Ay, Dios… Aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Soy Marina, treinta y pico, casada con Pierre, y joder, qué abierta que soy con el sexo. Ayer masajeé con Marco, el amigo de mi marido que se queda con nosotros. Sus manos en mi piel… Uf, me dejó el coño palpitando. Por la noche, follamos fuerte, y dejé la puerta entreabierta. Sabía que nos espiaba. Lo vi por el rabillo del ojo mientras cabalgaba a Pierre, mi culo subiendo y bajando sobre su polla dura. Nuestros sexos chocando, chap-chap húmedo, olor a sexo flotando en el aire. Le sonreí cuando me pilló mirando. Aceleré, gimiendo alto, hasta correrme como una loca encima de mi hombre.
Esta mañana… Despertamos con ganas. Bajé a la habitación de Marco en el garaje, desnuda bajo el peinador. Pierre con café y cruasanes. Mi mano en su polla ya tiesa, semierecta de la noche. ‘¿Dormiste bien, cariño?’, le dije, cubriendo y destapando el glande con la boca. Pierre normalito: ‘¿Pensaste en lo del masaje profesional?’. Marco balbuceaba, ‘Eeeh, sí… no sé…’. Yo lo miré, riendo: ‘No piensas con las pelotas llenas’. Y zas, me la metí entera en la boca. Chupando fuerte, lengua en el frenillo, dedos en los huevos. Su polla latía, hinchada, roja. Pierre me empujó la cabeza: ‘No ha desayunado aún’. Marco gruñó, se tensó… y explotó. Leche caliente, espesa, tragándomela toda.
La tensión que estalla en la cama
Se la pasé a Pierre en un beso baboso, luego él me untó los pezones con el semen mezclado con saliva. Brillaban, duros. Marco no se ablandó. ‘Tenemos algo que pedirte’, dijo Pierre, acariciándome el culo. ‘Mi mujer odia que toquen su ano… pero contigo ayer se abrió’. Recordé sus dedos en mi rabadilla, esa zona caliente de la caída en ortigas de niña. ‘Quiero que me masajes el culo otra vez, Marco. Dedos dentro, prepárame para Pierre’. Me subí a horcajadas sobre Marco, empalándome en su verga dura. Gimiendo al fondo, ‘¡Ahh, sí!’. Pierre echó aceite. Marco encontró el punto caliente: ‘¡Ahí, joder, ahí!’. Me corrí rápido, temblando.
El clímax anal y la liberación total
‘Ahora mi estrellita negra’, susurré. Sus dedos circundando el ano, presionando suave. Yo empujé, metiendo la falange. ‘¡Más!’, gemí. No dolía, era… eléctrico. Placer nuevo, profundo. Dos dedos ya dentro, abriéndome. Me puse de lado, chupé la polla de Pierre, la lubriqué bien. Me empalé de nuevo en Marco, guié a Pierre al ano. ‘Despacio… aaah’. Entró centímetro a centímetro, parando cuando jadeaba. Hasta los huevos pegados. ‘¡Moveos juntos!’. Follando doble, pollas rozándose dentro, estirándome. Orgasmo brutal, gritando, Pierre se corrió en mi culo virgen, caliente inundando. Marco siguió, domino, leche en mi coño.
Quedamos jadeando, sudorosos, semen goteando. ‘Ha sido… lo mejor’, murmuré. Nos duchamos riendo, manos por todos lados. Yo limpiando sus pollas, ellos mis tetas y culo. Ahora, cada roce me recuerda esa plenitud. Quiero más. ¿Volverá Marco? Uf, la tensión sube de nuevo…