnalda de la tienda. Max a mí: ‘Relájese, señora, tiene algo atascado… muy adentro’. Risas. Pero… una calorcita. Tensión.
Cuando Nina mordió la oreja de Ludo, mis ojos brillaban. Camille susurrando ‘sí, amo’ con esa media sonrisa… Max la miró demasiado. Ludo se mordió el labio viéndome a mí. Nadie paró. Al revés.
Jules sugirió ‘cambio de parejas’. Voz suave, tímida. Nina alzó la ceja: ‘¿Ah sí, quieres variar?’ Nadie rechazó.
Sorteo nuevo. Camille con Max. Yo con Ludo: profe/alumna. Excitación y traición ligera. Nos sentamos bajo el toldo. Ellos a metros: amo/sumisa. Oí risas bajas, órdenes graves. ‘Túmbate’. Silencio. Suspiro. ‘¿Quieres que siga?’ Max me miró. Probando.
El clímax brutal y el eco del placer
—¿Raro, eh? —me susurró Ludo al oído, aliento caliente.
—Sí…
Mi brazo rozó el suyo. Me incliné.
—¿Jugamos?
—Soy tu profe. Copiaste en el examen. Negocia.
—Profesor… haré lo que sea por la nota.
Sus ojos: lo pilló. Mano en mi muslo. Caliente. Lenta. Gimo lejano: Camille. Me giré. Ella a cuatro patas, Max encima. Nina y Jules mirando, hipnotizados. Mi coño palpita. Piernas se abren solas.
Ludo me besa. Eléctrico. No tierno. Lenguas chocan. Manos bajo mi camiseta, piel ardiendo. TiemBlo. Dedos en mi braguita. Uno dentro. Dos. Mojada como nunca. ‘Estás chorreando’, murmura asombrado. Me corro callada, mordiéndome el labio, mientras Max folla a Camille.
Bajo su pantalón. Polla dura, gruesa. La chupo arrodillada. Gime, manos en mi pelo. Detrás, Camille grita al correrse. Me monto encima. Guío su verga. Entra profundo. Cabalgo salvaje, tetas rebotando, sudor mezclado. ‘Joder…’. Se corre en mi vientre.
Max nos ve. Desnudo, polla tiesa. Camille lame el coño de Nina. Jules se la mama alguien. Sus ojos: sorpresa, rabia, deseo. ‘Has cambiado’.
Me tumbo jadeante, semen tibio en piel pegajosa. Olor a sexo, sudor, vino. Jules se acerca. Mano en rodilla. Abro piernas. Beso animal. Me pone a cuatro. Entra en coño, luego culo. Lento. ‘¿Puedo?’. Cabrgo. Anal ardiente, tabú. Me folla fuerte, manos en caderas. Me vacío al correrse dentro.
Nina lame semen de mis tetas. Raro. Íntimo. Silencio. Nos vestimos lentos. Max se va al río. Vuelvo a él después. Ojos vacíos. Lágrima mía. Mañana, aire fresco. Cuerpos doloridos. Desmontamos en silencio. Viaje mudo. Beso frío de Max en estación.
¿Olvidamos? No sé. Recuerdo su polla en mi culo, Ludo en mi boca, el olor… Quema aún.