Confesión ardiente: Me follé la polla del amigo de mi novio en la cocina durante el Super Bowl

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Soy Sofía, 23 años, cuerpo de infarto: tetas 95C firmes, culo redondo, piernas largas para mi 1,64. Ese día limpié la casa entera, sudando, con el coño palpitando desde la mañana. Josh, mi novio de tres años, llegaba tarde del curro. Me moría por una buena follada, de esas que nos pegamos en cualquier lado, con riesgo de que nos pillen. Pero él terminaba más tarde por el puto Super Bowl. Miré el reloj: dos horas de espera. Maldita sea.

Me desnudé para el baño, me toqué las tetas en el espejo, pezones duros como piedras. Agua caliente relajándome, pero el deseo ardía más. Me puse una falda roja cortita, blusa blanca ajustada, sin sujetador, solo para provocarlo. Botones a punto de saltar, ombligo con piercing brillando. Me giré, admirando mi silueta de reloj de arena. Josh llegaría y me follaría como una perra.

La chispa que encendió el fuego

Oí el coche. Salté al cuello de Josh, piernas enroscadas, besos salvajes. Sentí su paquete… pero nada, estaba en modo fútbol. ‘Ben viene a ver el partido’, dice. Ben, su colega alto, el que me presentó. ‘Prepara algo de comer, ¿vale?’, y se van al salón con birra y apuestas. Yo meneo el culo camino a la cocina, notando sus miradas. Ouach, qué caliente estoy.

Durante el partido, voy con nachos. Me inclino, tetas casi saliendo, Josh ni mira, pegado a la tele. Ben sí, ojos clavados en mis pezones marrones tras la blusa. Sonrío pícara. Vuelvo, me siento entre ellos, me estiro por una revista, rozando a Ben. Nuestros ojos se cruzan, chispa eléctrica. Mi coño se moja. ‘Voy a cocinar’, digo, guiñándole. Él sabe.

En la cocina, pongo el robot sin nada, ruido fuerte. Josh sube el volumen. Ben entra: ‘¿Necesitas ayuda?’. Cierro las puertas… no, espera. Le ofrezco un polo, lo lamo despacio, lengua rosa girando en la punta, mirándolo fijo. ‘Mmm, qué rico…’. Él me agarra las caderas, ojos en mis tetas. El riesgo de Josh al lado me pone a mil. Nuestras bocas chocan, lenguas enredadas, saliva mezclada. Siento su polla dura contra mi vientre. ‘Joder, estás empalmado…’.

El clímax salvaje y el dulce agotamiento

Lo empujo al mostrador, le bajo el pantalón. Polla enorme, más grande que la de Josh, venosa, goteando precum. La agarro, dedos no cierran. La lamo desde las huevos, olor a macho, salado. ‘Chúpamela, Sofía’, susurra ronco. Abro la boca, glande hinchado entra, estiro la mandíbula. La chupo hondo, garganta apretando, babeo por el eje. Él gime bajito, manos en mi pelo. ‘Joder, qué boca…’. Abro las puertas del salón. ‘¡Ben me ayuda con la cena!’, grito. Josh: ‘¡Vale, no miss the play!’. Ben palidece, pero su polla late más.

Ahora sí, lo trago entero, 20 cm bajando, arcadas placenteras. Lo follo con la boca, rápida, profunda, huevos chocando mi barbilla. Él me manosea las tetas, pellizca pezones. ‘Quítate la falda’, gruñe. Me subo al mostrador, coño depilado chorreando. Él lame mi clítoris, lengua experta, huelo mi propio jugo. ‘Fóllame ya, Ben, métemela toda’. Me penetra de un empujón, polla abriéndome, dolor-placer. ‘¡Ahhh, joder, qué gruesa!’. Bombea fuerte, piel sudada chocando, tetas rebotando. Yo araño su espalda, ‘Más, cabrón, rómpeme el coño’. Orgasmo me arrasa, grito ahogado, él se corre dentro, semen caliente llenándome.

Nos separamos jadeando, sudor pegajoso, olor a sexo impregnando. Me visto rápido, labios hinchados, coño palpitando con su leche goteando. Volvemos al salón como si nada. Josh: ‘¡Gran jugada!’. Ben y yo nos miramos, sonrisa cómplice. Después del partido, Josh me folló flojo, pero yo revivía la polla de Ben. Agotada, feliz, durmiendo con el recuerdo quemándome. Dios, qué vicio. Si Josh supiera…

Leave a Comment