Hoy ha sido uno de esos días en el salón de masajes que no olvidaré nunca. Me miro el planning: seis sesiones con los del congreso de biomecánica. Me quito el vaquero y el jersey, me pongo la bata rosa viejo, esa que deja todo sugerido pero nada al aire. Mis bragas blancas no trascienden.
Madame Bertin me avisa: asistente de Pinel primero, luego él, su colaboradora y un becario. ‘Tú eres la mejor, Jade’, dice. Preparo todo: 24 grados, toallas, tangas desechables, aceites, música suave. Listo.
La tensión que me quemaba por dentro
La mañana pasa volando. Primera clienta, masaje completo. Luego un tío que se eterniza al teléfono. No como, ni meo. A las dos, llega la asistente, piel suave, piernas firmes. Me encanta masajearlas, subiendo lento. Pero… ay, la botella de aceite casi cae, me contraigo y… me meo un poco. ‘Perdón, problema con el aceite’, salgo corriendo. En el baño, bragas empapadas, asquerosas. Las tiro. Mejor desnuda debajo que pringada. Vuelvo, sin nada. La sesión acaba, pero noto todo más… sensible. El aire en mi coño, rozando.
Pinel a las tres y media. Conoce el rollo, coge la tanga. No es guapo, barrigón, pero ojos intensos. Masajeo superficial primero. Le pido que se dé la vuelta. La toalla cae… joder, su tanga no le cabe. Polla enorme, huevos repletos tensando la tela. Trago saliva. ‘Allez, Jade, profesional’. Masajeo muslos, subiendo a la ingle, rozando sus bolas. Él finge dormir, pero la toalla se mueve. Se la quita él. ‘Déjala, no recojas’. Diez minutos. Su verga semi-dura, gruesa, me revuelve el estómago. Bajo. Nunca vi una así. Me mojo pensando en manosearla.
Su colaboradora, Mme T., desnuda total. ‘Naturista, prefiero así’. Vale. Masajeo, vista a su coño. Recuerdos de acampadas con amigas, juegos lésbicos. Gimo suave ella. Me controlo.
Último, Adrien, becario, las siete y pico. Nervioso, primera vez. Le explico: desnudo, tanga, boca abajo. Se relaja lento. Me siento cerca, él en el hueco de la camilla… ve mis piernas abiertas, mi coño depilado perfecto, sin bragas, y un botón de la bata suelto. Sigo inocente. Le pido vuelta. Ojos cerrados, pero su polla sale dura del tanga. Glande roja. Tarde, instituto vacío. No pongo toalla. Miro fijo mientras masajeo pies, como si la pajeara. Abre ojos, me mira.
El descontrol total y la pasión cruda
Me levanto, muslos. Dedos suben, rozo su verga tiesa, uñas en huevos llenos. Mi coño chorrea. Quince minutos. Corredores oscuros. La razón salta.
Vuelvo a su cabeza, desabrocho bata. Tetas al aire, vistas desde abajo. Me acerco, me tumbo sobre él. Seins en su cara, brazos en torso, manos en pubis. Su lengua lame mis pezones, duros. ‘Mmm…’. Bajo manos, rozo su polla hinchada, venosa, apuntando arriba. La agarro suave, piel caliente, palpitante. La meneo lento, fuerte. ‘Joder, qué dura…’. Él gime en mi teta, chupa, muerde suave. Acelero, puño apretado, sube-baja. Sudor, olor a sexo fuerte, su aliento corto en mi piel. ‘Voy a…’. Explota. Chorros calientes en mi cuello, manos, lechazos espesos en pelos. Tiembla, polla escupiendo sin parar. Potencia brutal, juventud.
Me aparto, limpio con toalla. Sonrisa suya. Estoy empapada, coño ardiendo. Se va, ‘Gracias’, emocionado. Instituto vacío. Me tumbo en camilla, dedos en clítoris hinchado, revivo todo. Froto furiosa, huelo su semen en piel. Grito al correrme, piernas temblando, jugos chorreando. Brutal.
Me visto, sin bragas, jeans pegados. Vuelvo casa, cansancio feliz. Ese recuerdo… aún me hace mojarme sola.