Confesión ardiente: Mi jefe me folló salvajemente en el archivo polvoriento

Hace unos años, trabajaba de secretaria en una pequeña empresa de informática. Éramos como diez personas. Yo llevaba toda la admin, facturas, contabilidad… Mi jefe era joven, guapo a rabiar. Alto, más de uno ochenta, cuerpo atlético. Y esa mente rápida que lo hacía irresistible. Tres años con él, yo con veinticinco, casada pero loca por sus huesos.

Sentía esa complicidad, ¿sabes? Pasábamos horas juntos en correos o tesorería. Sonrisas pícaras, guiños cuando algo salía bien. No le decía nada, pero mis ojos lo delataban. Nos rozábamos mirando papeles… Su brazo contra el mío, segundos eternos. Me ponía a mil, calor subiendo por el cuerpo.

La tensión que me quemaba por dentro

Un día subimos al archivo. Escalera exterior, cuartucho lleno de cajas, polvo, olor a humedad. Lejos de las oficinas. Buscábamos un contrato viejo, revolvimos treinta cajas. Espacio mínimo, yo pegada a él. No me apartaba. Él tampoco. Juego de quince minutos. Encuentro la carpeta… Se pone detrás, mano en mi hombro. ¡Zas! Como corriente eléctrica. Me quedo tiesa. No la quita. La desliza por mi espalda… Suena el teléfono abajo. Bajo temblando, ardiendo.

Días después, verano. Lo veo subir solo. Voy tras él, sin excusa. Lo pilla al vuelo. El juego arranca fuerte. Manos en espalda, hombro. Calor asfixiante, falda por encima de la rodilla. Acurrucados en una caja baja, mano en mi rodilla desnuda. Caricia suave… Rayo en el cuerpo. Nos levantamos, ojos clavados, sonrisa culpable. Se acerca, me abraza. Papeles al suelo. Cierro ojos, lo aprieto. Siento su fuerza. Afloja un poco, besa mi cuello. Pequeños besos tiernos. Echo cabeza atrás… Ay, lo soñaba tanto.

Sus labios suben lentos por la mejilla. Millímetro a milímetro. Espero esa boca… Llega. Besos suaves boca a boca. Luego uno largo, eterno. Manos en mi espalda. Se pone salvaje, lenguas enredadas. Saca mi blusa de la falda, mano debajo. Piel erizada. Baja por espalda, lado… Llega al pecho sobre el sujetador. Dedo en el pezón. Nos separamos, saliva por mi boca.

El polvo y el clímax sin frenos

Desabrocha blusa, la abre. Fija ojos en el pezón asomando. Brazos alrededor, desengancha sujetador. Tetas libres. Las amasa, besa una a una, boca abierta. Mi mano va a su pantalón. Polla dura como piedra bajo la tela. Gime bajito, ojos cerrados. Abro cremallera con esfuerzo, tanta tensión. Beso el glande, lados… Primera vez que chupo polla. Natural, instintivo. Me levanta, besa fiero. Manos everywhere. Baja cremallera falda, mano en culo. Una nalga, otra, entre… Dedos en mi tanga, poils, coño empapado. Toco cielo, casi corro.

Se arrodilla, baja falda y tanga. Mira mi coño abierto. Besos allí. Me gira. Polla en nalgas, busca entrada. Más dura aún. Penetra fácil, estoy chorreando, dilatada. Lento al principio. Aprieto dientes para no gritar. Sube blusa, besa espalda, lame sudor. Sale a veces, vuelve adentro. Ritmo acelera. ¡Joder! Corro entero, temblores. Él sigue, fuerte. Segunda corrida mía, juntos. Grita ahogado: “¡Coño, qué puta delicia!”

Quedamos quietos. Me endereza, aprieta contra él. Polla aún dentro, menguando. Mejilla en mi oreja, manos en tetas. Giro cabeza, beso suave. Separamos cuerpos. Nos vestimos torpes, sin palabras. Hora arriba, mediodía, todos al almuerzo. Bajo primero, corro a coche. No me pongo tanga, empapada de corrida. En ascensor casa, siento su lefa caliente bajando por muslo.

Nunca hablamos. Ni alusión. Seguimos trabajando normal. Colegas sospechaban, pero callados. Empresa cerró, no lo vi más. Pero este recuerdo… Ay, me moja solo pensarlo. Viví la pasión pura, sin culpas. Lo cambiaría por nada.

Leave a Comment