Era domingo por la noche, como las 22:10. Yo, Julieta, estaba en el sofá con mi novio Romeo y su amiga Eloísa. Ella sentada en tailleur, pegada a la tele, nosotros dos… bueno, empezando a calentarnos. Romeo en calzoncillos y camiseta, yo en camisón y bragas, arrodillada dándole un beso profundo mientras le pajeaba la polla con ganas. Su piel caliente contra mi mano, el pulso acelerado, su respiración entrecortada… Mmm, ya estaba tiesa como una barra de hierro.
‘Bonito, todo parece en orden’, le dije a Romeo, sin soltarle la verga. Él solo gemía ‘Hmmmmm’. Eloísa chistó: ‘¡Shhh! ¡Callaos!’. Pero yo seguí, subiendo el ritmo. ‘Pensé que nos llamaría Siriac o Cassandra…’, murmuré. Ella bufó: ‘¡Me da igual!’. La tensión crecía. Su polla palpitaba en mi puño, yo sentía mi coño empapado, rozándome las bragas. Romeo me metió la mano por detrás, palpando mi culo. No aguantábamos más. ‘Chúpale ya, así no hablas’, soltó Eloísa. Bajé la boca, la engullí despacio, saboreando el sabor salado, el olor a hombre excitado. Su lengua me lamió el clítoris por encima de la tela… La razón se iba al carajo.
La chispa que enciende todo
De repente, Romeo me dio un empujón accidental en la garganta por culpa de Eloísa gritando al tele. ‘¡Ayyy! ¡Idiota!’, me quejé, escupiendo saliva. ‘¡Es ella, que berrea!’, protestó él. Pero yo volví a chupar, slurrrp, slurrrp, gimiendo fuerte. Él me corrió las bragas y hundió la lengua en mi coño chorreante. ‘¡Aaaahhhh! ¡Oooohhh!’, grité. Eloísa nos miró, cogió su polla y me la metió en la boca: ‘¡Chupa y cállate!’. Yo sorbía como loca, mi clítoris hinchado bajo su lengua experta.
Me puse a cuatro patas sobre él, besando el cuello de Eloísa, desabrochándole el pantalón. ‘Estás empapada, puta…’, susurré, metiendo dedos en su coño caliente y resbaladizo. Ella fingía ignorarme, pero jadeaba. Agarré la polla de Romeo y me empalé de golpe: ‘¡Ooooohhh! ¡Joder!’. Subí y bajé, follándome fuerte, gimiendo en su oreja. ‘¡Síiii! ¡Fóllame, Romeo!’. Él me amasaba las tetas, pellizcando pezones duros. Eloísa nos empujó: ‘¡Dejadme en paz!’. Pero luego… su mano en mi clítoris, frotando lento. ‘¡Aaaah! ¡Más!’. Se metió la suya en las bragas, masturbándose.
El clímax crudo y el éxtasis final
‘¡Ya está, la peli acabó!’, dijo ella, levantándose. Se desnudó despacio, ojos en llamas. Se subió sobre mi cara, aplastándome con su muslo. Lamí su coño depilado, jugoso, oliendo a sexo puro. ‘¡Lame, zorra!’. Romeo gemía debajo, follándome. Ella me masturbaba el clítoris. Caímos del sofá en un lío de cuerpos sudados. Romeo me la metió por detrás a saco, pam-pam-pam, mis tetas rebotando. ‘¡Fóllame más duro!’. Eloísa se puso a cuatro, yo le lamí el culo y coño mientras él me reventaba.
‘¡Ahora yo!’, gritó Eloísa, chupando su polla antes de ofrecérsela en perrito. Romeo la taladraba, ella aullaba: ‘¡Sí, joder, rómpeme el coño!’. Yo me tocaba perezosa, pidiendo: ‘Lámeme…’. Se arrastró, me lamió mientras la follaban. Orgasmos en cadena: ella se corrió gritando, rígida, yo después, temblando: ‘¡Ouaaaahhh! ¡No pares!’. Romeo sacó, yo le lamí el glande, él se pajeó y me eyaculó en la boca y cara, chorros calientes, espesos. ‘¡Rââaaaaaahhhh!’.
Agotados, sudorosos, riendo. ‘Puta madre, qué bueno…’, jadeó Romeo tirándose en el sofá. Yo me tocaba aún, pidiendo más. ‘¡Lámeme otra vez, Eloísa!’. Ella sonrió: ‘No, ya estoy calmada…’. Romeo lanzó un dildo desde el baño. Lo chupé, ella me lo metió despacio en el coño, follándome rápido mientras nos besábamos. Me corrí de nuevo, convulsionando: ‘¡Aaaaah! ¡Os quiero!’. Después, abrazos, bromas. ‘Hueles a lefa’, dijo él. Reímos. Ese recuerdo me quema aún… la piel pegajosa, el sabor de polla y coños, los gemidos… Quiero más.