Ay, Ulrich, gracias por empujarme a escribir esto de nuevo. Ese recuerdo con ella… me viene de golpe, como ahora, un sábado por la mañana hace veinticinco años. Nos conocimos en un curso, ¿sabes? No te cuento cómo nos enganchamos, eso otro día. Pero esa mañana… uf, ella estaba en mi casa. Salgo del baño, piel todavía húmeda, toalla alrededor de los pechos. Ella ahí, en mi bata, frente al ordenador. Me acerco sigilosa. Mi vientre roza su espalda en el sillón. Mis manos rodean su cuello… Se sorprende un poco, echa la cabeza atrás y ¡pum!, choca con mis tetas. Mis dedos mojados se clavan suaves en sus hombros desnudos.
Me encanta esa piel bajo mis yemas… Subo por sus mejillas, encierro su cara, la pego a mi pecho. Levanta la vista, ojos verdes enormes. La bata se abre, veo el nacimiento de sus tetas suaves, cotonneux. Se echa atrás más, yo me inclino, labios rozando sus mejillas… y caen en su boca entreabierta. Silencio total del sábado. Solo nuestros alientos cortos. Sus manos agarran mis brazos, su lengua busca la mía. Me besa fuerte, me ofrece el cuello. Huele a miel esa piel… Veo sus tetas, me estremezco entera.
La Chispa que Nos Encendió
Le destapo los hombros redondos, los beso sin parar. Mis labios en su nuca, mordisqueando. Ella se entrega, me aprieta contra sí. Me inclino más, mi cara roza la parte alta de sus tetas. Su olor me invade, lo respiro hondo. Estamos en una burbuja, solo deseo puro. Sin palabras, respirando igual, fríos largos por la piel. Me enderezo, giro el sillón, avanzo. La toalla cae. Mis piernas rodean sus muslos. Acerco su cara a mis tetas… Sus labios prueban mi piel seca ahora, bajan al vientre, suben a mis pezones. El calor sube, la tensión es insoportable. Ya no hay razón, solo ganas de follarla.
Alejo el sillón, me arrodillo, abro sus muslos mirándola fijo. La bata se abre del todo, se ofrece. Sus tetas caídas un poco me llaman. Chupo una, luego la otra, manos en sus piernas. Ella agarra mi cara, la guía entre sus tetas… luego la baja al vientre blandito. Me encanta cuando osa así. No sé cuánto durará, pero quiero todo. Baja más, roza su pubis. Huele a sexo ya, me muero. Avanza el coño al borde, cabeza atrás. Levanto sus muslos a mis hombros. Su coño desnudo, húmedo, abierto. Labios en la toison clara, lengua abre la raja, clítoris hinchado. Sabe a miel y mujer, mágico.
Me hundo, chupo su coño entero. Lengua en la entrada del chocho, labios mordiendo el clítoris. Ella tiembla, gime bajo. Sus manos en mi cabeza, me folla la boca. Bassin vibra, coño chorreando. Aprieta fuerte, casi duele. Siento su orgasmo venir, cabeza meneándose, uñas en mi pelo. Mordisqueo el clítoris más duro, y explota. Rale largo, vientre temblando, jugos en mi boca. Bebo todo, quiero más.
El Sexo Brutal y el Éxtasis
La beso con su propio sabor en mis labios. La levanto, me tumbo en la moqueta. Viene encima, en 69. Sus muslos abiertos sobre mi cara, labios rozando mi pubis, bajando a mi coño abierto. Su aliento caliente en mi piel, dedos abriendo mis labios. Luego su lengua, larga, lamiendo pliegues. Nuestras caras en los vientres, muslos, coños. Olores mezclados, el suyo en mi boca aún. Cierro ojos, la huelo profunda. Deja de pensar, solo sentir.
Ella lame mi clítoris, mete dedos en mi chocho mojado. Yo chupo el suyo de nuevo, manos en su culo. Gime: ‘¡Sí, así, no pares!’. Yo jadeo: ‘Tu coño… me vuelve loca’. Ritmo frenético, cuerpos sudados. Mi orgasmo sube, piernas apretando su cabeza. Exploto gritando, ella lame todo. Luego la volteo, la monto, frotamos coños. Clítoris contra clítoris, resbaladizos. ‘¡Fóllame más!’, dice. Venimos juntas, temblores eternos.
Después… agotadas, felices. Sudor frías, alientos entrecortados. Nos abrazamos en la moqueta, piel pegajosa. Su olor en mí, el mío en ella. Años después, cierro ojos y la siento. Ese sábado, su coño en mi boca, vive en mí. Un poco de ella en mi piel pseudo.