Ay, chicas, aún tiemblo recordándolo. Soy Alhya, de los barrios bajos, cruzando esa vía rápida mortal para robarme un rato en el centro comercial de los ricos. El chasquido de los coches eléctricos me roza la piel, el viento caliente me eriza los pezones bajo la blusa. Llego sudada, entro sigilosa. Fred, el guardia, ya espera. Tres golpes, dos, uno. Me quito el abrigo raído… y le muestro mis tetas firmes, rosadas. Él saca su polla gorda, la acaricia lento mientras yo abro el cartón: frutas, pan… muerdo una manzana jugosa delante de él, el jugo chorrea por mi barbilla. No hablamos. Su semen salpica el suelo cuando me voy, mi coño ya un poco húmedo por el morbo.
Paseo por las tiendas brillantes, troco mi cuerpo por calcetines, zapatos. En el kiosco, leo titulares con Julieta. De repente… ‘El Synapse’, dice una voz grave, como un trueno. Me giro. Él. El Especial. Botas, pantalón verde oscuro, guantes negros, máscara de agua negra. Me congelo. Sus ojos invisibles me clavan. Bajo la vista, el corazón me late en el clítoris. Se va, la gente se aparta. ‘Viene todos los días’, susurra Julieta. No puedo sacármelo de la cabeza. Esa presencia… me moja las bragas.
La chispa que enciende el fuego
Noche. Afuera, todo oscuro. Estiro el cuello, respiro hondo. Entonces, frío en la nuca: cañón de arma. Reflejo en la vitrina: él otra vez. ‘Quítate la ropa’, gruñe la voz modulada. Tiemblo, pero… mi coño palpita. ¿Miedo? Sí, y deseo brutal. Dedos torpes desabrochan el abrigo del director, la blusa. Tetas al aire, pezones duros como piedras. Pantalón abajo, bragas empapadas. Desnuda, manos atrás. Me pone esposas, venda, bocado. Lágrimas, saliva chorreando por mi vientre. Me mete en el maletero, suave, protegiéndome la cabeza. El motor zumba.
Llegamos. Quita venda, máscara. Joder, qué guapo: veinticinco años, barba de tres días, ojos marrones profundos, pelo ondulado. Se quita guantes, pasa mano por el pelo. ‘Bienvenida a mi casa. Eres mi esclava’. Apartamento de lujo, vistas a la ciudad. Suciedad por todos lados. ‘Regla uno: haz que quiera volver. Dos: invisible. Tres: no me ataques’. Me quita esposas, deja el bocado. Lo miro, desnuda, bava goteando. Él no mira mis tetas. Pero yo… veo el bulto en su pantalón. La razón se resquebraja. Me acerco, gateo. ‘Por favor…’, gimo con el bocado. Él sonríe. ‘¿Quieres mi polla, puta de barrio bajo?’. Asiento, desesperada.
La follada brutal sin frenos
Me arranca el bocado. Sus labios aplastan los míos, lengua invasora, sabor a hombre. Manos en mis tetas, pellizca pezones. Gimo: ‘Sí… fóllame’. Me tira al sofá polvoriento, abre piernas. Huele a su sudor limpio, a cuero. Polla fuera: gruesa, venosa, cabeza morada reluciente. ‘Chúpala’. La engullo, saliva por todas partes, bolas en la nariz. Él gruñe, empuja garganta. ‘Buena esclava’. Me pone a cuatro, nalgada: piel arde. Dedos en mi coño chorreante: ‘Estás inundada, zorra’. Entra de golpe. ¡Aaaah! Llena, estira mis paredes. Bombea salvaje, huevos golpean clítoris. ‘¡Más fuerte! ¡Rompe mi coño!’, grito. Sudor nos pega, aliento corto, olor a sexo crudo. Cambia: yo encima, cabalgo, tetas rebotan. Él chupa pezón, muerde. ‘Córrete, puta’. Explosión: chorro en mi útero, yo tiemblo, squirt en su vientre.
Caemos exhaustos. Sudor fríos, respiraciones jadeantes. Me abraza, piel caliente contra la mía. ‘Quédate así’, murmura. Duermo pegada a él, coño lleno de su leche tibia. Al día siguiente, sonrío limpiando. Ese recuerdo… me hace mojar cada noche. ¿Volverá hoy? Mi amo, mi follador.