Hace meses que no paro de pensar en él. Emmanuel. Su mirada profunda me jodió desde el primer día en el trabajo. Noches enteras sola en la cama, con la casa en silencio. Cierro los ojos y ya estoy imaginándolo encima de mí. Mi mano baja entre las piernas, rozando mi coño húmedo, la otra aprieta mis tetas con fuerza, como si fueran sus manos ásperas. Ondulo el cuerpo, me muerdo el labio para no gemir alto. Acelero, quiero correrme pensando en su polla dentro de mí, pero nada. El orgasmo llega, pero el fuego no se apaga. Quiero tocarlo de verdad, que me folle sin piedad.
Estoy con Marc otra vez, mi exmarido, el amor de mi vida. Un pareja libre, pero con principios. No engaño, no quiero herirlo. Él me hace vibrar el alma, nos conocemos como nadie. Pero Emmanuel… Dios, su culo bajo los pantalones del trabajo, sus manos manejando herramientas, me imagino esa polla dura en mi boca, probando su sabor salado. En el curro lo evito, pero cuando lo veo, mi coño palpita, los riñones me duelen de ganas. Me pongo torpe, febril. Un beso en la mejilla de buenos días y me derrito, su aliento caliente en mi piel.
La tensión que me consumía hasta romperme
Intento controlarme. Me entrego más a Marc, follo con él como una poseída, pidiendo más, más fuerte. Pero cierro los ojos y veo a Emmanuel embistiéndome. Una noche no aguanto. Le escribo: ‘Emmanuel, te deseo tanto que me muero. Ven y fóllame’. Envío… y cancelo al segundo. Joder, ¿qué he hecho? Marc durmiendo a mi lado. Apago el móvil, tiemblo. Al día siguiente, lo veo en el trabajo, su polla marcada en el pantalón. No resisto. Le mando otro mensaje, disculpándome, abriéndome en canal. Y responde. Con una foto de su polla tiesa, gruesa, venosa. Mi corazón late como loco, me mojo al instante. La razón se va a la mierda.
Quedamos. Salgo del trabajo, él espera en su furgoneta. Camino despacio, piernas temblando. Subo, su olor a hombre me invade. Hablamos poco, su voz grave me excita. ‘¿Estás seguro?’, digo yo, voz ronca. Él asiente, me mira con hambre. Aparcamos en un sitio aislado. No aguanto más. Me lanzo, beso su boca dura, lengua dentro, saboreando su saliva. Bajo la cremallera, saco su polla, ¡joder, qué pedazo! Dura, caliente, palpita en mi mano. La chupo ansiosa, lengua alrededor del glande, tragándomela hasta la garganta. Gime bajito, ‘Sí, así…’. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, duele rico.
El polvo brutal que lo cambió todo
Me arranca las bragas, mete dedos en mi coño chorreante. ‘Estás empapada’, gruñe. Me subo encima, empalándome en su polla. ¡Ay, Dios! Llena mi coño hasta el fondo, estirándome. Cabalgo salvaje, tetas rebotando, clavo uñas en su pecho. ‘Fóllame fuerte’, suplico. Me agarra el culo, embiste arriba, polla golpeando mi punto G. Cambio de posición, me pone a cuatro, me penetra brutal, cachetazo en el culo. ‘¡Más!’, grito. Su aliento en mi cuello, sudor mezclándose, olor a sexo fuerte. Me corro gritando, coño contrayéndose alrededor de su polla, chorros calientes. Él sigue, ‘Me corro…’, y siento su leche caliente llenándome, escurriendo por mis muslos.
Caemos exhaustos, jadeando. Su polla aún semi-dura sale de mí, con un ‘plop’ húmedo. Olor a corrida y coño por todo. Me siento viva, ligera, pero… quiero más. Le beso suave, ‘Ha sido increíble’. Me viste, me lleva de vuelta. Camino a casa con las bragas pegajosas, su semen goteando. Sonrío, el cuerpo dolorido feliz. Marc me espera, pero mi mente vuela a esa furgoneta, a su polla en mi boca, sus embestidas. No me arrepiento. Solo pienso en la próxima. Emmanuel, fóllame otra vez.