Confesión: La noche que el deseo me devoró con el marido de mi amiga

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Soy Angélica, cuarentona española con el fuego en las venas, casada con Fabián, mi amor abierto. La otra noche, cena en casa de Quim y su mujercita Melisa. Ella, una jevenita de 25, tetas firmes como en la canción de Clerc, él, un protestante tieso de 50, pero con ojos que delataban hambre.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Llegamos. Me pongo mi vestido negro, ceñido arriba, plisado abajo, escote hasta los pezones. Sin sujetador, claro, las tetas bailan libres. El colgante apunta directo al coño. Quim me mira… uf, sus pupilas se dilatan, traga saliva. ‘¡Estás… increíble, Angélica!’, balbucea. Melisa sonríe, pero se pira y vuelve con un top más bajo, pezones marcando tela. ‘Yo también puedo ser sexy, ¿no?’, le dice a Quim, desafiante.

La chispa que encendió la hoguera

Nos sentamos en los sofás, yo frente a él. Hablamos de todo: curro, viajes… pero el aire huele a testosterona. Mi escote lo hipnotiza, él desvía la vista, pero su polla abulta los pantalones. Yo cruzo piernas, siento mi coño humedecerse. Fabián nota, guiña ojo. Luego, el juego: Scrupulosidad. Melisa admite que posaría en lencería transparente. Yo suelto: ‘Yo he salido en Fusion, Perfect 69… tetas al aire, coño depilado en fotos’. Quim palidece, Melisa brilla: ‘¡Cuéntame!’.

Los tíos salen al jardín. Nosotras, solas, hablamos crudo: ‘Melisa, tu Quim es un reprimido, pero esa polla… la vi marcarse’. Ella ríe: ‘Sí, pero necesita soltar prenda’. Vuelven. La tensión es un cable a punto de romperse. Bebemos más vino. Quim roza mi muslo ‘por accidente’. Su mano quema. Yo jadeo bajito. Fabián y Melisa se miran, cómplices. La razón… se va a la mierda.

El clímax brutal y el eco del placer

De repente, en la cocina, Quim me acorrala. ‘Angélica, no aguanto más… desde que quitaste el chaleco’. Su aliento caliente en mi cuello, olor a hombre sudado. Le agarro la polla por encima del pantalón: dura como piedra, gorda. ‘Shh, fóllame ya, cabrón’. Le bajo la cremallera, saco esa verga venosa, palpitante. Me arrodillo, la chupo voraz: saliva chorreando, bolas en mi boca. ‘Joder, qué boca… puta deliciosa’, gruñe él, tirándome del pelo.

Me levanta, arranca mi vestido. Tetas al aire, pezones duros. Me empotra contra la encimera, dedos en mi coño empapado: ‘Estás chorreando, zorra’. Dos dedos adentro, revuelve, clítoris hinchado. Gimo: ‘¡Métemela, Quim, rómpeme!’. Me gira, polla cabezona contra mi culo. Entra de un golpe: ¡ay, Dios, llena todo! Folla brutal, embistes salvajes, piel contra piel chapoteando. ‘Tu coño aprieta como virgen… mejor que Melisa’, jadea. Yo: ‘Más fuerte, joder, dame leche’. Cambiamos: yo encima, cabalgo, tetas rebotando, sudor mezclado. Él mama pezones, muerde. Orgasmo me arrasa: grito ahogada, coño convulsiona chupando su polla.

Él explota: chorros calientes inundándome, semen goteando piernas. Nos derrumbamos, jadeos, besos salados. Fabián y Melisa entran riendo: ‘Ya era hora’. Fatiga dulce, cuerpos pegajosos. Duermo con su olor en la piel, soñando revivirlo. Mañana, Quim me manda wasap: ‘Eres mi vicio’. Sonrío… el deseo manda, y yo lo vivo al 100%.

Leave a Comment