Confesión ardiente: La noche que el policía me folló como un animal

Ay, chicas, soy Orca, una española en París que vive el sexo sin frenos. Todos los martes voy a casa de Teitalia, mi amiga y amante. Nos comemos el coño como locas, sudamos juntas hasta el amanecer. Philip, mi marido, lo sabe y lo aprueba. Pero esa noche… uf, eran las 20:50 y Teitalia no llegaba. Inquieta, entro con la llave que me dio. Nada. Llamo, buzón. El corazón me late fuerte, un mal presentimiento.

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A las 21:15, marco a Franck, mi ex amante, ese comandante de policía alto, musculoso, con esa polla gruesa que me dejó temblando meses. ‘Franck, Teitalia no aparece, estoy preocupada’, le digo con voz temblorosa. Él ríe bajito: ‘Tu marido sigue siendo un santo, ¿eh?’. Hablamos, le cuento todo. Su voz grave me calienta ya, recuerdo su piel caliente contra la mía, su aliento en mi cuello. ‘Voy para allá’, dice. Media hora después, toca el timbre. Abro, y ahí está: camisa ajustada marcando pectorales, pantalón que deja ver el bulto. ‘¿Dónde está tu amiga?’, pregunta, pero sus ojos me devoran las tetas.

La chispa que encendió el fuego

Nos sentamos en el sofá de Teitalia. Huele a su perfume, a sexo pasado. Franck llama a su gente, investiga sobre Maud, la colega. Yo nerviosa, cruzo las piernas, siento mi coño humedecerse. Él se acerca: ‘Tranquila, Orca, la encontraremos’. Su mano roza mi rodilla. El aire se carga, tensión sexual pura. ‘Recuerdas cómo follábamos’, susurro. Él asiente, ojos oscuros. ‘Joder, Orca, hueles tan rico’. Mi razón se resquebraja. Lo beso, salvaje. Sus labios calientes, barba raspando. Sus manos grandes aprietan mis nalgas. ‘No deberíamos…’, dice, pero ya me arranca la blusa. El deseo nos controla, ya no hay vuelta atrás.

Me tira en el sofá, boca abajo. Baja mis bragas de un tirón, su lengua lame mi coño chorreante. ‘Estás empapada, puta’, gruñe. Gimo, ‘¡Sí, come mi coño, Franck!’. Lamidas profundas, dedos dentro, rozando mi punto G. Mi clítoris palpita, huelo mi propia excitación, salada, caliente. Se pone de pie, saca esa polla enorme, venosa, goteando precum. ‘Chúpala’, ordena. Me arrodillo, la engullo, tose por lo gruesa. Saliva por mi barbilla, bolas pesadas en mi mano. Él jadea, ‘Joder, qué boca’. Me levanta, me empotra contra la pared. Polla en mi entrada, empuja de golpe. ‘¡Aaaah!’, grito. Me folla duro, embestidas brutales, tetas rebotando. Sudor mezcla, pieles chocando, ‘¡Más fuerte, rómpeme el coño!’.

La follada brutal y el clímax

Cambia posición, me pone a cuatro patas en la alfombra. Entra por detrás, cachetazo en el culo. ‘Eres una zorra insaciable’. Polla toca mi cervix, placer-dolor. Dedos en mi culo, estira mi ano. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘¡Sí, fóllame el culo!’. Escupe, mete cabeza, luego toda la verga. Quema, pero gozo. Ritmo feroz, bolas golpean mi clítoris. Grito orgasmos, coño chorrea, él gruñe ‘Me corro…’. Semen caliente inunda mi culo, chorros potentes. Colapso, temblando.

Después, jadeamos enredados. Franck me besa el cuello, ‘Eres increíble’. Yo río flojo, cuerpo pesado de placer, coño y culo palpitando, semen goteando. ‘Si Teitalia llega ahora…’. Él sonríe, ‘Sería un trío épico’. La fatiga feliz nos envuelve, olor a sexo impregna todo. Recuerdo cada embestida, su polla dura, mis gemidos. Esa noche, el deseo ganó. Aún me mojo pensando en ello.

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