Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó anoche con mi maridito. Estaba sola en casa, me miré al espejo y saqué mi bustier negro favorito, ese que me regaló hace años. Me lo puse despacito, sintiendo la tela apretándome las tetas, marcando mis curvas. La piel se me erizó, el pezón se me puso duro solo de verlo. Pensé: ‘Joder, hoy voy a ser su puta personal’.
Oí la puerta, entró él, sudado del curro, con esa mirada de lobo hambriento. ‘¡Cariño, qué guapa!’, murmuró, acercándose. Su aliento caliente en mi cuello, sus manos grandes bajando por mi espalda. Yo me giré, le besé con lengua, mordiéndole el labio. ‘Te he echado de menos… aquí’, le dije tocándome el coño por encima de las bragas. Él gruñó, me apretó contra la pared. Sus dedos se colaron, noté mi humedad chorreando. ‘Estás empapada, zorrita’, susurró. La polla se le puso tiesa contra mi muslo, dura como una piedra. Intenté resistir, pensar en la cena, pero… uf, el deseo me quemaba. ‘Fóllame ya’, jadeé, perdiendo la cabeza. La razón se fue a la mierda.
La tensión que me volvió loca
Me tiró al sofá, me arrancó las bragas de un tirón. ‘Abre las piernas’, ordenó. Me las abrí, mi coño rosado y hinchado palpitando. Bajó la cabeza, su lengua lamiéndome el clítoris, chupando mi jugo dulce y salado. ‘¡Dios, qué rico sabe tu chochito!’, gemía entre lametones. Yo me retorcía, agarrándole el pelo. ‘Más… lame más profundo’. Luego le cogí la polla, gorda y venosa, la chupé como una bananita madura. La metí hasta la garganta, sintiendo cómo se endurecía, latiendo en mi boca. ‘Joder, qué bien mamas’, jadeó él, follándome la boca. Le escupí saliva, la dejé brillante. De repente, me puso a cuatro patas. ‘Ahora te voy a comer el culo’. Su lengua en mi ojete, caliente, húmeda, metiéndose dentro. Gemí fuerte, ‘¡Sí, prepárame el culito!’.
El polvo brutal y el éxtasis
Me untó lubricante, frío al principio, luego ardiente. La punta de su verga empujando mi ano apretado. ‘Relájate, puta’, dijo suave. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome hasta el fondo. ‘¡Auuhh… duele rico!’, grité. Empezó a bombear, lento al principio, luego salvaje. Plaf, plaf, sus huevos chocando mi piel. ‘¡Fóllame el culo más fuerte!’, suplicaba yo, frotándome el clítoris. Sudor por todos lados, olor a sexo puro, a coño mojado y ano abierto. Me corrí primero, temblando, el culo contrayéndose alrededor de su polla. ‘¡Me vengo, joder!’. Él aceleró, ‘¡Toma mi leche, guarra!’. Se sacó, me giró y eyaculó chorros calientes, blancos y translúcidos, sobre mis tetas, mi cara, chorreando hasta mi boca. Lo lamí, salado y espeso, tragándomelo todo. ‘Eres mi cochona perfecta’, murmuró exhausto.
Caímos al suelo, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y semen. Mi culo palpitaba, dolorido pero feliz, lleno de su esencia. Nos besamos lento, suaves, riéndonos bajito. ‘Ha sido brutal, amor’, le dije, acurrucándome en su pecho. Él me acarició el pelo, ‘Siempre quiero más de ti’. Ahora, tumbada aquí, revivo cada embestida, el calor de su polla en mi interior, ese blanco cremoso en mi piel. Uf, me excita solo recordarlo. Si sois como yo, vividlo sin frenos. ¡No hay mal en hacerse el bien!