Confesión ardiente: Lucha sumo desnuda que explotó en sexo anal en la granja

Ay, chicas, no sabéis lo que pasó el otro día con Carlos, mi novio. Teníamos 18 años, éramos deportistas, vimos un reportaje de sumos en la tele y nos volvió locos. Sus cuerpos chocando, el sudor… Nos miramos y dijimos: ‘¿Por qué no lo probamos?’. Fuimos al granero de mis padres, subimos al heno fresco, mullido, perfecto para caer sin hacernos daño. Solo con shorts y camisetas al principio. Cada tarde, roulades, agarres fuertes, piel contra piel. Me encantaba sentir su pecho duro pegado al mío, el calor subiendo.

Un día, Carlos me dice, jadeando: ‘Cariño, ayer mi madre me regañó, se me rompió el bolsillo del short en una caída. ¿Y si nos ponemos en pelotas? Sin mawashi, mejor así’. Me mordí el labio, el corazón latiéndome fuerte. ‘Vale, me mola’, respondí, quitándome todo. Desnudos sobre el heno con una manta que robé de casa. Al principio, risas, pero pronto… Uf, las pollas balanceándose al agarrarnos por los hombros, cabezas juntas, sudando. Las mías rozando la suya, endureciéndose. En una roulade, nos enrollamos, vergas frotándose, calientes, pegajosas de sudor. Nos levantamos, mirándonos los ojos, pollas tiesas como sabres. Empecé a chocar la mía contra la de él, como un duelo. ‘Joder, qué dura está la tuya’, murmuró él, con voz ronca.

La chispa que nos quemaba

De repente, se escapa, se pone detrás. Desliza su polla gorda entre mis muslos, manos en mis caderas. Un escalofrío me recorre la espalda, mi coño palpita, clítoris hinchado. Siento su glande rozando mi raja, caliente, húmedo. ‘¿Quieres?’, susurra, dando empujoncitos suaves. Mi razón se va al carajo, el deseo me quema. Abro las piernas un poco, él me empuja el glande contra mi ano. Intenso, joder. Se inclina, yo me arqueo. Su verga presiona, mi esfínter resiste… pero cede un poco. Eyaculo un chorro prematuro, él se toca y corre también. Sudor, olor a sexo por todo el granero.

Al día siguiente, volvemos, cachondos. Ya no es lucha, es puro instinto. Nos frotamos las pollas hasta que duelen de lo tiesas. Carlos saca un tubo de vaselina que robó. ‘Para que entre bien’, dice, untándose el ano y los huevos. Se pone a cuatro, culo en pompa. Yo agarro mi polla, resbaladiza, la meto entre sus muslos. Siento su rosario caliente, apunto el glande. Él mueve el culo, buscándome, manos en mis muslos tirando de mí. ‘¡Métemela, joder!’. Empujo, el esfínter se abre, la cabeza pasa… Grita: ‘¡Ayy, duele un poco, pero sigue!’. Despacio, entro hasta el fondo, su culo apretándome la verga como un guante caliente. El calor es brutal, vaselina chorreando. Agarro su polla, masturbo mientras limpio suave. Gime: ‘¡Sí, más profundo, cabrón!’. Sudamos, respiraciones cortas, olor a polla y sudor. Acelero, su ano me ordeña, siento el jugo subir. ‘¡Me corro!’, rujo, clavándome hasta las bolas. Chorros calientes llenándole las tripas. Él se pone rígido, cabeza meneándose: ‘¡Hummm, síiiii!’. Su leche en mi mano, espesa, pegajosa.

La follada salvaje sin frenos

Me retiro despacio, placer al salir el glande. Nos abrazamos, polla contra polla, felices. Esa noche, sola, me toco recordándolo, freio hinchado, corrí como loca. Él me contó que su ano le picaba, metió un dedo pensando en mí.

Otro día, tormenta, viento fuerte. Subimos al heno, nos desnudamos rápido. En levrette, tiro de sus pezones, entro lento. Su ‘¡Ouuuuiii!’ me enciende, su culo cabrándose. Estoy al fondo, huevos contra sus nalgas, manos en sus huevos y verga. De golpe, ¡BAM! La puerta de la granja azota. Nos congelamos, miedo a que nos pillen. Caemos de lado, yo aún dentro, apretado. Su ano me aprieta la base por el susto, delicioso. Pollas semi-molles pero volviendo. Él juega con mis huevos, yo crezco en su culo. Su músculo me masajea la verga. ‘Joder, qué apretón’, gimo. No aguanto, corro otra vez dentro, él eyacula en mi mano sin tocarse. Sperma chorreando sus muslos. Nos limpiamos con los slips, guardando el olor de cada uno. Cansados, felices, sudados… Ese recuerdo me moja aún hoy.

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