¡Dios, qué mañana! Me desperté con el sol colándose por la ventana, el corazón latiéndome fuerte. Mamá acababa de salir, oí la puerta de casa. No lo pensé dos veces. Fui a su cuarto, entreabrí la puerta… Él abría un ojo, somnoliento. ‘¿Ya se fue mamá? ¿Puedo pasar?’, le susurré. ‘Claro’, murmuró con voz ronca.
Me quité la camisola de noche de un tirón, esa que me llegaba a las rodillas. Desnuda total, me metí en la cama, pegándome a su espalda como una cucharita. Uff, sus nalgas contra mis pelos del pubis, mis tetas aplastadas en su piel caliente. Sentí su calor subiendo por mi vientre. ‘¿Dormiste bien?’, le pregunté, rozándole el cuello con los labios. ‘Genial’, dijo, y su respiración ya se aceleraba.
El Despertar que Enciende el Fuego
Deslicé la mano por su vientre… Agarré su polla, semi-dura, tibia. ‘¿Pensaste en mí mientras te pajeabas anoche?’, le picé. ‘Mira la braguita que te di, está empapada’, soltó riendo bajito. La apreté suave, tirando del prepucio hacia abajo. ‘¿Te duele?’, pregunté. ‘No, sigue…’. Mmm, se ponía tiesa, gruesa en mi palma. El olor de su piel, a macho dormido, me mareaba.
‘¡Mira cómo crece!’, exclamé admirada. Se puso boca arriba, yo a horcajadas sobre sus caderas. Mis rodillas a los lados, mi coño abierto rozando su polla dura. La froté contra él, lento al principio, sintiendo mi humedad chorreando. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. Yo gemía bajito, ‘Ah… sí…’. Aceleré, sus dedos clavándose en mis nalgas, abriéndolas. Uno rozó mi culito… La tensión era insoportable, mi clítoris palpitando contra su glande. Perdí el control, me incliné, tetas en su cara, él chupando, yo meneándome furiosa. ‘¡Me corro!’, gritó. Su leche salió a chorros, caliente, hasta mi barbilla, salpicando mis tetas. Yo apreté mi coño contra él, vibrando, y exploté también. ‘Joder… qué bueno’, jadeé, derrumbándome sobre su pecho pegajoso.
La Ducha Donde Todo Explota
Nos miramos, sudados, riendo. ‘Ducha, ahora’, dije. Bajo el agua caliente, ‘Lávame bien, te lavo después’. Llené las manos de gel, sus tetas firmes, pezones endureciéndose bajo mis dedos. Bajé al vientre, culo redondo… Le abrí las nalgas, saboreando su intimidad. A las piernas, subiendo por el interior de los muslos. ‘Mira mi coño’, me dijo, abriéndolo con dos dedos. Poil triangle, labios gruesos, ninfas rosadas asomando, clítoris hinchado, entrada del chocho reluciente. Lavé cada pliegue, dentro, con devoción. Olía a sexo fresco, a jabón y deseo. Mi polla… no, él estaba tieso otra vez, rojo de emoción.
‘A mí ahora’, ordené. Le enjaboné el cuerpo con ganas, calmando su verga palpitante. Luego, de rodillas, jabón en su polla, destapándola, enjuagando despacio. Besitos en el glande, lametones tímidos… La metí en la boca, chupando, vaivén. Mi lengua en el frenillo, mano en huevos, dedo rozando ano. ‘¡Para!’, avisó tarde. Chorros en mi cara, mentón, pelo. Me lamí los labios, sonriendo. ‘La próxima trago todo. Vuelve a lavarme, cabrón’.
Saliendo, exhaustos, pieles enrojecidas. Ese calor, ese olor a corrida y jabón… Lo revivo y me mojo. Fue puro instinto, deseo total. Sin frenos.