Confesión ardiente: La noche que Caroline me hizo perder el control

Hace unos cuatro meses, empezaba la última parte de mi carrera en literatura aquí en Sherbrooke. Todo iba de puta madre: notas top, amigos nuevos, algún polvo con chicas… y el dinero no fallaba. ¿Qué más pedir? Entonces apareció Caroline. Venía de Montréal, pero se mudó por su profe de máster. Pequeña, no llega al metro y medio, pero joder, qué cuerpo. Ojos negros que te follan con la mirada, labios carnosos que piden beso, tetas redondas perfectas para su tamaño, culo firme y piel morena que brilla. La vi en clase y ya me la imaginé encima.

Durante el trimestre, charlamos hasta el amanecer, nos reímos como locos. Yo estaba colgado, pero ella solo hablaba de amistad. Fin de exámenes, semana dura, todos hechos polvo. Vamos a una disco con colegas, Julie –amiga suya–, y demás. La pista llena de frikis, pero cerveza barata y risas. Yo hacía reír a Caroline toda la noche, bailando pegados, sintiendo su calor. A las dos, medio borrachos, ella desaparece. Julie dice: ‘No se siente bien, se fue a casa’. Me mosqueo, ¿por qué no se despide?

La chispa que encendió todo

Quince minutos callado, pensando si la cagué. Julie insiste: ‘Ve a ver cómo está. Te adora, ¿sabes?’. Corazón a mil. Me finjo con migraña, salgo corriendo. Su piso a diez minutos en coche, pero voy a pie en siete, jadeando. Toco puerta, late el pecho como loco. Abre en camiseta azul ajustada y braguitas a juego, pelo revuelto, ojos somnolientos. Me mira sorprendida, me hace pasar sin decir nada.

Cierro, la miro: ‘¿Estás bien? Julie dijo…’. Me quita el abrigo. Sonríe, joder qué sonrisa. Pierdo la cabeza, le cojo la cara, la beso suave. Ella me abraza la cintura, besa mi cuello húmedo, lame oreja, muerde lóbulo. Tiemblo. Se pone de puntillas, me besa fuerte, lenguas enredadas. Manos en su culo, perfecto, bajo las bragas. Suspira rápido, ‘hmm… sí…’. El deseo explota, ya no hay vuelta atrás.

Vamos a su cuarto besándonos, tropezando. Cae sentada en la cama, piernas abiertas. Me arrodillo, le quito la camiseta. Tetas firmes, pezones duros. Las chupo, muerdo suave, lengua en círculos. Gime, mete mis dedos en su boca, los chupa. La acerco al borde, beso muslos, huelo su coño a través de las bragas. Mojado ya, saliva y flujo. ‘¡Quítamelas! ¡Joder, quítamelas!’.

Se las arranco, triángulo de vello, labios rosas hinchados, olor a sexo puro. Lamo labios, clítoris, subo y bajo rápido. ‘Aaaah… ¡qué rico!’. La levanto, piernas en hombros, entierro lengua en coño, chupo todo. Grita: ‘¡Para o me corro!’. ‘¡Córrete, quiero verte!’. Pero me gira, me desnuda, 69. Me lame la polla dura, de abajo arriba, lento. Toco su culo, lo lamo. Sorprendida al principio, gime fuerte. Meto lengua en su ano apretado, rápido, profundo. ‘¡Dios… sííí!’.

Explosión de placer sin límites

Se gira, me empuja, me pajero mientras besa. ‘¡No aguanto, te chupo!’. Boca en polla, succiona fuerte, mano rápida. Casi me corro. Baja a huevos, luego deepthroat. Yo froto su clítoris hinchado. Suspira, me mira lujuriosa. Se pone a cuatro, abre culo y coño. Froto glande en entrada, entro despacio. Empuja atrás: ‘¡Aaaah!’. Coño estrecho aprieta, follo fuerte, agarro caderas. Pello tetas, pellizco pezones, beso cuello. Acelero, froto clítoris: ‘¡Me corro! ¡Sííí!’. Orgasmo brutal, contrae todo.

Me retiro, sin condón, me pajéo sobre su culo. ‘¡Córrete encima!’. Chorros calientes en nalgas y espalda. ‘Hmm… qué caliente…’. Se unta el semen, gime feliz.

Nos besamos suaves, luego fieros. Tetas en mi boca otra vez, perfectas. Polla dura de nuevo. Me la chupa, luego entre tetas, lengua en glande. Saca condón: ‘Córrete dentro’. Misionero lento, profundo. Orgasmo eterno, el mejor. Agotados, nos dormimos abrazados.

Caroline se fue dos meses a Francia, investigación. Vuelve pronto, nos mudamos juntos. Esa noche… su piel caliente, olor a sexo, gemidos… lo revivo cada día.

Leave a Comment