Confesión ardiente: Mi noche de sexo salvaje con un ladrón y una goblin en el desierto

Hace un año subí a la montaña sola, como manda la tradición de mi tribu. Sobreviví a todo: bestias, hambre, soledad. Pero algo cambió en mí. Mi cuerpo… mis tetas crecieron hasta lo imposible, enormes, pesadas, siempre palpitando de deseo. Bajé convertida en una guerrera salvaje, con la piel bronceada, músculos duros y un coño que no paraba de mojarme. Maté a mi padre, quemé el campamento. Ahora vagaba por el desierto, libre, pero jodidamente caliente.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Esa noche acampé junto a una hoguera. La luna iluminaba las dunas. Me quité la capa de piel, solo quedaban jirones de cuero en mis caderas y placas de metal retorcido sujetando mis tetas gigantes. Roncaba un poco, exhausta, con mi espada enorme al lado. Soñaba con pollas duras, con follar sin parar.

La chispa que encendió el fuego

Un crujido me despertó. Vi sombras: un chico flaco con gafas rotas, pelo revuelto, y una goblin pequeñaja, verde, con ojos amarillos y cuchillo en mano. Él rebuscaba en mi bolsa, ella en mis pendientes de oro. El chico… dios, era guapo, nervioso, con la polla ya medio tiesa en los pantalones al mirarme las tetas. La goblin le susurraba: “¡Date prisa, idiota!”. Yo me quedé quieta, observando. Su olor a sudor y arena me llegó, y mi coño se contrajo. Hacía meses que no follaba.

De golpe, salté. Agarré al chico por el pecho, lo tiré al suelo. Mi rodilla en su torso, mis tetas rozándole la cara. A la goblin la pillé por el cuello, la clavé en la arena. Mi espada en sus gargantas. “¿Quiénes coño sois?”, gruñí, voz ronca. El chico jadeaba: “P-Por favor… solo… comida…”. Sus ojos clavados en mis pezones duros, asomando por el metal. La goblin forcejeaba: “¡Suéltame, puta enorme!”. Pero su mirada bajaba a mi entrepierna, oliendo mi humedad.

Sentí su calor. El chico temblaba debajo de mí, su polla ahora dura como piedra contra mi muslo. “Mírate… bandea como un crío”, le dije, rozándole con la cadera. Él gimió: “Lo siento… eres… joder, tan…”. La goblin escupió: “¡Déjanos y ya!”, pero su mano libre rozó mi muslo, curiosa. El aire ardía. Mi clítoris palpitaba. Un año sin tocarme más que con los dedos. No podía más. La razón se fue a la mierda. “Olvidaos de robar”, susurré. “Folladme. O os mato.”.

Los solté un poco. El chico se incorporó, manos temblando en mis tetas. “¿E-En serio?”. Le arranqué los pantalones. Su polla saltó, gruesa, venosa, goteando pre-semen. La goblin dudó, pero yo la besé, lengua dentro, salvaje. Ella gimió, sorprendida. “Joder… sí…”. Le quité la túnica, sus tetitas pequeñas, coñito verde depilado, ya mojado.

El clímax brutal y el éxtasis compartido

Lo monté primero al chico. Me abrí las piernas, mi coño chorreando, lo empalé en su polla. “¡Aaaah!”, grité, sintiendo cómo me llenaba. Cabalgué duro, tetas rebotando, golpeándole la cara. “¡Fóllame fuerte, ladrón!”. Él embestía, manos amasando mis nalgas: “¡Dios, qué coño tan apretado! ¡Tus tetas… las quiero mamar!”. Chupaba un pezón, succionando, leche casi saliendo de lo hinchadas que estaban.

La goblin se acercó por detrás, lamiéndome el culo. “Eres una diosa sucia”, murmuró. Metió dedos en mi ano, mientras yo rebotaba. Cambié: tiré al chico, puse a la goblin debajo. Le comí el coñito, lengua en su clítoris hinchado, sabor ácido y dulce. Ella gritaba: “¡Más, zorra! ¡Lámeme!”. El chico me folló por detrás, polla resbalando en mi coño empapado. “¡Joder, qué prieta!”, gemía. Triples embestidas: yo lamiendo, él follando, ella retorciéndose.

Me corrí primero, chorros calientes salpicando la arena. “¡Me vengo! ¡Síii!”. La goblin explotó en mi boca, temblando. El chico no aguantó: “¡Voy a…!”, y me llenó el coño de leche espesa, caliente, goteando por mis muslos. Caímos los tres, sudorosos, jadeantes.

Ahora, agotada, feliz. Su piel pegada a la mía, olores mezclados: sexo, sudor, arena. El chico acaricia mi teta: “Ha sido… increíble”. La goblin ríe bajito: “Vuelve cuando quieras, gigante”. Sonrío, recordando cada embestida, el sabor de su corrida en mi lengua. Mañana seguiré mi camino, pero esta noche… fue pura libertad. Mi coño aún palpita, queriendo más.

Leave a Comment