La fiesta estaba en pleno apogeo, el humo del barbacoa todavía flotaba en el aire, las últimas salchichas chisporroteando. Todos cantando en la mesa del jardín, unas quince almas estudiantes, borrachos y felices. Jonas gritaba algo de un brindis, pero yo noté que Pablo había desaparecido. Lo busqué con la mirada, conté cabezas… sí, solo él faltaba.
Me levanté sigilosa, entré en la casa de Justine. Cocina vacía, baño abierto y desierto. Corredor, salón, comedor… nada. Subí las escaleras crujientes, el corazón latiéndome fuerte. En el rellano, oscuridad total. ‘¿Eres tú?’, su voz me sobresaltó. Estaba en la puerta de la habitación de Justine, silueta recortada por la luz tenue del pasillo.
La chispa que encendió todo
‘¿Qué pasa? ¿Por qué te aíslas en la oscuridad?’, pregunté acercándome. ‘Necesitaba pensar… en mi ex’, murmuró, girándose hacia la ventana. La luz del proyector de la terraza le iluminaba el cuello, la piel suave. Me acerqué más. ‘Siempre el mismo cabrón. Olvídalo ya’. ‘No lo echo de menos, solo pienso en él’. ‘Busca otro tío’. ‘¡Lo busco!’. ‘No lo encontrarás aquí sola. Abajo hay tíos…’. ‘Son amigos, no amantes’. ‘No hablo de amor, solo de alivio. Un polvo rápido, ¿por qué no?’.
‘¿Tú me aliviarias?’, dijo con voz ronca. Mi pulso se aceleró. Me temblaban las manos al ponerlas en sus caderas. Frío bajo mis dedos, pero se estremeció. Me pegué a su espalda, mi pecho contra él, pelvis unida. Manos subiendo a su vientre, crucé los brazos. Soplo en su nuque, labios rozando piel salada. Un beso suave, otro bajando al hombro. ‘¿Qué haces?’, susurró jadeante. ‘Te consuelo’. Se giró, ojos azules fijos en los míos. Besé sus labios, pausa. Me miró… y bum, se lanzó, mordiendo mi labio inferior, brazos ahogándome el cuello. Yo agarré sus caderas, empujándola contra la ventana que vibró.
Besos salvajes, lenguas enredadas, saliva chorreando por barbillas. Manos en su culo firme, apretando contra la cristalera. Mi coño ardía sintiendo su polla dura. Deslicé muslo entre sus piernas, frotando arriba-abajo, calor empapando el pantalón. Respiraciones entrecortadas, no oímos a Justine subir. ‘¿Todo bien?’, dijo maliciosa. Nos separamos a toda prisa, ropa revuelta, jadeos sospechosos. ‘Hablábamos’, mintió ella con voz áspera. Bajamos riendo bajito, mordiéndose el labio.
El clímax salvaje y el dulce final
La noche avanzó, poker, risas. Toques disimulados en su pierna, mi coño palpitando. A las 2:30, casa casi vacía. Justine asignó habitaciones. ‘Yo a la de mis padres, chicas una, chicos otra’. Pablo y yo subimos, pero ella me guiñó: ‘Ve a la mía, vuelvo’. Entré, bajé persiana, luz morada tenue. Se coló, cerró con llave. ‘Duerme aquí’. ‘¿Qué le dijiste?’. ‘Que estabas de bajón, charlamos’. Se quitó zapatos, se montó a horcajadas, coño contra mi erección… espera, no, yo soy ella, él montado. Espera, adaptando: él encima, mi coño mojado contra su polla tiesa.
La tensión era insoportable, razón voló. Besos suaves, manos en su culo bajo el jean, string fino. Paró, bajó, desabrochó mi pantalón. Polla libre, masturbación lenta-rápida. Frío estomago, casi exploto. Boca caliente engulléndome, lengua en glande, saliva resbalando. Paró al sentirme al borde, lamió lento, bolas suaves.
Sacó condón del bolso, lo desenrolló en mi polla. Se desnudó: top volando, tetas firmes, jean-string fuera. ‘Fóllame ya, no aguanto más, mi coño está chorreando desde hace horas’, gruñó. Polla rozando labios hinchados, entré en calor viscoso. Suspiro mutuo. Vaivén lento, lamiendo tetas duras. Aceleré, ella gimiendo, mordí su labio para callarla. ‘Shhh’. Manos en mi culo empujando, pellizcando pezones. Lenguas chocando, ritmo brutal. Polla golpeando fondo, coño apretando. ‘Me corro’, rugí, llenando condón, ella gimiendo largo, cuerpo arqueado.
Caí sobre ella, sudados, pegados. Saqué polla flácida, limpié. Bajo sábanas, brazos entrelazados, sueño feliz. Mañana, recuerdo ardiendo: su polla en mi coño, olores a sexo, gemidos ahogados. Uf, qué noche.