Era principios de los 90. Tenía unos 18 o 20, no sé bien. Virgen total, ni había besado a una chica. Me odiaba el cuerpo, la cara… Era la rarita del insti, sin pandilla, solo Fabi, mi confidente. Los sábados, en bici por el campo, parábamos en ese bosquecillo en el talud, entre el camino y los pastos. Escondíamos las bicis en los matorrales, nos tumbábamos bajo los árboles. Horas hablando de sueños, de tíos… de sexo, pero puro papo, sin acción real. Muy pudorosas.
Ese verano… Llegamos sudadas, calorazo. Fabi se echa en las hojas secas, yo me apoyo en un árbol torcido, casi encima de ella. Charlamos de pelis porno en la tele cable, de qué nos molaría más.
La chispa inicial y la tensión que nos consumió
—Joder, Fab, lo que más quiero es que me coman el coño bien profundo —dice ella, soñadora, mordiéndose el labio.
—Uf, debe ser la hostia. Pero yo primero quiero ligar con alguien. Luego… lo que sea, mientras follemos.
—Claro, que sea una puta en la cama.
Eso me recuerda la piscina. Tres semanas antes, un miércoles.
—Mira, en la piscina vi algo flipante. Dos tías, creo que gemelas, con otra amiga. Se tiraban al agua riendo como locas.
—¿Qué? ¿Se les salió el bikini y viste tetas? ¿O el coño?
—No, peor. Me puse las gafas de nadar y zas: bajo el agua, una saca la mano entre las piernas de la otra y se la mete en el coño. La lamían el clítoris en plan rápido, antes de subir. La tercera miraba. Pensé que eran lesbianas.
Fabi se incorpora, ojos como platos.
—¿En serio? ¿Y te puso cachonda verlas chuparse el coño?
… Silencio. Me quedo muda. Ella insiste.
—Venga, a mí me daría morbo. Me pondría hasta el coño chorreando.
Sí, me mojó la braguita, pero ¿admitirlo?
—Me dio asco, ver a una tía comiéndole el coño a otra… No sé.
—Una tía chupándote el coño es lo máximo, ¿no? Igual que un tío.
Mi educación católica: sexo solo para follar y parir. Lesbianas? Pecado mortal. Pero Fabi sigue.
—Mira, si una tía quiere comerme el coño, la dejo. Y si lo hace bien, se lo devuelvo. Mejor que pajearme sola viendo porno…
Siento mi coño palpitar en los shorts. Me intriga.
—¿Solo de hablar ya me mojo. ¿Y si te como el coño ahora mismo?
¿En serio? Mi corazón late fuerte. Me imagino su lengua… Mi clítoris duele de lo hinchado.
—¿Me estás proponiendo lamerme el coño aquí? ¿Y si digo sí?
—Pídemelo y verás.
Duda. Asco y ganas. Su boca o la de un tío… ¿qué más da? Mi coño grita.
—Fabi, tengo el coño ardiendo por ti. Si quieres chupármelo, hazlo.
—Oferta: tú me comes 30 segundos, yo te como un minuto. Doble gratis. ¿Trato?
El clímax salvaje y el éxtasis compartido
Joder, negocia como en el rastro. Pero ya estoy perdida.
—Espera, me da grimilla comer coño de tía… Y encima primero tú.
—No es comer coño de tía cualquiera, es hacerme gozar a mí, tu amiga. ¿No confías?
Me duele dudar de ella. Mi mejor amiga.
—Vale, perdón. Si te como un minuto, ¿tú dos?
—Eres un genio en mates. Pero di sí o no. Si paras pronto, te como el doble de lo que hagas.
Decidida. Un coño es carne suave, como mis dedos, que me chupo a veces.
—OK, pero no prometo nada.
—Cámbiame el sitio.
Me muevo. Ella se apoya en el árbol. Yo bajo por la pendiente, perfecto para arrodillarme. Corazón en la garganta, manos sudadas. Desabrocho su short, bajo la cremallera. Huelo su humedad ya. Bajo el pantalón a los tobillos. Bragas blancas, mancha oscura en el centro. Su coño huele a sudor dulce, sexo puro. La miro: ojos brillantes, dedo en el reloj.
Agarro las bragas, las bajo lento. Su coño pelirrojo, labios hinchados, clítoris asomando. Lo levanto suave con los dedos, ella gime bajito. Lo masajeo, se moja más, resbala. Está empapada. Abro la boca, lengua fuera, toco su clítoris. Salado, dulce… La chupo suave, succiono. ¡Bip! Empieza el crono. Muevo la lengua en círculos, meto un dedo en su coño caliente, aprieto. Ella jadea, “¡Joder, sí!”, caderas arriba. Saboreo su jugo, chorreando. La como más hondo, nariz en su pubis, oliendo su sexo.
De repente, se corre. “¡Me corro!”, grita, coño contrayéndose en mi boca, chorros calientes. La bebo toda, lengua frenética. Cae temblando, yo sigo lamiendo suave su clítoris sensible.
—Dios, nunca me corrí así. Eres la reina del coño.
Mi coño palpita dolorido. Quiero más, pruebo su corrida: agria, adictiva. La chupo un poco más.
—A tu turno. Siéntate.
Ella se levanta, yo tomo sitio. Mi short marca mi coño hinchado. Le doy el reloj.
—Dime cuándo te corres, quiero tragarlo todo.
Baja mi short y bragas de golpe. Mi coño explota libre, jugos goteando. Ella se arrodilla, huele mi olor fuerte. Boca abierta, engulle mi clítoris, chupa salvaje, lengua rápida. Piernas flojas, agarro ramas. Gime con mi coño en boca. Me masajea las tetas, dedos en mi ano. No aguanto.
—¡Me corro! —grito. Explosión, chorros en su garganta. Ella traga todo, lame hasta la última gota. Yo tiemblo, mundo gira.
La miro: se ha corrido otra vez, mano en su coño lleno de leche.
—Quería todo. Tu corrida me puso cachonda perdida.
Lamo sus dedos pringosos. Nos vestimos, sudados, felices.
—El sábado más temprano, con picnic. Dos semanas de vacaciones después, aprovechemos.
—Ni te toques esta semana. Guárdatelo para mí.
Pedaleamos a casa, coño latiendo aún. No paré de pensar en ese sábado…