Confesión: Mi polvo brutal con un policía en los baños de un pub bretón

Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó hace unos días en Bretagne. Estaba de vacaciones de Navidad en Erquy, cerca del Cap Fréhel. Ese viento helado me tenía la piel de gallina, el coño congelado literalmente. Había subido al faro con unos amigos, pero el frío era brutal, nos empujaba como locos. Bajé temblando, buscando calor, y acabé en un pub cutre pero animado, La Taverne. Entré, calor sofocante, olor a cerveza y sudor, música retumbando.

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Allí lo vi. Un tío alto, fuerte, ojos penetrantes, capitán de policía o algo así, Jean-Yves me dijo después. Estaba en la barra, con un coñac en la mano, mirándome las piernas. Llevaba falda corta negra, medias hasta el muslo, tacones. Sus ojos bajaron despacio, se quedaron en mis muslos. Sentí un calor subirme por dentro, el coño se me mojó al instante. Me acerqué, sonrisa pícara. ‘Bonsoir, capitán’, le dije juguetona, imitando su acento francés. Él sonrió, ‘¿Noches parisinas te faltan?’, contestó. Charla tonta, pero el aire se cargaba. Nuestras miradas chocaban, respiraciones cortas. Su mano rozó mi brazo, piel ardiendo. Yo notaba su paquete endureciéndose contra mi cadera cuando bailamos cerca. ‘Joder, no aguanto más’, pensé. Minuit, gritos de ‘¡Joyeux Noël!’, y lo arrastré al baño.

La chispa inicial y la tensión insoportable

Puerta cerrada, clic. Lo empujé contra la pared, sus manos en mis caderas, duras. ‘Fóllame, joder’, le susurré al oído, mordiéndoselo. Nuestras bocas se devoraron, lenguas enredadas, saliva caliente. Le arranqué la camisa, pechos contra su torso peludo, sudor salado en mi lengua. Él bajó las tiras de mi vestido, ¡mis tetas enormes saltaron libres! Las chupó como loco, mamando pezones duros, mordisqueando. ‘Oh sí, cabrón, así…’, gemí. Bajé su cremallera, saqué esa polla gorda, venosa, tiesa como hierro. La apreté, masturbandola lento, sintiendo el calor pulsar.

El clímax brutal y el dulce aftermath

Me arrodillé, lamí sus huevos peludos, subí por el tronco, glande hinchado. ‘Mmm, qué rica polla’, murmuré. La tragué entera, garganta profunda, babeando. Él agarró mi cabeza, follándome la boca: ‘¡Chúpala, puta, sí!’. Tosí, pero seguí, saliva chorreando. Me puse de pie, me giré, falda arriba, sin bragas, coño chorreando. ‘Métemela ya, rómpeme’. Se colocó atrás, frotó la punta en mis labios hinchados, olor a sexo fuerte. Empujó de golpe, ¡aaaaah! Polla llenándome, estirándome el coño. Me taladró salvaje, cachetadas en el culo, ‘¡Toma, zorra, tu coño es mío!’. Yo gritaba, ‘¡Más fuerte, joder, fóllame como a una perra!’. Introdujo un dedo en mi culo, lo folló al ritmo, doble penetración. Sudor goteando, tetas rebotando, piernas temblando en tacones. ‘Me corro, ¡me corro!’, aullé, chorros de jugo empapando su polla. Él sacó, me giró, ‘¡Trágatela toda!’. Se pajeó furioso, leche espesa explotó en mi boca, tragando, restregando en mi cara, tetas pringosas.

Caímos exhaustos, jadeando, olor a sexo impregnando todo. Me besó suave, ‘Joyeux Noël, preciosa’. Sonreí, piernas flojas, coño palpitando, semen en la barbilla. Salimos, miradas envidiosas de tíos en la cola. Volvimos a la pista, bailando pegados, su mano en mi culo. Pero en mi mente, ese polvo brutal, su polla en mi garganta, el sabor salado… Aún me mojo recordándolo. Fue puro fuego en medio del frío bretón. Si volvéis a Fréhel, buscad ese pub. Quizás os pase lo mismo.

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