Confesión ardiente: Mi trío salvaje con Kathleen y Sarah en la terraza

Claro, estaba un poco flipada pero feliz con la invitación de Kathleen. Nos conocíamos de nada, tres encuentros nada más, pero ya sentía esa conexión. El verano pintaba bien, pero yo sin planes de vacaciones, así que ilusionada por charlar de viajes en casa de su amiga Sarah, en La Courneuve. El metro era un horno, menos mal que me puse este vestidito ligero, con tirantes finos y corto, un poco puta para el transporte, pensé.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Llego, subo la escalera en el patio, toco timbre. Aire fresco entre las piernas, qué alivio. ‘¿Eres tú, Kira?’, grita ella. ‘Sí, ¿qué tal?’, respondo nerviosa. ‘Espera, abro…’. Me arreglo las tirantes, me siento guapa. Abre, ojos verdes riendo, bata rosa que deja ver sus piernas de runner. Pelo rubio revuelto. ‘¿Sales de la ducha?’, pregunto. ‘Eh… ¿café?’, me coge la mano y a la cocina. Tomamos café, y suelta: ‘En realidad, estábamos en la terraza bronceando con Sarah’.

La chispa que encendió la tensión insoportable

Subimos. ‘Sarah, quédate como estás, a Kira no le molesta, es un amor’, dice Kathleen. Entro, solazo, Sarah tumbada boca abajo en cojines, culito pequeño perfecto. Se gira, alta, flaca como un palo pero graciosa, tetitas pegadas al pecho, coño rasurado liso, andrógino. Me estremezco. Nos besamos, su piel cálida, olor a sol y sudor. Kathleen suelta la bata, cuerpo curvilíneo, coño depilado hinchado. Se sientan juntas, pechos rozándose, brazos entrelazados. Me derrito, siento mi coño humedeciéndose.

Charlamos como si nada, limonada fría, frutas. Sarah alarga piernas, coño abierto natural, pasa mano por labios, clítoris asomando. Mi vestido me aprieta, mano mía ya frotando mi raja mojada sin darme cuenta. ‘Voy a ducharme’, dice Sarah, se levanta, besa a Kathleen profundo, culo redondo bajo mi nariz, labios vaginales finos brillando. Uf, no aguanto más. La razón se va a la mierda.

La follada brutal y el clímax descontrolado

Sarah vuelve fresca, agua goteando. ‘Kira, estás colorada’, ríe Kathleen. Me acerco, tiemblo. ‘No sé… me ponéis tan cachondas’, balbuceo. Sarah me besa primero, lengua suave, manos en mis tetas. Saco vestido, desnuda ya. Kathleen por detrás, mordisquea cuello, dedos en mi culo. Nos tiramos en cojines. ‘Folla mi coño’, gime Sarah abriendo piernas. Le meto dos dedos, chorreando, clítoris duro como piedra. Chupo sus labios, sabor salado, ella jadea ‘¡Sí, lame más!’. Kathleen me come el coño, lengua girando en mi clítoris, ‘Estás empapada, puta’. Me corro gritando, chorros calientes.

Cambio, Sarah lamiendo a Kathleen, yo dedos en su ano apretado. ‘¡Métemela entera!’, pide. Empujo, ella se arquea. Nos frotamos coños, clítoris contra clítoris, sudor mezclado, olores a sexo fuerte. ‘¡Voy a correrme!’, aúlla Kathleen, cuerpo convulsionando. Sarah grita orgasmos múltiples, yo la penetro fuerte, ‘¡Toma, zorra!’. Nos follamos sin parar, dedos, lenguas, tetas restregando. El sol quema pieles, aire caliente de gemidos. Tres coños palpitando, jugos por todos lados.

Al final, exhaustas, acurrucadas. Sudor enfriándose, coños sensibles rozando. ‘Ha sido… increíble’, susurro. Sarah besa mi frente, Kathleen acaricia mi pelo. Fatiga buena, músculos flojos, sonrisas tontas. Recuerdo sus sabores, olores, temblores. Quiero más, pero ahora solo paz. Ese día cambió todo, deseo puro sin frenos.

Leave a Comment