Cariño, mi amor… No sé si estás listo para esto. Me llamo… digamos, Melissa, para jugar un poco. Tú sabes que siempre has fantaseado con que tenga un amante. Uno de verdad: alto, musculoso, con clase, en sus cuarenta, traje impecable… y una polla enorme, que te deje en ridículo. Años oyéndote, pero yo tenía miedo. Miedo a engancharme, a no querer más tu polla pequeñita, a romperlo todo por un polvo. ‘No lo jodas todo por sexo’, me repetía.
Pero mira… cambió. Al principio, probé con uno, pero meh, nada del otro mundo. El segundo… ay, Dios. Desde la segunda cita, perdí la cabeza. Nos vimos en su ático, luces tenues, copa de vino. Él tan alto, oliendo a colonia cara, camisa ajustada marcando pectorales. Me miró fijo, y sentí el coño palpitar. Hablamos, reímos, pero el aire estaba cargado. Su mano rozó mi muslo, subiendo despacio. ‘¿Quieres esto?’, murmuró, voz grave. Yo, con el corazón a mil, asintiendo. La tensión… insoportable. Sudaba, el calor de su piel quemaba. Beso salvaje, lenguas enredadas, mordiscos. Mi razón dijo ‘para’, pero mi cuerpo gritó ‘¡fóllame ya!’.
La Chispa que Enciende el Fuego
Sus manos everywhere, arrancándome la blusa. Pezones duros como piedras bajo sus dedos. Me tiró al sofá, yo de rodillas, falda subida. Su polla… joder, enorme, venosa, goteando precum. ‘Chúpala’, ordenó. Abrí la boca, temblando. Lamí el glande, salado, caliente. Él gemía bajito, ‘sí, así, puta mía’. La metí entera, garganta profunda, babeando. Él me agarró el pelo, follando mi boca. ‘No corras aún’, le dije, juguetona, sacándola reluciente. Le hice languidecer, lengua en los huevos, mordisquitos suaves. Él jadeaba, ‘me vas a matar’.
El clímax Brutal y Sin Filtros
No aguanté más. Me puse encima, espalda contra su pecho. Su polla rozando mi coño empapado. Bajé despacio… uf, estirándome al máximo. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñó. Empecé a subir y bajar, lenta, sintiendo cada vena. Ojos en blanco, sudor chorreando por mi frente, pegando el pelo. Aceleré, tetas botando salvajes. Sus manos las amasaban, pellizcando pezones. ‘¡Más fuerte!’, chillé. Él embestía desde abajo, polla golpeando el fondo. Gemía como loca, ‘¡Sí, fóllame, dame esa polla gorda!’. Orgasmo brutal, coño contrayéndose, chorros de jugos. Él no paraba, girándome, a cuatro patas. Polla entrando como pistón, nalgas rebotando. ‘Te voy a llenar’, rugió. Eyaculó dentro, leche caliente inundándome. Yo temblando, otro clímax.
Ahora… agotada, feliz. Tumbada en su cama, piernas flojas, olor a sexo por todas partes. Su semen goteando de mi coño, marcado en mi piel. Me besó la frente, ‘eres increíble’. Volví a casa, piernas temblando, sonrisa tonta. Tú me viste llegar, oliendo a él, ropa arrugada. No dije nada, pero sé que lo imaginas. Esa polla superior, mis gritos… Me encanta esta doble vida. No te dejaré mirar, me da corte, pero imaginaré tus ojos mientras él me folla. ¿Bandearás leyéndome? Sé que sí. Tengo cita pronto… esta noche, más. Te quiero, cornudo mío. Y esto… adictivo total.