Confesión ardiente: Mi marido me folló el culo como una bestia gracias al amuleto maya

Todo va de puta madre desde que mi maridito encontró ese colgante maya en una de sus locas expediciones por casas en venta. Dinero a raudales, casa nueva con piscina en forma de arco, dos cochazos relucientes… Mi armario explota de ropa, cambio todo cada dos meses, joyas por un tubo. Trabajo medio tiempo y les suelto verdades a los jefecillos sin miedo. Ahora me dicen ‘Carmen, ¿podrías…?’ con una sonrisa. ¡Qué cambio, joder!

Y el sexo… uf, mi hombre está en forma de escándalo. Cuarentón guapo, su polla incansable, dura como piedra. Yo tampoco me quedo atrás, lo chupo todo. El dinero es el mejor viagra, qué duda cabe. Y todo por ese talismán primitivo con una verga mayúscula en el centro. Esa noche, con 20.000 euros del tiercé, me corrí como nunca. Aunque lo quiero, sentí que follaba con un semental salvaje.

La chispa del deseo al sol y la sorpresa en casa

Hoy, topless al sol junto a la piscina, aislados por muros y árboles. Temperatura perfecta, ni calor ni frío. Quiero broncear las tetas pálidas para lucir escotes que vuelvan locos. Mi marido adora mis pechos, lo oigo removerse en el salón. Me estiro, quito las gafas y entro. La luz cambia, parpadeo. El salón enorme, soñado, ahora nuestro.

DVDs tirados al pie del sofá naranja. Me arrodillo en la alfombra gruesa, suave en las rodillas. A cuatro patas, apilo los discos… y ¡zas! Algo caliente y duro contra mis nalgas. Salto, pero es él, desnudo, encima de mí, manos en mis caderas.

—¿Qué coño buscas? —digo riendo.

—¿Quieres dibujo o demo?

—Demuéstramelo, cabrón.

—Te voy a dar servicio… o sevicio.

Su polla se aplasta en mi raja, solo llevo un tanga minúsculo. Mi culo alzado, invitando al pecado. Se frota, testículos pesados golpetean mis muslos. Me agarra una teta, la masajea, pezón duro. Olor a sexo, su aliento en mi cuello. Acelera, bestial.

Baja el tanga a mis rodillas, lengua en mi coño empapado. Me abre las piernas, chupa, mama mis labios hinchados. Dedos en tetas, pellizca pezones. Quita el tanga del todo. Me dejo ir…

La penetración anal salvaje y el éxtasis total

Ahora lame mi ano, dedos en clítoris palpitante. Me estremezco, esa lengua caliente en mi culito… Me excita, aunque prefiero la polla en el coño. Pero hoy, lo ofrezco. Bajo pecho al suelo, culo alto. Él entiende, acaricia nalgas, alterna lengua coño-culo.

Me aplasta contra la alfombra, manos en mi espalda. Coge mis dedos, los pone en mi coño: mastúrbate. Obedezco, rozo clítoris ardiendo. Él lame mi ano abierto, manos separan cachetes.

Lengua furiosa en mi culito, saliva chorreando. Masturbo más rápido, ansiosa por su verga. No lubrica con coño, directo. Miedo, pero remuevo culo para pedirlo.

Glande caliente en mi entrada oscura. Se masturba un poco, presemen chorrea. Empuja firme, lento. Cierro ojos, contengo aliento. Duele, me abre, polla gruesa me parte. Cada centímetro quema, ano estirado al límite.

A mitad, duele como fuego, pero no aprieto, lo dejo entrar. Me llena, invade tripas. Llego al fondo, empalada. Éxtasis raro, sumisa, suya.

Empieza a bombear, salvaje. Polla me rasga, dolor-placer mezclado. Gimo, jadeo, me folla el culo sin piedad. Masturbo frenética, clítoris hinchado. Olas de placer rompen, confundo dolor con gozo.

¡Me corro! Vagina vacía, pero culo explotando. Él sigue, profundo, hasta que se queda quieto, semen caliente inunda mis entrañas.

Abro ojos, exhausta, feliz. Bajo mi nariz, el colgante maya sonríe burlón. Su verga tallada parece más grande, tocando su barbilla. Me calienta de nuevo, voraz. Mi maridito va a tener que follarme horas más… ¡Que asuma, joder!

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