Ay, chicas… Aún tiemblo al recordarlo. Tenía 22 años, acababa de pillar a mi prometido, ese cabrón de Pablo, follando como un animal a mi vecina de piso en su habitación. Ella a cuatro patas, gritando ‘¡jódeme el culo más fuerte, tu polla es enorme!’, y él embistiéndola sin piedad, sus huevos chocando contra su coño empapado. El olor a sexo me golpeó como un puñetazo, su piel sudada brillando, sus gemidos roncos. Cancelé la boda al instante, corazón roto, pero cogí el vuelo a Grecia sola, con los billetes ya pagados. Necesitaba olvidar.
Primera noche en el club de vacaciones, cena sola. Veo a Vincent, un parisino guapo, romántico, con ojos que te desnudan el alma. ‘¿Puedo sentarme?’, dice con sonrisa tímida. Charlamos. Él también venía de ruptura, su novia era una puta total. Reímos, pero su mirada… uf, me quemaba la piel. Al día siguiente, playa. Lo veo cerca, bronceado, músculos tensos. ‘Hola, ¿Bruno está en el agua?’, bromeo, aunque sé que está solo. Se acerca, charlamos. ‘Eres preciosa en ese bikini negro’, murmura, voz grave. Mi corazón late fuerte, pezones duros bajo la tela fina.
La chispa que encendió la tensión insoportable
Le cuento todo: mi matrimonio forzado joven, mi marido un bruto que me llama frígida porque no me moja con él. ‘Necesito ternura, caricias lentas’, susurro, voz temblorosa. Él asiente, ojos fijos en los míos, verdes como el mar. ‘Yo te daría placer hasta que grites’, dice bajito. La tensión crece. ‘Pásame crema en la espalda’, pido, tumbada boca abajo. Sus manos… Dios, cálidas, firmes. Desata mi sujetador, dedos rozan mi piel, bajan al hueco de la espalda, suben por mis muslos. Siento su aliento caliente en mi nuca, mi coño palpita, moja la arena. ‘Para… o no paro’, gimo. Lágrima cae, de rabia por lo que perdí, de deseo por lo que quiero. Se gira, veo sus tetitas blancas, pezones erectos. Su polla tensa el bañador. ‘Me pones cachonda’, digo riendo nerviosa.
Al día siguiente, pueblo. Me visto sexy: vestido ceñido, sin bragas, pezones marcados. Paseamos, manos rozando. En la iglesia, intento besarlo, pero… ‘Estoy casada’. Sus ojos suplican. En joyería, me regala collar verde como mis ojos. ‘Si dejas a tu marido…’. Lágrimas. Lo beso salvaje, lengua enredada, sabor salado. ‘Hotel, ahora’, jadeo. Corremos, sudor perlando pieles.
La explosión brutal y el éxtasis sin frenos
En la habitación, puertas cerradas, nos arrancamos ropa. ‘Fóllame ya, no aguanto’, suplico, coño ardiendo, clítoris hinchado. Me tumba, besa mis tetas pequeñas, lame pezones hasta que gimo. ‘Estás empapada’, gruñe, dedos en mi raja resbaladiza. Su polla, gruesa, venosa, roza mi entrada. ‘¡Entra! ¡Jódeme profundo!’, grito. Se hunde lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. ‘¡Qué coño tan apretado y caliente!’, ruge. Empieza vaivén, lento al principio, piel contra piel chapoteando. Acelera, huevos golpean mi culo, sus manos aprietan caderas. ‘¡Más fuerte, rómpeme!’, aúllo, uñas en su espalda. Siento su glande golpear mi cervix, placer eléctrico sube. Ondulo caderas, clítoris frota su pubis peludo. ‘¡Me corro! ¡Sí, joder!’, exploto, coño contrayéndose, chorros calientes mojándonos. Él ruge, ‘¡Toma mi leche!’, eyacula chorros potentes dentro, llenándome hasta rebosar. Gemidos roncos, sudor mezclado, olor a sexo intenso.
Quedamos unidos, polla ablandándose en mi coño lechoso. Jadeamos, cuerpos temblando. ‘Nunca follé así’, susurro, besos suaves. ‘Eres fuego puro’, responde, acariciando mi pelo. Cansancio feliz nos invade, piel pegajosa, recuerdo grabado: su polla palpitando, mi orgasmo eterno. Aún sueño con eso, chicas. El deseo manda.