Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó ayer. Estaba yo en ese camping perdido en medio de la nada, con el sol quemando la piel, rodeada de nudistas por todos lados. Piscina llena de cuerpos desnudos, risas, el olor a crema solar mezclado con sudor. Yo iba con una amiga, pero de repente lo vi a él. Alto, moreno, con esa polla semi-dura colgando entre las piernas mientras charlaba con unos colegas al borde del agua. Nuestras miradas se cruzaron. Joder, sentí un calor en el coño que me dejó sin aliento.
Nos acercamos sin decir nada, como imanes. ‘Hola, guapa’, me soltó con voz ronca, rozándome el brazo. Su piel ardía, áspera por el sol. Empezamos a hablar tonterías, pero sus ojos bajaban a mis tetas, a mi pubis depilado. Yo notaba cómo mi humedad empezaba a gotear por los muslos. Paseamos por el borde de la carretera, coches pasando a toda velocidad a metros, sin vernos. El riesgo me ponía a mil. Su mano rozó mi culo, casual, pero se quedó ahí, apretando. ‘Estás mojada, ¿verdad?’, murmuró. Asentí, mordiéndome el labio. La tensión era una puta bomba a punto de estallar. Intenté controlarme, pero cuando me besó, con lengua hurgando mi boca, la razón se fue a la mierda. ‘Fóllame ya’, le susurré, jadeando.
La chispa que encendió el fuego
No esperó. Me empujó contra un árbol al lado del camino, terracería de madera medio rota bajo los pies. Bajó la cabeza y chupó mis tetas, mordiendo los pezones hasta que grité. ‘Shhh, calla o nos pillan’, dijo riendo, pero su polla ya estaba tiesa como una barra, palpitando contra mi vientre. Le bajé los pantalones cortos que se había puesto para disimular, y zas, esa verga gorda en mi mano, caliente, venosa. Me arrodillé, ignorando las piedras clavándose en las rodillas. La metí en la boca, profunda, saboreando el precum salado. Él gemía, ‘Joder, qué buena garganta tienes’. Le chupé las bolas, lamí el culo, todo. Luego me levantó, me abrió las piernas y hundió dos dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Entró de golpe, su polla partiéndome en dos. Follando duro, embestidas brutales, mi clítoris rozando su pubis. Olía a sexo crudo, sudor, tierra. Me dio la vuelta, me escupió en el ano y empujó. ‘¡Ah! Duele… pero no pares’, balbuceé. Me folló el culo sin piedad, una mano en mi clítoris frotando rápido. Orgasmos en cadena, yo temblando, gritando su nombre inventado en el calor.
Al final, se corrió dentro, chorros calientes llenándome. Nos quedamos ahí, jadeando, cuerpos pegajosos. Me besó el cuello, suave ahora. ‘Ha sido brutal’, dijo. Yo sonreí, piernas flojas, coño palpitando aún. Vuelta al camping como si nada, pero con su semen goteando por las piernas. Ahora, en casa, revivo cada segundo: el latido de su polla en mi boca, el ardor en el culo, ese placer que duele de lo bueno. Chicas, vivo para esto. ¿Quién se apunta al próximo?