¡Ay, Gab! ¿Gab? Poco a poco vuelvo en mí. Acabo de correrme otra vez. Joder, estoy adicta. No quiero que pare. Me levanto despacio, como una gata en celo, camino hacia la ducha estirándome. Suspiro de placer. Siento su mirada clavada en mi culo. Juego con eso. Muevo las caderas más, miro por encima del hombro con picardía. ‘Ven conmigo’, grita mi cuerpo entero.
El agua cae caliente en mi nuca. Frío de gusto. Me envuelve los hombros, baja por mis tetas, se mete entre mis nalgas. Mmm, divino. Oigo sus pasos en el parquet. Se acerca. El corazón me late fuerte, espero el placer. Me conoce bien, da media vuelta. Me deja sola con mi calentura. Mis manos se vuelven locas, recorren mi piel, se demoran en el coño, en los pezones. Me arqueo como un arco.
La chispa en la ducha que me encendió
—¿No pensarás gozar sola, eh?
¡Por fin! No me giro. Lo dejo entrar bajo el chorro ardiente. Sus manos en mis caderas, me pega a él. Ya está duro, el cabrón. Echo la cabeza atrás, en su hombro. Le digo sin palabras: hazme lo que quieras. No aguanto más. ‘Fóllame’, pide mi cuerpo. Me aplasta contra las baldosas. Sube el agua más caliente. Agarra mis manos, las pone junto a mi cara contra el muro. Con el pie me abre las piernas de golpe. Me cambré más, sé que así no resiste. Se aleja lento, me mira como a una puta sumisa, lista para todo. Me vuelve loca. Contengo el aire.
Su dedo roza mis labios del coño, sube al clítoris, lo pincha. Baja al culo, juega con el ano, se mete en mi chocho. Gimo ronca, respiro agitada. Quiero girarme para chupársela, pero me sujeta fuerte.
—Quieta ahí, perrita.
Sí, soy su perra en celo, esperando la polla. Su mano sale, siento su verga rozar mis nalgas. De un empellón me la clava. ¡Aaaah! Centímetro a centímetro, gruesa, me llena. Llega al fondo, empieza vaivén lento. Me cambré para que sus huevos choquen en mi clítoris. Él mete un dedo en el culo, brutal.
¡Dios! Dolor al principio, luego placer doble. Vagina y ano llenos, empalada. Orgasmo brutal me sacude. Apenas me tengo, su polla me sostiene. Mi ano palpita, se abre. Otro dedo, luego tres. Me siento llena. Pero quiere más. Cuatro dedos en mi culo, rozando su verga por la pared fina. No sé cuántos orgasmos llevo. Soy una muñeca en sus manos. Siento su leche caliente llenarme el coño, con mi último clímax. Me dejo caer contra el muro, jadeando.
Se sale despacio, me abraza tierno.
—Estás preciosa.
Suena el teléfono. Mierda, las dos y media. Me suelto, cojo una toalla corta, llamo. ‘Gabriela, te esperamos en la reunión’. Me maquillo rápido: rubor, sombras, máscara. Pelo en moño suelto, nuca al aire. Me pongo el vestido negro, escotado en la espalda. Busco mi tanga. Él la tiene, desafiante.
La follada brutal y el dulce agotamiento
—Tss, hoy sin bragas.
¡No! Reunión importante, soy el foco, voy tarde. Nada, se la queda. ‘Recuerdo’, dice. Agobiada, salgo sin beso. Dos minutos a la agencia, vestido volando sobre mis piernas bronceadas. En el hall, el repartidor me mira el culo. Recuerdo: sin nada debajo. Me excita el tío.
Ascensor. Voz grave: ‘¡Espera!’. El cliente. Charla tonta, silencio. Mi coño chorrea, huelo a sexo, a su corrida. Él huele, mira de reojo. Zut. Me deja pasar, su mirada baja por mi espalda desnuda, hasta el borde del vestido. Si me agacho, ve mi coño desnudo. Me muero de ganas. Entro al despacho del jefe, presento, salgo ‘a por un dossier’.
En mi oficina, me siento, subo vestido. Busco pañuelo para limpiarme el chocho mojado. Me meto un dedo, dos. Fuego por dentro, no basta. Toco la puerta en el hombro.
—Gabriela, ¡qué sorpresa!
¡El informático! Coge mi pañuelo, lo huele, lo guarda. Mancha en su camisa.
—Vamos, no les hagamos esperar.
Entro temblando. Presento, evito miradas. Él juega con el pañuelo, lo olfatea. Los cuatro tíos me ven desnuda bajo el vestido. Me retuerzo en la silla, coño ardiendo. Él a mi lado, no hace nada. Imagino su polla oliendo mi olor, masturbándose. Toco su pantalón, subo. Tiembla, me coge la mano, la pone en mi rodilla. ¿Qué? Me señala al jefe, reloj, pañuelo. ‘Ya verás’.
Frustrada, cojo un boli, lo meto en mi coño chorreante. Vaivén, lo saco, se lo doy. Él lo lame, lento. Mi compañero tartamudea. Para ya. Café. Al levantarme, humedad en muslos, vestido corto. Vuelvo, pañuelo en manos del jefe, sonrisa lobuna. Agotada pero feliz, el recuerdo de su polla en mí quema aún. Mañana, ¿quién sabe?