Confesión: Follé al poli que me pilló taggeando mi graffiti secreto

Ay, chicas, no os lo vais a creer. Anoche, estaba yo en mi rollo, pintando mi graffiti en esa pared mugrienta del barrio viejo. Moto apagada, casco puesto, saco las bombitas del plástico… El corazón me late fuerte, eh, esa adrenalina que me moja el coño antes de empezar. Agito la lata, siento su peso en la palma, redondita, fría… y zas, empiezo a trazar las curvas suaves, mis volutas femeninas que tanto me excitan.

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De repente, ¡pum! Un tío salta del porche, me agarra por el chaquetón. ‘¡Suéltala ya, cabrona!’, grita. Me quedo tiesa, pero no… levanto la visera calmada. ‘Tranquilo, guapo, te esperaba’. Se queda flipado, retrocede un paso. Le veo la cara: cuadrada, serio, pero con ojos que ya me recorren el cuerpo. ‘Quítate el casco’, dice autoritario. Me lo quito despacio, sacudo el pelo castaño largo… y le suelto una sonrisa pícara. ‘Aurélie, estudiante de Derecho. ¿Y tú?’

La chispa que prendió el fuego

Me tiende la mano, la piel caliente, áspera. La aprieto firme, siento la electricidad. ‘No puedes seguir’, balbucea, pero su voz tiembla. ‘¿Por qué no me dejas acabar? Si no, mi obra queda coja… como una buena follada a medias’. Se ríe nervioso. Termino el tag en dos minutos, bailo con las latas, goteando pintura negra y roja. Al acabar, me giro, ojos brillantes, coño palpitando. ‘Venga, cenamos en el hotel de mi padre. Si no, llámame flic y acabamos la noche en comisaría’.

En el hotel, me pongo el vestido rojo ceñido, nada debajo. Le hago señas desde la mesa. Llega con pinta de pasmado. ‘¿Qué coño haces aquí tan elegante?’, pregunta. ‘Shh, come. Y tutéame ya, que la pintura aún me mancha los dedos’. Le cuento mi vicio: el cosquilleo en la mano con la bomba, cómo me sube el calor al coño, el riesgo que me hace correrme casi sin tocarme. Él escucha, suda, polla ya dura bajo la mesa. ‘Eres una loca’, dice, pero sus ojos dicen ‘fóllame’. Le rozo la pierna. ‘La chispa eres tú, planqueado como un lobo. Quiero taggearte por dentro’.

Pagamos, subimos. En el pasillo, le beso voraz. Sabe a hombre, a deseo reprimido. ‘Joder, fumas’, murmura, pero su lengua se enreda en la mía, chupando mi saliva nicotinizada. Sus manos me aprietan el culo, yo le noto la polla tiesa contra mi vientre. ‘Todo, ahora, a tope’, gimo. La razón se va a la mierda.

Explosión de placer crudo y el éxtasis final

En la cama, le arranco la camisa. Polla enorme, venosa, goteando pre-semen. La chupo hondo, garganta apretada, babeo. ‘¡Hostia, qué boca!’, gruñe. Me come el coño, lengua clavada, lamiendo mi clítoris hinchado. Huelo a sexo, a humedad salada. ‘Fóllame ya’, suplico. Me monta, polla abriéndome en canal, pellizcando mis tetas. Golpes brutales, piel chocando, sudor chorreando. ‘Más duro, joder, revuélveme las tripas’. Le monto yo, rebotando, coño tragándosela entera, jugos empapando sus huevos.

Le pongo a cuatro, le meto un dedo en el culo mientras me la clava por detrás. ‘¡Puta zorra!’, aúlla, pero empuja más. Sudor nos pega, olor a polla y coño en el aire, alientos cortos. Me corro primero, gritando, contrayendo el coño alrededor de su verga. Él aguanta, me voltea, piernas en hombros, machacándome. ‘Me voy a correr’, jadea. ‘Dentro, lléname el útero’. Eyacula chorros calientes, gruñendo como bestia, llenándome hasta rebosar.

Caemos exhaustos, pegados, semen chorreando de mi coño. Me abraza, huelo su piel salada. ‘Eres increíble’, murmura. Yo sonrío, beso su boca pastosa. Su polla se tensa otra vez, pero nos dormimos así, felices, rotos. Al amanecer, me piro sin decir adiós. Le dejo mi tag en la ingle con rotulador: mi firma en su piel. Ahora busco nueva pared… y nueva chispa. Ay, qué noche, chicas. Aún me palpita el coño al recordarlo.

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