Esto pasó hace unos meses, eh… Vivo en Madrid, cerca de mi hermana Elena y su marido Pablo. Llevan siete años juntos, dos niños de 6 y 3. No es que sean la pareja perfecta, pero tiran. Elena es profe en el insti, no es una diosa, pero tiene unas tetas enormes, 95E que llenan las manos. Yo, Julia, soy su hermana menor, un poco más rellenita, pelirroja desgreñada, soltera desde hace tiempo. Pero mis tetas… uf, son mi arma secreta. Las muestro con escotes profundos, siempre. Pablo me mira, lo pillo a veces, y yo… bueno, fantaseo con él.
Elena se iba dos semanas a Argentina con su clase. El bus al aeropuerto a las 4 de la mañana. Me pidió que durmiera en casa para cuidar a los peques mientras Pablo la llevaba. Vale, dije. Esa noche, después de que él volviera, oí a la niña llorar. Salí de la habitación de invitados en bragas y camiseta suelta, mis tetas casi saltando. En la penumbra, su linterna me pilló de lleno. ‘Ups, perdón, es el peluche de Luisa’, dije tapándome como pude. Él balbuceó algo, yo corrí a ponerme una camiseta. Hablamos un rato de Elena, me acerqué a darle un beso de buenas noches… más cerca de lo normal, mi aliento en su cuello. Sentí su calor. Volví a mi cuarto, pero él… vi su polla dura bajo el bóxer. Me masturbé pensando en eso toda la semana.
La chispa que encendió el fuego prohibido
El sábado me mandó un wasap: ¿todo bien con los niños? Les dije que los echaban de menos. Fui por la tarde. Parque, cena, risas. Propusieron piscina al día siguiente, me pidieron que viniera. ‘Vale, me pongo el bikini de Elena y duermo aquí’. Niños a la cama tarde, excitados. ‘¿Vemos una peli?’, dijo Pablo. Problemas con la tele, acabamos en su cama con el portátil. Película aburrida, nos dormimos. Me desperté de noche, él se quitó la ropa, solo en bóxer. Pensé en irme, pero… no. Fui al baño, volví y me metí desnuda a su lado. Mi corazón latía fuerte. Él fingió dormir, pero lo sentí tenso.
La tensión era insoportable. Mi piel ardía, su olor masculino me volvía loca. Me giré, puse su mano en mi cadera desnuda. Nada de ropa. Él dudó, pero no la quitó. Un gemido se me escapó, me pegué a él. Su polla dura contra mi culo, como hierro. La cogí, la puse en mis tetas. ‘Joder…’, murmuró. Empecé a moverme, frotando. Su mano bajó, tocó mi coño. Estaba chorreando, empapado. Metió un dedo, luego dos. ‘Ahhh…’, grité bajito. Le bajé el bóxer, mi culo contra su verga gruesa. La moví entre mis nalgas, masturbándolo así. Besos salvajes, lenguas enredadas, saliva.
Explosión de deseo: polla dura y coño empapado
No aguanté. Me subí encima, froté mi coño en su polla. Clítoris hinchado rozando su glande. ‘Fóllame…’, susurré. Me la metí, profunda. Limpié despacio, luego fuerte. Él me agarró las tetas, pellizcó pezones duros como piedras. Me corrí gritando en la almohada, cuerpo temblando, sudor por todos lados. Bajé, chupé su polla. Glande salado, venas pulsando. La tragué entera, mamada profunda, bolas en la mano. ‘Para o me corro’, dijo. Lo tumbé, le abrí las piernas. Lengua en mi coño, lamió todo, cyprina en su barbilla. Otro orgasmo me sacudió.
Lo monté de nuevo, vaquera salvaje. Polla al fondo, golpeando mi útero. ‘Más fuerte’, gemí. Doggy: culo en pompa, él embistiendo, huevos chocando. Olor a sexo, sudor, coño mojado. ‘Me corro…’, avisó. ‘Dentro, lléname’. Saccades calientes en mi concha, gritó. Yo exploté otra vez, follada a tope. Nos quedamos pegados, su leche chorreando por mis muslos.
‘Qué pena que no podamos repetirlo más’, dije agotada, feliz. Me dormí en sus brazos. Al día siguiente, piscina y adiós. No ha pasado nada más, ella volvió, él encontró a alguien… pero esas miradas… si se da la ocasión, caigo de nuevo. Uf, qué noche.