Confesión ardiente: Mi regreso sorpresa y el polvo brutal en la cocina

Subí al coche a las 13:25. 180 km hasta casa, con Carlos esperándome. Llevaba quince días de curro por ahí, lejos. Lo echaba tanto de menos… joder, necesitaba su polla ya. El cita de la tarde se anuló, ¡genial! Llegaría cuatro horas antes.

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Tomé la autopista. Kilómetros monótonos, pero mi cabeza volaba. Imaginaba a Carlos en casa, ¿qué hacía? ¿Desnudo, con mi bata? Saliendo de la cama, ojos somnolientos, preparándose el café. Luego, ducha… ay, dios, entrar sigilosa, sorprenderlo bajo el agua, manos resbalando por su piel mojada, polla endureciéndose contra mi vientre. Uf, ya notaba mi coño húmedo, apretando los muslos al volante.

La tensión que me volvía loca en la carretera

Nantes a 163 km… no, espera, Madrid centro, 150 km. Veía su cara en los carteles, sus caderas, tetas… no, su torso musculoso invitándome. ¿Llevaba pantalón ancho, nada debajo? Mis manos quitándoselo, deslizándose por sus nalgas firmes. O guêpière sexy, pero nah, él en calzoncillos, polla marcada. Me la imaginaba dura, palpitante. Bandera ya en el coche, coño chorreando. Tenía que llegar ya, la razón se iba al carajo.

14:12. ¿Estaría en la cocina? Compras esparcidas, él agachado en el frigo, culo en pompa. Lo sorprendo, salto a sus brazos. Besos voraces, su aliento caliente, lengua enredándose. Sus manos en mi culo, apretando. Pezones duros contra su pecho. No aguanto más, la tensión explota.

Entro sigilosa. Cocina llena de bolsas. Carlos agachado, yogures en mano. Lo veo, corazón latiendo fuerte. Me lanzo: “¡Cariño!”. Se gira, sonrisa enorme, me come con los ojos. Chemisa blanca medio abierta, falda… no, él en pantalón ancho, jersey holgado. Nada debajo, lo sé. Nos abrazamos, beso largo, húmedo. Sus manos bajo mi blusa, pellizcando tetas. “¿Tienes hambre?”, pregunta. “De tu polla, sí”, jadeo, mano en su paquete endurecido.

El clímax sucio y sin frenos en la cocina

Lo tumbo en la mesa, entre yogures y mermelada. Le arranco el jersey, tetas… pecho desnudo. Cojo un yogur, cucharada en sus pezones, lamo despacio. Lengua áspera, dulce cremoso mezclado con su sudor salado. Gime: “Joder, qué puta…”. Bajo, desabrocho pantalón, polla salta libre, venosa, goteando. La chupo entera, hasta huevos, garganta llena. Él empuja: “Trágatela, zorra”.

No resisto. Me quito braga, coño empapado. Me siento en su cara: “Come mi coño”. Lengua hurgando clítoris, labios chupando jugos. Grito, tiemblo. Luego, su polla en mi coño, embiste brutal. Mesa cruje, platos caen. “¡Fóllame fuerte!”, pido. Clavada en mí, vientre chocando nalgas. Cambio: levanto culo, “En el culo, ya”. Él duda: “¿Segura?”. Saco mantequilla del frigo, unta mi ano. Dedo primero, resbaloso, luego polla. Duele rico, éxtasis. “¡Desfóllame el culo! ¡A fondo!”. Empala, bolas golpeando coño. Grito, lágrimas placer.

Pero quiero más. Lo llevo al cuarto, saco arnés del cajón. Rojo, vibrador. Me lo pongo, él a cuatro patas. Chupa el dildo: saliva goteando. Me coloco atrás, unto vaselina. Empujo lento, su ano virgen se abre. “¡Aaaah!”, gruñe. Lo follo salvaje, manos en caderas. “¡Branléate mientras te enculo!”. Él se pajea, polla goteando. Cambio furia, hasta que explota: semen en sábanas. Yo me corro vibrando.

Caemos exhaustos. Sudor pegajoso, culos ardiendo, sabor a yogur y sexo en boca. Lo beso, pruebo mi corrida en sus labios. “Nunca tan bestia”, susurra. Risas, abrazos. Recuerdo quemando: su polla en mi culo, yo en el suyo. Felicidad total, cuerpos rotos pero vivos.

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