Confesión: Mi primera follada con un tío que me volvió loco de deseo

Me pilló desde el primer vistazo. Moreno, delgado, con esa cara perfecta, labios suaves y ojos que te desnudan. Gay declarado, pero elegante, nada de mariconadas. En esa cena en Madrid, fumaba con aire aburrido, exhalando humo mientras charlábamos. Hablamos horas, aislados del mundo. Le conté mis dudas, mis ganas reprimidas. Él escuchaba, compartía sus rollos. Natural, me dijo: ‘¿Quieres que te inicie?’. Me quedé tieso, mirándole fijo. ¿Ahora? No sé si estoy listo… No insistió, pero sus manos suaves me volvían loco. Imaginé besarle, sentir su piel. Al final, yo pedí su número. ‘Solo un café’, dije. Sonrió: ‘O museos, conciertos’. En mi cama, reviví su beso en la mejilla.

Dos días después, café a las seis. Leía a Hesse cuando apareció, igual de guapo. Me temblaba todo. Hablaba, yo no podía disimular la erección. Me miró, sonrió y me besó. Bajo la mesa, mi mano sudaba. Salimos, frío de invierno. Pidió un taxi, me metió dentro. Se pegó a mí, su muslo contra el mío. Calor subiendo. Dirección su piso con vistas al Manzanares. Bajamos, entramos. Puso un vinilo de Bach, sonata para violín. Dos martinis. Me senté en el sofá, nervioso. ‘¿Estás bien?’, preguntó. ‘Sí, pero intimidado…’. ‘No hay prisa, solo charlamos’. Hablamos, reímos. El alcohol me soltó. Sus labios moviéndose… ‘Sonrío porque te quiero’, solté. Se rio, se acercó. Beso. Su lengua caliente, húmeda. Manos en mi muslo. Cerré ojos, jadeando.

La chispa que encendió el fuego

Me llevó a la cama. Nos desnudamos despacio. Su polla enorme, tiesa en el bóxer. La toqué, masajeé. ‘Quiero ver la tuya primero’, dijo. Me tumbé, me la sacó. Dura como piedra. Me besó el capullo, lamió. ‘Sabe rico’. La chupó, succionando. Grité, casi me corro. Me aparté, temblando. Él se recostó, le bajé el bóxer. Polla gorda, venosa, capullo rojo. La branqué, la metí en boca. Primera vez chupando verga. Dulce, salada. Goteaba precum. Lamí huevos, ano. Él gemía: ‘Cuidado, me corro…’. No paré. Eyaculó en mi boca, chorros calientes, espeso. Tragué todo, excitado. Yo también había corrido sin tocarme.

El sexo salvaje sin frenos

Me besó: ‘Ahora te toca’. Me lamió huevos, ano. Lengua en mi culo, dedo húmedo masajeando. ‘¿Quieres que te meta dedo?’. ‘Sí…’. Me puso de lado, escupió, entró. Tocó próstata, mi polla saltó. Gemí. Sacó vaselina, lubricó. ‘¿Te follo?’. ‘Sí’. De rodillas, levante culo. Dos dedos primero, abriéndome. Luego su capullo presionó. Duele al principio, ardor. Se abrió mi ano, entró despacio. Milímetros de polla caliente llenándome. ‘¡Joder, qué apretado!’. Empezó a bombear. Placer y dolor mezclados. Tocaba próstata, corría descargas a mi verga. Me branló, exploté en sábanas. Él aceleró, gruñó, llenó mi culo de leche caliente. Se salió, ano abierto, semen goteando.

Me dolía, ardía, pero feliz. Lágrimas de placer. Me abrazó: ‘Eres increíble’. Me dormí en sus brazos, oliendo a sexo, sudor, semen. Al día siguiente, recuerdos quemando: su polla en mi boca, rompiéndome el culo. Quiero más, siempre.

Leave a Comment