Acabo de levantar la cabeza, con la cara llena de tu jugo dulce, te miro sonriendo. Nos quedamos así un minuto, mirándonos. ‘Ahora, cabrón, me toca a mí’, te digo. ‘Si no estás demasiado borracho de mi leche’. Bajo de la mesa, mi falda cubre mi coño chorreante. Te pido que te levantes. Estás ahí, de pie, nervioso. Pienso: hora de canalizar tu energía salvaje, guiarla para controlarla.
Te miro pícara, desabrocho tu cinturón, bajo el pantalón a los tobillos. Con cuidado, como si fuera frágil, aparto el elástico del bóxer y libero tu polla dura como cristal. Baja hasta las rodillas. ‘Si te pones violento, no me pillas’, pienso. La acaricio con la palma, suave, para que se ponga tiesa, brillante, lista. ‘Dime, ¿te gusta que te mime una putita como yo?’, pregunto. ‘Joder, tus manos son magia, como esos frutos rojos’, gimes.
La chispa que encendió la hoguera
Admiro tu verga: punta roja, redonda, reluciente. La base con pelitos suaves, como angora. Está perfecta, dura, crujiente. Hora de desnudarte del todo. Desabrocho tu camisa, acaricio tu pecho peludo, beso suave. Cierras los ojos, meneas la polla de placer. Te llevo a la manta cerca de la cascada, te tumbo. Para que no me devores, te doy fruta, lames el jugo de tu boca mientras sigo pajeándote. Ronroneas, domesticado… por ahora.
¡Sorpresa! Tu mano se cuela bajo mi falda, busca mi coño a tientas. ‘¡Eh, qué haces!’, digo riendo. No respondes, solo gimes mientras beso tus pezones, escucho tu corazón acelerado. Varío caricias, besos, mides el placer en tus ronroneos. Tus dedos encuentran mi raja húmeda, juegan. Me mira: ‘Quiero demostrarte mi espada’. ‘No te vayas a hacer daño, guapo. Yo miro’. ‘Ven, participa’. ‘Pero yo voy vestida’. ‘Yo me encargo de tu armadura’.
De repente, decido jugar. Nadie nos ve aquí, en este bosque mágico. Me levanto, me pongo encima, dejo caer la falda. Desfile lento: paso sobre tus ojos, tu polla. Me planto a horcajadas en tu pecho. ‘Cógeme, atrápame…’, digo, y echo a correr por la pradera, culo bailando. Me persigues, caes sobre mí en las hojas. Tu pecho masajea mi espalda, tu verga roza mis nalgas. Ondulo, masaje corporal delicioso. Intentas manosearme las tetas, tu polla busca mi coño.
‘¡Perverso, no puedes!’, digo, pero ondulo más, ayudo tu mano a colarse. Me giro, te desafío con la mirada. Rostros cerca, labios temblando. Me besas, y bum: yo soy la loba ahora. Te tumbo en la manta, me pongo la falda para provocarte. Desnudo total, a mi merced. Caminó alrededor, tetas al aire, pezones duros. Prometo: ‘Te voy a vaciar las bolas’. Oscilo caderas, falda deja ver muslos, culo redondo.
El clímax crudo y el dulce agotamiento
Enjambo tu pecho, levanto falda: mi coño maduro, hinchado. Chupo dedo, pliego rodillas. ‘No toques, solo mira y pajeate’. Te miro masturbarte, devoro tu polla con ojos. Abro labios, muestro mi interior jugoso. Dedos entran y salen, olor a sexo fuerte, humedad chorreando. Tus ojos salen de órbita. Me giro a 69, coño en tu cara. ‘Masajea tetas, nada más’. Manos en mis globos, malaxas pezones erectos.
Dedos en clítoris, entrada. Beso tu polla, lengua en punta, lame gotas pre-semen. La chupo, dientes suaves en base, pompoo. Gimes, tiemblas. La trago entera, aspiro fuerte. Crece en mi boca, ¡qué diferencia de los chupetines de niña! Tu mirada en mi coño, pides más apertura. Mi vientre arde, coño en llamas.
Brusca, me planto a horcajadas, empalo tu polla en mi coño. Cabalgo salvaje, froto clítoris. Sientes fondo, vibro. Cabeza loca, crin salvaje. Tu verga se hincha, ¡zas! Eyaculas profundo. Muero en orgasmo, transpiro, grito placer. Me derrumbo sobre ti, polla aún dentro, hinchada.
‘Me has matado, ahora te vacío’, digo riendo, jadeante. Masajeo pecho con tetas, ondulo para avivar. ‘No te muevas, te llevo a mi ciudad cachonda’. Beso tierno, masajeo polla con cadera. Esperando más fuegos artificiales.