Confesión ardiente: Mi amiga Elodie me hizo correrme como una loca

Como dos o tres veces al mes, la veo por la ventana de la cocina. La silueta de Elodie detrás de la verja. No es solo una amiga, es más. Nos conocimos hace dos años en una cola, intercambio de números, y desde entonces viene a casa. Siempre entra sin llamar, cruza el jardín y irrumpe en el recibidor.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

—Brrr, qué frío hace ya en septiembre, ¡parece invierno!

La chispa que enciende el fuego

—Abrígate más, dicen que funciona con este tiempo.

—Sí, pero si surge algo, pierdo tiempo.

Viste recatada, siempre. Chaqueta ligera, blusa roja de lino abotonada hasta arriba, falda negra hasta las rodillas, zapatos planos. Pero de perfil, colgando la chaqueta, dos botones menos… su teta izquierda asoma perfecta. Se estira, la falda se abre, muslo hasta casi la ingle. Somos iguales: delgadas, pelo largo castaño, tetas firmes con ese extra, culo pequeño pero redondo, piernas de bailarina.

—Tú estás lista en un segundo, en bata a esta hora… te descuidas.

—Es que llegué corriendo al bus, sudada toda.

—Qué pena perderme la morena jabonosa en la ducha… o tu falda subida hasta las orejas.

Sonrío. Hacemos el ritual: comentarios a la ropa, ella como en su casa. Al principio me molestaba, pero su broma de pillar un polvo y mirar hasta el final me hizo reír. A veces follando con mi marido pienso: ‘Si entra Elodie ahora…’. No da miedo, excita.

En el salón, yo hundida en el sofá, ella en la mesita baja, piernas abiertas sin pudor, falda recogida entre las rendijas, muslos bronceados al aire. Yo despatarrada, peinador entreabierto, si se inclina ve mi coño. Hablamos chismes, pero mis ojos van a su escote. ¿Tetas en pera? Hablamos de sexo, maridos atentos pero torpes. Yo solté una vez: ‘Ningún tío lame como una mujer’. Ella lo repite, sin contradecir.

Me pillo mirándola. Rojo en las mejillas, calor entre piernas, pezones duros contra la bata. Su mano sube por su muslo, roce suave… lo oigo, imagino esa piel. Frío en la espalda. Me mira, sonrisa leve, cabeza ladeada, pelo cayendo.

Explosión de placer sin frenos

—¿Qué, te comes con los ojos? Sigue así y nuestras charlas cambian.

No sé qué decir. Su mano en mi rodilla. Se inclina, lengua en labio inferior. Ojos bajan por mi cuerpo, al coño. Manos suben mis muslos, entra bajo la bata. Cabeza en mi vientre, mirándome. Piernas se abren solas. Orgasmo pequeño, sorpresa, sin tocar.

—Te doy frío, hay que calentarte —ríe bajito.

Manos en cuello, hombros, tetas. Círculos suaves en areolas, pezones. Calor sube. ¡Ah! Aprieta pezón izquierdo, rayo al coño. Sigue, alterna, aprieta más. Los coge los dos, rueda, aprieta rítmico. Orgasmo fuerte, la dejo ahí.

Vuelve caricias. Baja cara a mi pubis. Soplo caliente en labios mayores. Lengua roza clítoris, arriba-abajo lento. Chupa suave, acelera. Dedos en pezones, sincronizados. Arqueo, exploto: coño palpitando, chorros de placer, grito hasta el techo.

Abro ojos, ella de rodillas, sonriendo.

—¿Te gustó?

—A ver si aguantas tú.

Se levanta, desabrocha blusa. Tetas perfectas, pezones rosados duros. Baja falda, tanga empapada. Se quita todo, piel caliente oliendo a sexo. Se sube a horcajadas, coño rozando el mío. Besos húmedos, lenguas enredadas. Manos en mi clítoris, frotando furioso. El suyo en mi boca, lo chupo salado. Nos frotamos, sudadas, gemidos roncos. Otro orgasmo juntas, cuerpos temblando, jugos mezclados.

Caemos exhaustas, abrazadas. Risas cansadas, piel pegajosa. ‘Joder, qué bueno’, susurro. Su olor en mi nariz, sabor en boca. Nunca olvidaré esa tarde. Deseo puro, sin tabúes. Vendrá pronto, lo sé.

Leave a Comment