Confesión caliente: Mi reencuentro prohibido con Amanda y el susto de su madre

¡Dios, qué noche! Acababa de volver a España después de mi divorcio. Vivía con mi hijo Armando en Palma, esperando reorganizarme. Esa tarde, íbamos al restaurante a pie. De repente, las veo venir: Amanda, mi ex-alumna de hace nueve años, y su madre Silvia. ‘¡Es Amanda y su madre!’, le digo a mi hijo. Él sonríe, sabe de mis aventuras.

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Amanda… ¡joder, qué mujer! De niña de diez a diecinueve años explosiva. Pelo rubio cayendo en ondas, curvas perfectas, no exageradas, pero que te follan la mente. Vestida con gracia invernal, pero prometiendo calor. Silvia, igual de guapa, con quien tonteé hace años. Nos paramos, nos reconocemos. ‘¡Profe Carmen! ¿Qué haces aquí?’, dice Amanda con esa sonrisa pícara.

La chispa que enciende el fuego

La miro fijo, el corazón me late fuerte. Hago la cuenta: diecinueve. Nos besamos, bises largas, mi brazo en su cintura, sintiendo su calor. Ella tiembla un poco. Silvia también, recordando viejos tiempos. Mi hijo se aparta. ‘Venid a casa mañana’, dice Silvia. ‘Cerca de aquí, en la torre 5, apartamento 12’. Acepto con guiño.

Al día siguiente, nueve de la noche. Llevo vino tinto. Abre Amanda, cierra rápido. ‘No avises a los vecinos’. Se pega a mí, besos en mejillas que duran eternos. Su olor a vainilla me invade. Chemisier blanco semiabierto, sujetador lila asomando, falda corta negra, piernas desnudas. ¡Hostia!

Su madre no está, llamada al trabajo de cuidadora. ‘Me encargo yo’, dice con ojos brillantes. Ponemos música suave, pide pizza. Se sienta frente a mí, cruza piernas, deja ver encaje lila. Mi coño palpita. Trincamos: ‘Por nosotros’. Se acerca, escote perfecto. La invito al sofá. ‘Ven, no muerdo’. Tomo su mano, tiembla. ‘Eres preciosa, Amanda’.

La beso suave en la mejilla, luego labios. Abre la boca, lenguas se enredan. Respiración agitada, cuerpos pegados. Su piel quema. La pizza llega, la pago rápido. Vuelvo, ella alarga en el sofá, falda arriba, string lila. ‘Fabri… quiero tus labios otra vez. Me derrites’.

La tensión explota. La razón se va a la mierda.

Explosión de placer sin frenos

Me lanzo, beso salvaje. Manos everywhere. Abro su chemisier, tetas firmes en sujetador. Desabrocho, pezones duros como piedras. Chupo, muerdo suave. Gime: ‘¡Ay, profe… qué rico!’. Falda fuera, string empapado. Huelo su coño, olor a sexo puro, dulce y salado.

Ella me quita pantalón, mi polla salta libre, dura como hierro. ‘¡Qué grande!’, dice, mano arriba-abajo. Se acerca labios, lame glande, titubea. La dejo ir. Me corro en su mano, leche caliente salpica su cara. La lamo de sus dedos, se la paso en beso. ‘Prueba mi sabor, guarra’.

La tumbo, bajo a su coño. Pelo ralo, labios hinchados, jugos chorreando. Lametazo largo, clítoris palpitante. ‘¡Joder, qué haces! ¿Te gusta mi coño?’. ‘Me flipa, nena’. Chupo fuerte, lengua dentro, dedo en ano suave. Se retuerce, gime alto, tetas apretadas por ella misma. Viene a chorros, me empapo la boca. ‘¡Me corro… aaaah!’.

Yo dura de nuevo. La penetro lento, polla abriendo su coñito estrecho. ‘¡Fóllame fuerte, Carmen!’. Empujo brutal, piel contra piel, sudor mezclado. Sus uñas en mi espalda. Cambio posiciones, ella encima, salta como loca, tetas botando. ‘¡Tu polla me llena!’. Me corro dentro, leche inundándola. Ella otra vez, coño apretando.

Agotadas, jadeando. Su piel pegajosa, olor a sexo everywhere. La abrazo, feliz. ‘Ha sido… increíble’. Besos suaves, risas. Mi polla semi en su muslo, su coño goteando.

¡Clac! Llave en la puerta. ‘¡Es mi madre!’. Nos quedamos tiesas, desnudas, ella llegando al cuarto. Ojos de Silvia en nosotros, sorpresa total. El corazón se para… pero qué noche, joder.

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