Confesión caliente: el cajero del súper me folló con mi marido

Joder, ¿dónde coño están esos copos de avena? Llevo diez minutos dando vueltas por los pasillos. Le pregunto a la dependienta, que frena en seco. ‘No hay stock’, dice. ‘La semana que viene, quizás’. Bah, da igual, ya tengo todo. Hora de la caja. Elijo la fila buena, sin abuelos charlatanes ni niños pidiendo chicles.

El siguiente. Saco todo del carrito. ¡Un cajero! Y qué cajero, hostia. Joven, como de veinte, musculoso, con esa mirada que te clava. Pasa los productos rápido, pero me mira. Entre los pepinos y la cerveza, sus ojos en mí. Siento un calor subiendo por el coño. ‘¿Tarjeta?’, pregunta con voz grave. ‘Sí’. Nuestras manos se rozan. Su piel caliente. Me muero por dentro. ‘Buen día, señora’. Señora, dice. Me voy empujando el carrito, me giro. Ya está con otra.

La chispa en el supermercado y la tensión insoportable

En casa, no aguanto. Me tiro en la cama, coño ardiendo. Imagino su polla dura, metiéndomela contra la puerta del almacén. Meto el dedo, luego dos, gimo bajito. El olor a sexo en mi habitación. Me corro pensando en él, en su lengua en mis tetas.

Cada sábado, me visto para él. Falda corta, escote profundo, medias. Quiero que se la ponga dura tras la caja. Una vez mi marido insiste en venir. ‘Te ayudo’. Mierda. En la caja, él está. No miro. Mi marido charla del tiempo. Soy una clienta más. Esa noche, de mal humor. Mi marido nota algo. ‘¿Cena romántica?’. Vale. Me pongo lencería, vestido negro ajustado, tacones. Brindo con cava. Sus manos en mis tetas, beso profundo.

Suena el timbre. Mi marido abre. ‘Pasa’. Levanto la vista. ¡Es él! Sin uniforme, traje ceñido marcando músculos. ‘Buenas noches’. Mi corazón late como loco. Me siento expuesta, casi desnuda. Mi marido me besa, mano entre mis muslos. Él mira. Mi coño se moja solo. Dedos en mi clítoris, resbalando en mis jugos. Él se pone duro, lo veo.

La follada brutal y el éxtasis compartido

Mi marido le hace gesto. Se acerca. Sus manos en mi nuca, en mis tetas. Pellizca pezones, duelen de placer. Bajo la mano, toco su polla. Gruesa, venosa, palpitante. La saco, masturbo lento. Me besa, lengua salvaje. Mi marido lame mi coño, chupa el clítoris. Me corro en su boca.

‘Fóllame’, suplico. Preservativo puesto, me pongo a cuatro. Él empuja su polla de un golpe. ¡Joder, qué grande! Me parte el coño, clava contra mis nalgas. Grito. Mi marido en mi boca, polla dura. Me follan los dos, alternando. Ritmo perfecto. Me corro otra vez, coño apretando.

Mi marido se corre en mi garganta, semen caliente. Él sigue, me da duro. Me hace suya, chienne en celo. ‘¡Córrete dentro!’, pero se sale, quita el condón. Le chupo las huevos, masturbo. Chorros en mi cara, tetas chorreando leche.

No paramos. Toda la noche. Uno, otro, los dos. Pollas en mi coño, culo, boca. Me corrí tantas veces… Agotada, feliz. Su piel sudada pegada a la mía, olor a sexo puro. Recuerdo su polla hinchándose, el primer empujón. Mañana, sábado, vuelvo al súper. Con ganas.

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