Le prometí un masaje que no olvidaría nunca. La habitación en penumbras, solo una luz suave de velas. El incienso huele fuerte, dulce, nos envuelve como una niebla caliente. Me subo encima de él, mis rodillas a cada lado de sus caderas. Los dos desnudos. Él boca abajo, brazos pegados al cuerpo. Su espalda… Dios, como un dios griego, músculos perfectos.
Me echo aceite en las manos, lo caliento frotándolas. Empiezo rápido por su espalda, palmas y dedos por todos lados. Luego, al cuello. Pulgares en la nuca, voy y vengo hasta los hombros. Siento cómo se relaja, lo amaso fuerte. Bajo por sus brazos duros, hasta las palmas. Tiembla cuando rozo con las yemas. Sus vellos se erizan. Subo despacio, omóplatos… Me encanta verlo así, rendido.
La Chispa que Enciende el Fuego
Me acerco al oído: “¿Te gusta, amor?” Un “Mmm…” ronco, engolado. Sabe a sí. Bajo por la columna, hasta el hueco de los riñones, clavo los dedos. Vuelvo a la nuca, beso ahí. Labios apretados, subo al lóbulo, lo muerdo suave, lo chupo. Deslizo la lengua… gira, lame su piel salada. Él tiembla más, gime bajito. Mi coño empieza a palpitar, húmedo ya.
Mi pelo roza su espalda mientras me inclino. Vuelvo a lamer, a besar. Luego, me echo hacia adelante, solo mis pezones duros rozan su piel. Ondulo, los hago bailar por su espalda. Él suspira, gime: “Joder… qué rico”. Mi excitación sube, respiración agitada.
“Dame la vuelta”, le digo con voz ronca. Levanto el culo para que se mueva. Se incorpora rápido, me besa hambriento. Lo empujo suave: “Quieto, aún no”. Se tumba boca arriba. Más aceite, lo froto en mis manos. Palmas en sus pectorales duros, los aprieto, siento su fuerza. Subo al rostro: frente, sienes, ojos cerrados, nariz, labios. Bajo al cuello, hombros. Por dentro de los brazos, piel sensible, frunce.
Sus ojos me miran, puro deseo. Bajo al vientre, movimientos amplios. Besos en la línea de vellos, hasta casi su polla… que ya está tiesa, enorme entre mis piernas. Me estremezco. Me tumbo sobre él, pezones en su cara, ondulo el culo. Siento su verga rozando mi coño mojado. La cojo, me deslizo despacio… entra fácil, llena.
La Follada sin Filtros y el Clímax Explosivo
Agarras mis manos, las subimos a tus hombros. Empiezo a moverme, lento al principio. Nuestros cuerpos sudados se pegan. Tú agarras mi culo, aprietas. Me enderezo, manos en tu pecho, subo y bajo por tu polla dura. Vas más rápido, músculos tensos. Te sientas, me besas el cuello, muerdes pezones. Nuestras respiraciones se aceleran: “Fóllame más fuerte”, gimo.
Me pones a cuatro patas. Cabeza en la almohada, culo alto. Entras de golpe en mi coño, fuerte, profundo. Golpes secos, exploro cada rincón. Te sales, frustración… pero no. Dedos en mis tetas, pellizcas pezones. Otros en mi culo, lubrican con mis jugos. Empujas la punta de tu polla… despacio, centímetro a centímetro. Duele rico, gimo: “Sí, así… despacio”. Entras y sales, hasta que fluye. Entonces, embistes salvaje. Mano en mi hombro, otra en mi clítoris, frotas.
“¡Más fuerte, joder! Soy tu puta”, grito, clavándome en las sábanas, arqueo la espalda. Sensación eléctrica sube por mi espina. Muerdo labios: “Mmmmmm…”. Te paras, me das la vuelta: “Quiero verte correrte”. Piernas arriba, rodillas al pecho, abro todo. Entras en mi coño otra vez, profundo. Manos en tu culo, te empujo.
El placer es brutal, no para. Gritos, râles. Mi cara se tuerce, orgasmo me arrasa. Tú te corres dentro, caliente, gritando mi nombre. Te derrumbas, músculos flojos. Dedos en mi cara, beso suave. Nos acurrucamos de lado, caricias perezosas. Sudor, olor a sexo. Sonrío, recordando cada embestida. Cansancio dulce, feliz. Quiero más.