Ay, chicas… aún tiemblo al recordarlo. Soy Andrea, científica en un centro rarísimo fuera de la ciudad. Ese día me vestí con una falda ajustada bajo la bata, escote sutil… todo para que Antoine me mirara. Llevaba semanas intentándolo, coqueteando con voces suaves, roces ‘accidentales’. ‘Hola Antoine’, le dije con voz melosa al entrar. Él solo gruñó, gesto vago. Suspiré. ¿Por qué no me comía con los ojos?
El labo era un domo enorme con un cacharro circular para detectar dimensiones raras. Cables cruzados formaban un pentáculo perfecto. ‘¿Es a propósito?’, pregunté. ‘Prueba superstición, ¿qué perdemos?’, dijo él. Tenía razón. El equipo estaba de vacaciones, solo nosotros. Trabajamos codo con codo, sudando. Su olor a hombre me volvía loca, piel caliente rozando la mía. Mi coño palpitaba ya. Quería montarlo allí mismo.
La chispa que encendió el infierno
Lancé el conteo desde la cabina. Pantallas enloquecieron, luces parpadearon. El pentáculo brilló rojo, aire pesado. Un portal se abrió, vómito de energía. Monstruos cornudos, musculosos, dos veces mi tamaño, saltaron fuera. Antoine… lo destrozaron en segundos. Yo paralizada, pero… dios, sus cuerpos eran puro sexo. Piel oscura, alas, pollas enormes colgando. ‘¿Tú abriste el portal?’, rugieron. Me agarraron, piel ardiente contra la mía. Luché un poco, pero mi cuerpo traidor se humedecía.
Me arrastraron al infierno, río de lava bullendo. ‘Aquí es tu casa ahora’, gruñó uno. Mi piel… roja como la suya. Demonios volando alrededor, miradas hambrientas. Ninguna hembra a la vista. Me rodearon. ‘Quieres el don demoníaco?’, preguntó Masko, el más osado. Dudé. ‘¿Qué es?’. ‘Acéptalo y sabrás’. Sus alientos calientes me nublaban la cabeza, olor a azufre y sexo. Estaban tan… viriles. Mi razón se rompía. ‘Sí… lo acepto’, susurré, voz temblorosa.
La follada eterna y mi transformación
Se lanzaron sobre mí como lobos. Manos de fuego por todo mi cuerpo, pellizcando tetas, dedos en mi coño chorreante. Grité al principio, luego gemí. Cornamentas brotaron, alas. Me arrancaron la ropa, pollas tiesas rozándome. Masko primero: su verga, gruesa como mi brazo, palpitante. La chupé, salada, venosa. ‘Joder, qué boca’, jadeó. Me la metió en la garganta, follando mi cara. Otros lamían mi clítoris hinchado, dedos en el culo.
Me tumbaron en la orilla ardiente. Uno me abrió las piernas, polla brutal embistiendo mi coño. ‘¡Aaaah!’, chillé. Entraba y salía, lava líquida en mis venas. Otro en mi boca, otro entre tetas. Corridas calientes me llenaban: boca, coño, culo. Semen demoníaco quemaba delicioso, transformándome. Follada por docenas, rotando. Pollas de todos tamaños, bolas pesadas golpeando. Sudor, lava, olor a sexo infernal. Gemía sin parar: ‘Más… folladme más duro’. Días enteros, infatigable. Me corrí cientos de veces, chorros de placer incendiando todo.
Agotada pero feliz, yacía en charco de semen y lava. Cuerpo nuevo: curvas perfectas, fuerza brutal. Demonios ronroneaban a mis pies, besando mis pies. Masko: ‘Eres nuestra reina’. Recordarlo me moja aún. Esa tensión con Antoine era nada comparado a esto. Ahora vivo follada eternamente, madre de demonios. El infierno es mi paraíso. ¿Queréis más detalles? Preguntad…