Confesión caliente: La noche que mi coño tomó el control con Enrique y sus amigos

Me estaba peinando el pelo largo y negro, tarareando esa canción que está en todas partes. No me flipa el top 50, pero esta noche… uf, iba a ver a mi nuevo tío, Enrique. Me tenía loca, el cabrón. Mi melena aún húmeda del agua caliente, me miro en el espejo del baño. Mis ojos grises brillan de ganas. Bajo la vista a mis tetas… y joder, imagino sus dedos ahí, arañando, su lengua chupando los pezones. Cierro los ojos. Siento su caricia bajando por mi vientre, la piel erizada. La niebla del espejo hace todo más guarro. Más abajo… mi mano ya está entre las piernas, tocando mi coño húmedo.

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Miro el reloj: 19:30. Hora de vestirme. Seco las últimas gotas de la ducha que me dejó la piel suave para él. Lanzo la toalla, cojo unos vaqueros… pero no, joder. Cambio a un vestido negro escotado, corto, con tacones. Nada de sujetador ni bragas. Labios morados, eyeliner, un poco de rubor. Pelo revuelto. Salgo, subo al coche. ‘Por fin lista, nena’, me guiño al retrovisor.

La chispa inicial: Tensión insoportable hasta que la razón cae

Llego y… mierda, olvidé las bragas. Toco el timbre. Enrique abre con una sonrisa rara, sus ojos me recorren entera. ‘Estás… jodidamente buena’, murmura. Me besa suave. Entro. Huele a incienso. Cocina desordenada, luces bajas. Me empuja al salón oscuro. Me siento en el sofá de cuero, siento mi culo desnudo rozando. ‘Ven, cariño’, dice. Su mano en mi cabeza, como a una perra buena. ‘Bien… bien, mi puta bonita’. ¿Qué coño pasa?

Oscuridad total. ‘¿Enrique?’ Nada. De repente, música grave, fuerte, retumba. Me acelera el corazón. Él me abraza, mano en la nuca. ‘Shhh, tranquila’. Su olor, su calor. Caigo en su regazo, masajeo su muslo. Me relajo con sus caricias en mi pelo, huele a melocotón del champú. La música me domina, pesada, cachonda.

Bouquitas se encienden. Sombras… cinco tíos al otro lado. Ojos dilatados, cachondos. Me mantienen contra él. Su mano baja a su polla, la saca delante de mí. Dura, gorda. La menea lento, rozando mi boca. Huele a macho. Mi coño palpita. Abro la boca, lengua fuera. Entra, salado, viscoso. Mezcla saliva y precum. La chupo al ritmo de la música, cabeza guiada por su puño en mi pelo. ‘Así, mi zorra…’. Los miro, especialmente al negro, guapísimo, musculoso. Me guiña, me calienta más.

El polvo brutal: Pasión roja sin filtros ni tabúes

La polla me folla la boca, llega a la garganta. Saliva por todos lados, babeo. Le masajeo las huevos, pesadas. Él tiembla. Los otros se tocan, pero yo solo para él y mi negro. Acelero, ignorando la música. Quiero su leche. La saca, me azota la cara. ‘¡Joder!’. Gime y chorrea: primera jet en mi mejilla, caliente, pegajosa. Segunda en mi pelo. Luego me la mete y eyacula en la boca, espesa, amarga. Trago todo, lamo limpia.

Se levanta, me deja tirada, coño ardiendo. El negro se acerca, enorme. Limpia mi cara con el dedo, pringado de leche y su precum. Chupo su dedo, sabe a sexo puro. ‘Buena chica’, susurra. Me tiende la mano. Vamos a la habitación, oscuridad y música baja. Me tumba en la cama, sube mi vestido. ‘Mírate, sin bragas, empapada’. Separa mis labios, lame mi clítoris. Gimo fuerte. ‘¡Sí, fóllame!’. Su polla negra, gorda, entra de golpe. Me parte el coño, embiste salvaje. Sudor, piel chocando, olor a sexo. Me corro gritando, él sigue, me llena de porra caliente. Otro tío entra, me folla el culo mientras. Doble penetración, dolor-placer. Chorreo squirt, tetas rebotando.

Agotada, sudada, feliz. Nos quedamos tirados, respirando pesado. Recuerdos queman: su polla en mi boca, el negro rompiéndome, la leche goteando. Sonrío. Mañana más.

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