Confesión ardiente: La noche salvaje con el hijo de mi jefa en mi uniforme de azafata

Las burbujas del champán subían por la copa mientras observaba a los bailarines en la pista. Esa fiesta de disfraces de la empresa era una sorpresa brutal, yo que pensaba que sería un coñazo más. Me había puesto el uniforme de azafata, falda cortita hasta medio muslo, tacones altos que me ponían el culo en pompa. A los 42, con piernas largas y una peluca morena rizada, me sentía una diosa sexy frente al espejo. Mis compañeros flipaban, pero solo curiosidad, sonrisas pícaras.

De repente, empiezan los lentos. Se acerca él, un chaval de 22 años que ya me comía con los ojos. ‘¿Me concedes este baile?’, dice con voz temblorosa. Dios, qué mono, masculino pero tímido. Bailamos, cuerpos cerca pero no tanto, por la gente alrededor. Me dice que mi uniforme me queda de puta madre. Al acabar, me invita a la barra. Me subo al taburete alto, la falda se sube, mis piernas al aire. Él no quita ojo. ‘¿Por qué no vas disfrazado?’, le pregunto. ‘Soy el hijo de la jefa de RRHH’, confiesa. Sonrío, ‘Se nota el encanto de tu madre en ti’.

La chispa que enciende el fuego

Charlamos horas, coqueteo sutil. Él nota cómo camino en tacones, ‘Tienes práctica, eh’. Me río, ‘Observador’. A las tres, la fiesta se vacía. No tiene coche. ‘Te llevo’, digo. En mi coche rumbo a su chalet en las colinas de Las Rozas, silencio. Sus ojos en mis piernas otra vez. Al subir, la falda se arremanga, muestra un poco de piel. Él traga saliva. De pronto: ‘¿Medias o pantis?’. Me quedo muerta. ‘Curiosidad mata al gato… pero bueno, ¿por qué no jugar al científico?’. Su mano izquierda baja por mi muslo, bajo la falda. Toca el borde de las medias, la piel suave arriba. El corazón me late fuerte, el coño ya húmedo. Para en las ligas del liguero. ‘Gira aquí’, dice, entramos en la finca de sus padres.

Casa enorme, lujo puro. Me ofrece copa en el salón. Me siento en el sillón, falda subida, mostrando las tiras de las medias y piel desnuda. Él en el sofá, devorándome. ‘¿Cómo te llamas?’, pregunto. ‘Arnaud’. ‘Camille’. Se levanta, va detrás de mí. Manos en hombros, bajan abriendo la chaqueta. Toca la guêpière de encaje, roza mis pezones duros. Me besa el cuello, aliento caliente. ‘Es mi primera vez con alguien como tú’. Nuestras bocas se pegan, lenguas enredadas, saliva dulce. La razón se va a la mierda, el deseo manda.

Explosión de placer sin límites

Sus manos bajan, separan mis piernas. Ve el tanga empapado. ‘Qué preciosa eres, Camille’. Dedos rozan mi coño por encima, luego dentro, resbalando en mis jugos. Gimo, ‘Sí, joder…’. Lo empujo al suelo, alfombra mullida. Le quito camisa y pantalón. Solo un slip con la polla tiesa asomando. La acaricio, piel caliente, pezones duros que muerdo. Bajo la mano, agarro sus huevos pesados, la verga gruesa palpitando. ‘Mmm, qué polla más rica…’. La saco, chupa pre-semen. La masturbo lento, él gime ‘¡Ohhh, sí!’. Le chupo los huevos, lengua en el ano, luego trago la polla entera, garganta profunda. Él jadea, manos en mi peluca.

No aguanto más. Me quito el tanga, coño chorreando, clítoris hinchado. Me monto encima, froto su polla contra mis labios vaginales. ‘Fóllame, Arnaud, métemela ya’. Baja despacio, me llena entera, polla gorda estirándome. Empujo caderas, follo duro, tetas rebotando. Él agarra mi culo, azota. Cambio posición, a cuatro, él detrás embiste como animal. ‘¡Tu coño es una puta gloria, tan apretado y mojado!’. Sudor, olor a sexo fuerte, pieles chocando. Me corro gritando, chorros en sus huevos. Él acelera, ‘Me vengo…’. Saca, le doy la boca, leche caliente en mi lengua, trago todo.

Caemos exhaustos en la alfombra. Aliento entrecortado, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Él me abraza, ‘Ha sido increíble’. Yo sonrío, piernas temblando aún, coño palpitando con el recuerdo de su polla dentro. Fatiga dulce, felicidad plena. Esa noche me cambió, el deseo puro sin frenos. Aún siento el calor de su piel, el sabor de su corrida.

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