Hace poco más de un año, en un julio asfixiante en Madrid, mi vida cambió. Tenía 19, soltera, cachonda perdida. Él, Marcos, 46, casado, padre, con años sin follar. Su mujer y hijo se fueron el finde a la playa, dejándolo solo. Yo, con mi minifalda negra, top amarillo escotado y sin bragas, fui a devolverle su taladro. ‘Pasa, Sara, toma un vermú’, me dijo, ojos clavados en mis tetas 85C.
Nos sentamos en el sofá, piernas cruzadas, charlando del calor. ‘Esa falda… ¿vas a ver a algún tío?’, bromeé. Se rio nervioso. ‘Eres una cría, yo casado’. Pero yo vi su bulto. ‘¿Y si vine así por ti? Mira…’. Abrí las piernas, mi coño depilado brillaba húmedo. ‘Joder, Sara…’. Dudó, pero su polla ya latía.
La chispa que encendió el fuego
Me subí a horcajadas, besos calientes, lenguas enredadas. ‘No tengo condones’, murmuró. ‘No los quiero. Lléname de leche, como a tu mujer’. Sus manos bajo mi top, quitándome el sujetador, mamando mis pezones duros. Yo le bajé los pantalones, saqué esa polla gruesa, venosa, tiesa como piedra. La froté, olía a hombre. Me hundí en ella, mi coño chorreando, gimiendo bajito. Subía y bajaba, piel sudada pegada, aliento entrecortado.
La tensión explotó. Lo tiré al sofá, le comí la polla, saliva goteando, garganta profunda. Él me lamió el coño, lengua en mi clítoris hinchado, bebiendo mi jugo salado. ‘¡Dios, qué rico, Marcos!’. Me folló misionero, lento al principio, acelerando, mis uñas en su espalda. Cambiamos a la mesa: perrito, pierna arriba, polla ramoneando mi coño empapado. ‘¡Más fuerte!’. Le apreté las pelotas, él me malaxó las tetas. Eyaculó dentro, chorros calientes inundándome, yo explotando en orgasmos.
El clímax brutal y el afterglow adictivo
No paramos. En la cocina, desnudos, mientras cocinaba, me tumbó en la mesa. Dedo en mi culo virgen, masajeando el ano prieto. ‘¿Quieres que te abra el ojete?’. ‘Sí, joder, hazme tuya’. Lubriqué su polla con mi coño, apunté al culo. Dolor agudo al entrar el glande, pero gemí de placer. ‘Despacio… ahhh’. Entró todo, vaivénes lentos, luego brutales. Sudor goteando, olor a sexo denso, culos chocando. Me cabré, besos fieros, él me llenó el recto de semen espeso. ‘¡Qué culazo, Sara!’. Yo temblaba, corrida chorreando.
Subimos a su cama conyugal. Toda la noche follando: 69, cucharita, amazona. Su polla en mi culo otra vez, dilatándome, dolor placentero. Al día siguiente, más: polvos matutinos, duchas calientes con pajas mutuas. Me dejó el culo rojo, adolorido días después. Se fue su familia lunes, pero yo volví a hurtadillas.
Ahora nos vemos diario en mi piso. Divorciándose por mí. Paró la píldora, quiere mi crío. Diez días batiendo sin goma, leche en coño y culo. Cansancio dulce, músculos doloridos, olor a él en mi piel. Recuerdo su aliento en mi cuello, el calor de su corrida dentro… Me mojo solo pensando. Este finde fue el inicio de mi adicción al sexo real, crudo, sin límites.