Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Estaba en Estambul con mi marido, en un seminario de fiscales. Él, todo un pez gordo, nueve años mayor que yo, me había arrastrado allí. Yo, Carmen, la esposa perfecta: tres niños, villa en la costa, pero… el sexo con él era rutina. Dos veces por semana, él encima, rápido, sin fuego. Sabía de sus aventuras, labios en camisas, condones usados. Me callaba, fingía.
El primer día, cóctel de gala. Robe azul noche, escote profundo, tanga de encaje. Veo a Raúl, un abogado americano que conocí hace años. Bailamos una vez, sentí su verga dura contra mí, pero no pasó nada. Ahora casado con una rubia insoportable. Nuestras miradas… uf, chispa. Cenamos juntos, pero ella hablaba sin parar. Yo callada, excitada por el recuerdo.
La chispa que encendió el fuego
Al día siguiente, seco la visita guiada. Cojo un taxi al centro, cerca del Gran Bazar. Veo un spa en un prospectus: hammam, masaje, cuatro horas. ¿Por qué no? Me visto sexy, entro. Hammam mixto, yo con toalla. Cuatro turcos desnudos, pollas semi-duras mirándome. Calor asfixiante, suelto la toalla un poco, pechos y muslos al aire. Sus ojos como lobos, uno se acaricia la verga cuando lo miro. Corazón latiendo fuerte, coño húmedo. Salgo rápido, muerta de vergüenza y ganas.
Espero el masaje boca abajo, toalla cubriéndome. Entra Memet, calvo, mostacho, gafas oscuras, torso musculoso como gladiador. ‘Good morning, ¿francesa?’, no, española. Me aprieta el pie, ondas de placer suben. Masajea pies, piernas, fuerte, violento pero delicioso. Me separa rodillas, nuca, hombros. Me arquea, toalla resbala, ve mis tetas. Siento su polla dura contra mi mejilla. La quita toda, manos en culo, amasando. Dedos en muslos, cerca del coño. Temblor, pezones duros. Un dedo roza ano y chochito, jadeo. Dos dentro, pulgar en clítoris, gimo alto. ‘¡Oh dios!’, exploto, jugos chorreando.
El clímax brutal y el éxtasis posterior
Me gira, rodillas flexionadas. Saca condón, polla gorda, huevos pesados. Le quito gafas: ¡ciego! Ojos vacíos. TiemBlo. Me penetra despacio, llena mi coño empapado. Golpes profundos, pesados. Tetas botando, grito, otro orgasmo me arrasa. Me pongo encima, piel con piel, quito condón. Chupo su glande rosado, bolas calientes. Me monta suave, lento, al borde de la mesa. Follando tierno, profundo, hasta que suena la alarma. Cabeza gira, piernas flojas.
Salgo aturdida, chicas de peluquería ríen, oyeron mis gritos. Memet pide propina, sonrisa pícara. Regreso al hotel, ‘migraña’. Al día siguiente, vuelvo al spa. Memet me espera, sabe por tacto. Repetimos: dedos, lengua en coño, polla en ano primero, luego chocho. Eyacula dentro, piel contra piel. Semanas después, mi marido se va. Miro a mi niña Zoe, ojos negros como los de Memet. Cansancio dulce, recuerdo su olor a sudor y sexo, calor de su verga. Fue… libertad total. Aún me mojo pensándolo.