Confesión ardiente: El intercambio sorpresa que me volvió loca de deseo

Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó anoche. Soy Julia, y estoy aún temblando al recordarlo. Estábamos de vacaciones en esa casa preciosa con jacuzzi, con mis amigos Ana y Marcos, y mi Tom. Después del casi lío en el jacuzzi ayer, hoy los chicos se habían ido de compras y nosotras charlamos tranquilas. Cena rica, luna llena… todo calmado. Subí a la habitación cansada, con ganas de mimos porque hacía días que no follábamos bien.

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Entré, luces apagadas. Cerré con pestillo, me duché rápida por el calor, me puse solo un tanga. Me metí en la cama, toqué la espalda de Tom… pero espera, esta piel no es tan peluda. Me acerqué, olí su cuello… ¡Joder, era Marcos! Encendí la luz: ‘¿Qué coño haces aquí, Marc?’. Él, todo nervioso: ‘Era una broma, Julia. Ayer nos divertimos en el jacuzzi, ¿no? Queríamos ver vuestras reacciones’. Le pregunté si Tom estaba con Ana. ‘Técnicamente, sí’. Me quedé flipada, pero sin celos raros. ‘¿Y no te molesta?’, dijo él. ‘Es un intercambio de favores, nos conocemos de años’.

La chispa que encendió el fuego

La tensión subía. Yo, con el calor en el cuerpo, recordando el jacuzzi. ‘¿Mañana como si nada?’, pregunté. ‘Si no va muy lejos…’. Pff, qué ingenuos. Pero su frase me tocó: ‘Mejor remordimientos que arrepentimientos’. Me acerqué, le susurré: ‘¿Acción o verdad?’. Él: ‘¿Eh?’. ‘¡Acción!’. ‘Bésame, idiota’. Nos enrollamos. Sus labios calientes, mi lengua enredada con la suya. Me quité la parte de arriba, pezones duros rozando su pecho. Sudor, aliento entrecortado, olor a hombre.

Bajó al cuello, masajeó mis tetas. Yo jadeaba bajito. Pensé: solo un morreo de adolescentes. Pero su boca al ombligo… mi coño empezó a palpitar, el tanga empapado. ‘Marc, para… sube’. Él: ‘Me pediste que te besara’. Coño, jugaba con palabras. Besó mi pubis sobre la tela. ‘¡Haaaa… sí!’. Me lo bajó, admiró mi coño depilado, chorreando. Ecartré las piernas, empujé su cabeza. Lengua en mi raja, lamiendo el clítoris. ¡Dios, qué bien! Alternaba chupadas suaves y fuertes, mi cyprine por todas partes. Estaba a punto de correrme, manos en las sábanas, mordiéndome el labio para no gritar.

El clímax salvaje y la dulce resaca

Lo paré: ‘Casi perfecto, pero no sé si estoy lista’. Beso en sus labios. ‘Ana me dijo que eras bueno’. Bajé la mano a su boxer, polla tiesa. ‘¿Quieres ver mis talentos? Tom me lo ha contado’. Se la saqué, grande, venosa. La besé en el glande, lamí hasta las bolas. Goteaba precum, lo tragué. Chupé el capullo, mamada profunda, lengua girando. Él gemía: ‘Joder, Julia…’. La mamaba rápido, mano en la base. Subí besando su torso, me puse encima. Mi coño rozando su polla. ‘Lástima las reglas… te habría dejado meterla donde quisieras. En el coño, culo…’. Me masturbé pensando en viejos tríos, clítoris hinchado, dedos dentro.

Volví a mamarla como loca, garganta profunda. Me toqué frenética, dos dedos en mi chochito empapado. Temblores… ¡venía el orgasmo! Golpe en la puerta. ‘Julia, soy Tom, ábreme’. ¡Mierda! Él eyaculó en mi boca, salvas calientes, tragué algo, el resto en la cara. Tom: ‘Era broma, Anna no vino, estoy solo’. Me limpié rápido, corazón a mil. Lo miré a Marc, exhausta, sonrisa pícara. Cuerpo flojo, coño palpitando aún. Ese polvo prohibido, su lengua en mi sexo, mi boca en su verga… inolvidable. Mañana fingiremos normalidad, pero este secreto quema. ¿Y si repetimos?

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