Confesión: Cómo hice correrme a la novia de un gilipollas en mi cama

Ay, chicas, no sabéis lo que pasó anoche… Me llamo Sandra, y os confieso que el deseo me ha poseído por completo. Todo empezó en esa fiesta de Marion. Vi a Élodie bailando, menuda, con el pelo corto negro, idéntica a mi ex pero morena. Su novio, un gilipollas machista, se pavoneaba. Le dije: ‘Ninguna fortaleza es inexpugnable’. Él rio, y yo: ‘En un mes, tu chica en mi cama’. Apostamos. Chiche, dijo el idiota.

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Al día siguiente, resaca de mojitos, me masturbé pensando en ella. Mis tetas pesadas, pezones duros… Bajé la mano, mi coño ya chorreando. Imaginé su cuerpo delgado, y me corrí gritando, músculos tensos.

La chispa que encendió el fuego

La encontré en el gym, RPM. Short negro ajustado, camiseta dejando ver sus tetitas pequeñas. Hablamos en los vestuarios. Se desnudó, string en su culo perfecto. Me duché lejos, pero mi piel ardía. Me dejó su número: ‘A más ver?’. Me volví loca.

Días después, en un bar. Me abrazó, minifalda, olor a sudor sexy por el calor. Nos metimos en un salón privado. ‘Marion dice que eres lesbi’, me soltó. ‘Bi, amor. ¿Te choco?’. Mi mano en su rodilla. No la apartó. Subí un poco… ‘Si estuviéramos solas, te lo enseño’. ‘¿Dónde?’. La besé. Lenguas enredadas, temblaba. Mi mano cerca de su braga húmeda. Se escapó roja, pero supe que volvería.

Texto suyo: ‘¿Vienes esta noche?’. ‘Sí, a las 8’. Limpieza frenética. Sonó el timbre. Vestido negro corto, escote. Ella, misma ropa del bar. ‘Hola…’. Cerró la puerta y me devoró la boca. ‘Tenías razón…’, gemía. Manos bajo su camiseta, tetitas sensibles, pezones duros como piedras. Los pellizqué, cruzó piernas, gimiendo fuerte. La arrinconé contra la pared, chupando su lengua. Se corrió así, grito ahogado, coño empapado filtrando el string.

Explosión de placer sin frenos

La tensión era insoportable. Mi clítoris palpitaba, braguita calada. La llevé a la cama. ‘Quítame el vestido’, le pedí. Beso en el cuello: ‘Podrías haberme besado en el gym… Tenía ganas’. Nuestras tetas se rozaron, las mías grandes contra las suyas. Le bajé el string: coñito rasurado, labios hinchados, olor a sexo puro. Dedos en su clítoris, resbaladizo. Se retorcía: ‘¡Joder, Sandra!’. La hice correrme otra vez, jugos por mi mano.

Me subí encima, frotando mi coño lampiño en su pubis. ‘Fóllame la boca’, supliqué. Me quitó la braguita, suspiró: ‘Qué guapo tu coño’. Lengua en mis labios, chupando clítoris. ‘¡Sí, así!’. Me corría arqueada, gritando, ella bebiendo todo.

Desnudas, sudorosas, nos acurrucamos. Mañana, café, besos. ‘Tengo que contarte algo… El pari’. Sonrió. ‘Lo sé todo. Ese cabrón me lo dijo. Por eso nos separamos’. Risas. Foto desnuda besándonos, enviada a Alex. ‘¡Perdiste, idiota!’.

Cansancio feliz, coños sensibles aún. Su piel caliente pegada a la mía, olor a corrida. Nunca olvidaré esa noche de deseo total.

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