Ay, Dios… acabo de vivirlo y aún tiemblo. Soy Corinne, la mamá de Pierre, esa que todos ven como la típica esposa formal. Pero hoy… uf, todo cambió. Martin, el amigo de mi hijo, de 19 años, musculoso por el club de natación, vino a casa a buscar los chaussons de palmes que Pierre olvidó. Llego yo, con mi maridito Jean que se va enfadado porque quise cerrar la puerta antes de abrirla en babydoll transparente. Él quería que lo recibiera así, exhibiéndome como su fantasía. Discutimos, él se fue hecho una furia.
Martin entra, me ve sentada en el taburete alto, con la cabeza entre las manos, llorando. ‘¿Qué pasa, Corinne?’, pregunta con esa voz joven y preocupada. Le cuento todo, sin filtros. Que Jean me pide que me muestre, que no lleve bragas, faldas cortas… Al principio me excitaba, pero ahora… no sé si quiero más. Me acuerdo de mis primeros amores, ese chico que me hizo mujer con besos suaves, lengua en mi coño hasta correrme dos veces antes de follar. Jean, imaginativo, me abrió el culo él mismo.
La chispa que enciende el fuego
Pero hoy, los sollozos me vencen, las piernas me fallan. Martin me abraza. Ay, su pecho duro, mi piel casi desnuda contra él. Siento su polla endurecerse contra mi vientre. Caliente, palpitante. ‘Perdón…’, balbucea. ‘No, gracias… me hace sentir viva’, digo apretándome más. Huele a jabón fresco, sudor leve. La tensión sube, insoportable. Bajo su pantalón, su verga enorme salta libre, virgen. La agarro, dura como piedra, venas hinchadas. ‘Corinne, ¿es buena idea?’, duda. ‘Sí, mi marido sueña con esto. Pero él debe ver’. Marco a Jean: ‘Vuelve, tengo sorpresa’. Cinco minutos.
Martin a la ducha, desnudo. Yo sonrío, el corazón latiendo fuerte. La razón… se fue volando.
Explosión de placer y después el éxtasis
Jean llega, se sienta en el sillón. Agarro la polla de Martin por la cocina, lo arrastro al salón. Silencio total. Lo pongo en el sofá, me arrodillo. Su verga en mi boca, salada, gruesa. Chupo despacio, lengua en el glande, bolas en la mano. Gime, ‘Corinne… voy a…’. Trago todo, su leche caliente bajando por mi garganta. Lo beso a Jean, se la paso en la boca. ‘¿Stop o más?’, pregunto. ‘Más’. Me desnudo, coño mojado reluciente. Guío la cabeza de Martin ahí. ‘Lame suave, así…’. Su lengua torpe al principio, luego perfecta en mi clítoris. Jean nos mira, yo me corro gritando, apretando su pelo.
Jean se desnuda. Martin duro otra vez. Me monto en él, coño tragando su polla entera. ‘Agarra mis tetas, fuerte’. Cabalgo lento, profundo, piel sudada chocando. Huele a sexo puro, mi humedad chorreando. Acelero, él me embiste, polla golpeando mi matriz. ‘¡Me corro!’, grita, chorros calientes llenándome. Pequeño orgasmo mío. Luego a Jean, misma follada brutal, mi clímax explotando, piernas temblando.
Ducha rápida, fluidos por las piernas. Los chicos con birra, desnudos. Yo en vestidito ligero. Jean: ‘¿Te gustó?’. ‘Sí… al principio vergüenza, luego fuego puro’. ‘¿Seguimos el finde?’. Río, ‘Vale, pero mi culo solo tuyo’. Nos besamos. Martin vuelve de ducharse, vestido. ‘Quédate desnudo si quieres jugar’. Se quita todo. Almuerzo en terraza, los tres en pelotas, riendo. Cansancio dulce, coño palpitando aún, recuerdos grabados: su polla virgen rompiéndose en mí, miradas de Jean aprobando. Nunca olvidaré este calor, este olor a corrida y sudor. Quiero más… mucho más.