Hacía meses que mi coño no respondía. Mi hombre, con sus ojos grises, manos anchas y esa polla dura siempre lista para mí… nada. Quería, joder, lo deseaba, pero mi cuerpo pasaba de todo. Ni una gota de flujo, ni un escalofrío. Triste, ¿verdad? Decidí huir a Estambul, inspirada en la historia de una amiga: su primera follada en una playa, con un turco moreno y su verga pesada.
Yo sola, caminando por calles laberínticas. Hombres guapos, mujeres con ojos que queman. Pero yo, desconectada, como un fantasma. Mi amiga turca, feminista loca, me acogió. ‘Aquí se folla como en ningún sitio’, me dijo riendo. Mezcla de Oriente y Occidente, ambiguo, libre. Me habló de ‘la casa’: fachada de academia de idiomas, pero de noche, bar oculto y un donjón para sexo puro.
La chispa que me consumió en la oscuridad
Sábado. Nervios a flor de piel. Llegamos. Música fuerte, cuerpos ambiguos, porno gay en pantalla grande. Regla: no juzgar, nada impuesto. Veo un tío enorme, torse nu, collar de cuero. Alto como un armario, piel bronceada, barba corta. Me clava la mirada. Mi coño despierta, late. Eh… hace tanto que no siento esto. Lo busco en la multitud. Nuestros ojos chocan una y otra vez. Siento la humedad bajar, el clítoris hincharse. No aguanto más. Él se acerca, me besa el cuello, huele a sudor y sexo. Me suelta y va al donjón. Mi razón se va a la mierda. Temblando, entro tras él.
Oscuridad total. Gimeos, roces, olores a polla y coño. Me agarra por debajo, su mano enorme ya en mi raja. Me sube, me sienta en algo blando. Dedos gruesos dentro, fluidos. Respiro agitada. ‘How do you want it?’, me susurra al oído, voz ronca. ‘I want your dick in my cunt while you are being fucked’, balbuceo, coño ardiendo. Me besa, mete mi mano en mi coño: ‘Don’t move’. Obedezco, piel erizada.
El polvo brutal y embozado de pollas
Vuelve, me tumba, levanta falda, aparta braga. Saca condón, polla ENORME, gorda, venosa. Pam, entra de golpe. Llenándome, estirándome. Agarra mis manos, las pone en sus nalgas firmes: ‘Abre’. Obedezco. Alguien más: piernas de él se abren, las mías también. Toco una verga bestial, resbaladiza, empujando en su culo. Entra profunda. Su polla se hincha más en mí, palpita. Gime en mi cuello, babea. Yo ahogada bajo su peso. Él follado por detrás, me folla a mí. Ritmo lento, profundo. Olor a esperma, sudor salado en mi lengua. Mi coño chorrea, chupa su tronco. ‘¡Joder, sí!’, grito bajito. Sus embestidas indirectas me parten. Siento su culo apretarse alrededor de la otra polla, y la mía explotar.
Jugo primero, río gimiendo, viva por fin. Bombeo su polla con contracciones, agarro sus cachetes. Aceleran: pam-pam brutal. Él gruñe, el otro ruge. Se corren juntos, fuerza animal. Me magullan hombros y muslos. Azulones una semana. Se derrumban, yo debajo, aplastada. Los empujo, se van enredados, desaparecen.
Agotada, sudada, coño palpitante y hinchado. Salgo al cuarto de porno, me siento. Imágenes parpadean, eco de mi polvo. Subo al tejado, fumo un cigarro que me da un chaval. Noche de Estambul brilla. Sonrío, cuerpo pesado de placer. Recordé la playa de mi amiga, su coraje. El sexo es misterio: escapa y duele, llega y te parte en éxtasis. Volví renovada, coño hambriento de nuevo.