Me paré frente al hotel, ese palacio con columnas y cristales brillando. El corazón me latía fuerte, como un tambor. ¿Qué coño hacía aquí? Parte de mí gritaba ‘vete a casa, María’, pero la otra… uf, la otra ardía. Quería follar, sentir algo real después de años de rutina con mi marido. Me había puesto un vestido rojo ceñido que marcaba mis tetas y mi culo, lencería negra que rozaba mi coño húmedo ya. Perfume intenso, pelo suelto. Nervios, sudor en las manos.
Entré, el hall era puro lujo, alfombras que tragaban mis pasos. Los vi: Aurelia y Fernando, levantándose. Ella, curvas perfectas, ojos que me desnudaban. Él, fuerte, sonrisa pícara. Me miraron así, con hambre. ‘¿Estás lista, guapa?’, dijo ella, voz suave pero cargada. Tragué saliva. ‘S-sí… creo’. Nos sentamos, champagne frío en copas finas. Brindamos: ‘Por nuestro trouple’. Sus manos rozaban mi brazo, mi muslo. Calor subía, pezones duros contra el vestido. Hablábamos tonterías, pero el aire estaba espeso de deseo. Su rodilla contra la mía, su aliento en mi cuello. No aguantaba más.
La llegada y la tensión que me quemaba por dentro
Fernando miró a Aurelia, ella asintió. ‘Vamos a la suite nuptiale’, murmuró él. Me levantaron, manos calientes en las mías. Ascensor, espejo reflejándonos. Ella deslizó su mano por mi espalda, él por mi cintura. ‘Todo bien?’, susurró ella. Asentí, pero mi coño palpitaba. Puerta abierta: cama enorme, baldaquín, luces tenues. ‘Es… increíble’, balbuceé. Aurelia se acercó, dedos en mi pelo. ‘¿Puedo besarte?’. Dudé, segundo eterno. ‘Sí’. Sus labios suaves, lengua juguetona. Sabor a champagne y mujer. Me derretí, gemí bajito. Luego él, beso duro, barba raspando, lengua invadiendo. Entre los dos, perdí la cabeza. Ropa volando.
Desnuda, piel erizada. Aurelia lamió mi cuello, bajando a tetas. Mordisqueó pezones, chupó fuerte. ‘Qué tetas tan ricas’, jadeó. Fernando besaba mi boca mientras metía dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, gruñó. Dos dedos dentro, curvados, tocando punto G. Gemí alto. Me tumbaron en la cama. Aurelia abrió mis piernas, lengua en mi clítoris. Lamía despacio, luego rápido, chupando jugos. ‘Sabe a miel’, murmuró. Él se puso de rodillas, polla dura como piedra, venosa. ‘Chúpala’, ordenó. La tomé, salada, gruesa. La mamé profunda, garganta apretada. Él gemía, follándome la boca.
El clímax brutal y el afterglow inolvidable
Cambiaron. Aurelia encima, coño en mi cara. Lo lamí, olor fuerte a sexo, pelos rozando nariz. Clítoris hinchado, la hice gritar. Fernando entró en mí de golpe, polla llenándome. ‘¡Joder, qué apretada!’, rugió. Follaron duro: él embistiendo, bolas golpeando culo; ella restregándose en mi lengua. Sudor, gemidos, pieles chocando. ‘Córrete para mí’, me dijo ella. Explosé, coño contrayéndose, chorros calientes. Él sacó, polla palpitante. Aurelia la montó, rebotando. Yo lamí sus tetas, mordí pezones. Él se corrió dentro, semen goteando. Luego me folló el culo, lubricado con nuestros jugos. Dolor-placer, grité. Otro orgasmo me rompió.
Agotados, tumbados. Cuerpos pegajosos de sudor y semen. Aurelia besó mi frente, ‘Eres increíble’. Él acarició mi pelo. Fatiga dulce, músculos temblando. Sonreí, recordando cada embestida, cada lamida. Mi coño aún latía, marcado por ellos. Esta noche cambió todo. Quiero más. Mucho más.