Estoy desnuda, tirada en la hierba fresca al lado de un río, bajo un roble enorme. Hace un calor de cojones, puro verano. Una brisa ligera me acaricia la piel, erizando cada poro. Pero no es solo eso… Una mano de hombre, grande, fuerte, caliente, se posa en mi vientre. La conozco. Desliza suave, juguetona, enredándose en mi piercing. Doy un salto, sorpresa… y placer puro.
Me relajo total, confío en esa mano que baja lento hacia mi pubis. Juega con mis pelos negros, sedosos. Joder, qué bien se siente. El agua corre, cigarras zumban, sol pica la piel, esa mano en mi sexo, olor a naranja y canela en el aire. Cierro los ojos, todo se amplifica. Dedos se enredan, ondas de calor en el vientre. Mmm…
El sueño húmedo y la propuesta que me encendió
De repente, una voz rompe la paz. Esa voz que me vuelve loca: “Esos pelos… ¡qué horror! ¿No puedes hacer algo? Las otras tías se depilan el coño, hasta entero. Quiero que lo hagas tú”.
Abro los ojos de golpe. No es sueño. Estoy en la cama, desnuda, con Denis a mi lado. Después de follar como animales toda la noche. Él también en pelotas, precioso con la luz del sol. Apoyado, mirando fijo mi coño, demasiado peludo para su gusto. ¡Menudo cabrón! Me quedo muda, dolida.
“Buenos días a ti también… ¿Siempre despiertas así a tus conquistas? Estaba en un sueño la hostia de bueno”.
“Perdón, por las mañanas soy un ogro. Tengo que ir al gym en una hora, pero preferiría follarte todo el día”. Quita la mano, besa mi frente. Raro el tío. Insiste: “¿Lo harás?”.
“¿Depilarme el coño? Suena raro… Mis amigas no lo hacen. Imagina al gine… Me conoce desde los 13”.
“Le da igual, ve coños a diario. A mí me pondría cachondo: poquitos pelos arriba, como un billete de metro, y abajo liso. Mi lengua entrará everywhere, te haré correrte más fuerte. Sabes que te encanta cómo te como”.
Interloquada. Curiosa, pero… “Es natural, nadie se quejó antes. Vale, lo pienso. ¿Qué me das a cambio?”.
“Te lamo horas, orgasmos nonstop”. Sonríe pícaro.
“No basta, es un sacrificio mío. Pienso en tu parte…”. Se ducha y pira. Me quedo soñando. Le quiero, confío. Sexualmente es un dios. Hora de soltarme, follar mis instintos.
En la fac, con Isa al fondo. Denis con sus colegas. Le susurro: “Hecho, mi señor”.
Explosión de placer en los baños: lengua y dedos sin piedad
Ríe, ojos de tiburón. Me coge la mano, arrastra a baños hombres. WC para minus, amplio. Cierra llave. Corazón a mil. ¿Quién caza a quién?
Me empotra contra la pared, se arrodilla. Desabrocha falda, cae. Quedo en chaqueta, braguita negra encaje, medias autocontenidas, tacones. Baja el tanga. Mira mi coño depilado: rectángulo pelitos con aceite de almizcle. Se lame labios, ojos hambrientos. Deseo me quema el vientre. Olvida todo: curso, mundo. ¿Razonable? Joder, no resistir es lo único lógico.
Besa pelitos: “Has puesto medias. Me flipa tu olor, piel dulce. Te voy a comer viva, preciosa…”. Gimo, muerdo labio. Silencio clave.
Lengua roza labios mayores, suaves. Abro piernas. Me derrito. Explora, halla clítoris, lame sensual. ¡Dios, qué máquina! Suco su dedo en mi boca como si fuera su polla dura. Él acelera en mi botón.
Mete dedo salivado en coño chorreante. Agarro su pelo, guío. Quiero que me beba entera.
“Denis, no pares, me corro…”. Brinca clítoris como loco. Tensión máxima. Exploto: “¡Sí, joder! ¡Ahhh! Te amo”. Estrellas, cuerpo crispado, ola brutal.
Una minuto para bajar. Sonríe: “¿Valió la pena? ¿Cómo estás?”.
“En las nubes. Orgasmo bestial. ¿Lleva el curso? Tengo ganas de chuparte…”.
“Esta noche en mi casa”.
“No, con Isa. Mañana te vacío las pelotas”.
“Doble ración entonces”. Café, alivio. Sol brilla en Aviñón. Vida perfecta. Y me debe un favor…