Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó el otro día. Estaba en el curro, sentada frente al ordenador, con solo cinco minutos antes de la siguiente clase. Abro el mail y ahí está el mensaje de mi Amo. ‘Esta noche, al llegar a casa, dúchate, vístete como quieras y ve al bolera’. ¿Bolera? ¿En serio? Odio ese sitio y vive lejísimos. Pero bueno, ya sabéis, no discuto sus órdenes. Me paso el día dándole vueltas, el coño empezando a humedecerse solo de imaginar.
Llego a casa como un zombie, aparco en el garaje subterráneo. Las luces se apagan de golpe, todo negro como la boca del lobo. Solo unas señales de salida brillando poquito. Me agarro el bolso fuerte, el corazón latiéndome en la garganta. ‘Solo es el temporizador, joder, no hay nadie’, me digo. Camino hacia el ascensor, entro, subo. Me ducho rápido, el agua caliente resbalando por mi piel, pensando en él. No llevo bragas, como siempre fuera del curro. Me pongo un pantalón fino y una blusita mona, zapatillas. Bajo de nuevo al garaje.
El mensaje que me puso cachonda
Suena el móvil. Es él. ‘Hola, Amo’. ‘¿Cómo estás, puta mía? ¿Lista?’. Su voz suave pero mandona me pone la piel de gallina. ‘Sí, claro’. Me explica lo del brazalete con la alarma en la muñeca. ‘Es tu seguro, aprieta y todo para’. Como un safe word, pero físico. Nunca nos hemos visto, todo online, pero ¿y si…? ‘Confía en mí, 75% de tías sueñan con que las violen’. Río, es nuestra broma. Cuelga. Camino en la penumbra hacia el coche. Luces off otra vez. Y de repente… una mano enguantada en mi boca, brazos fuertes me inmovilizan. Son varios. Sombras, respiraciones jadeantes, olor a cuero y hombre. Me ponen el brazalete, pruebo la alarma, suena estridente. Para. Mi Amo los mandó. El miedo se mezcla con un calor en el chocho que me quema.
Me arrancan la blusa, los pechos al aire, pezones duros como piedras. Bajo el pantalón de un tirón, estoy empapada. Me ponen de rodillas sobre mantas en el suelo, suave. Me quitan la mano de la boca y ¡zas!, una polla latexada y mentolada en la garganta. Me folla la boca brutal, gimiendo yo ahogada. Manos por todas partes: pellizcan mis tetas, tiran pezones, dedos en el culo, rozando el clítoris hinchado. ‘No… por favor…’, digo falsa, pero mi coño chorrea. Aprieto la alarma en la mano, podría parar, pero no quiero. Esto es mi fantasía: violada por varios, atada, usada.
El asalto brutal y mis orgasmos interminables
Me levantan, me tumban en el capó de un coche, cubierto de manta. Me atan las muñecas a los retrovisores. Prueban la alarma de nuevo. Piernas arriba, coño y culo expuestos. El primero embiste mi chocho de un golpe, resbaladizo de mis jugos. ‘¡Aaaah!’. Me folla duro, polla gruesa partiéndome, mientras otros chupan tetas, meten dedos en el culo, me comen el clítoris. Grito, corro, orgasmo brutal, él se corre dentro del condón. Segundo en el coño, tercero en el culo, dilatado por sus dedos babosos. Me follan los dos agujeros a la vez, pollas frotándose dentro separadas por una pared fina. ‘¡Sí, joder, más!’. No sé cuántos polvos, orgasmos me dejan temblando, sudor, olor a sexo fuerte, saliva, semen en condones. Exposición total, ¿y si alguien baja? Me excita más.
Se van sin una palabra, quitan las telas de las luces. Me visto temblando, subo a casa. Ducha larga, agua lavando el sudor y el placer. Ceno como loca, agotada pero feliz. Al día siguiente, fotos de mi Amo: yo en el capó, luces ocultas, follada como puta, cara de éxtasis. Aún me masturbo recordándolo, el corazón acelerado, el coño palpitando. Fue perfecto, chicas. ¿Quién se anima a lo mismo?