Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Acababa de entrar en esa puta cabina de bronceado. Tercera vez, y sigo odiándola. Me quité el vestido de un tirón, por la cabeza, clic del sujetador… y nada de bragas, ¿para qué? Las chanclas volaron contra las conchas decorativas. Crac. Mierda, pensé, con la cara torcida. Miré la puerta cerrada. Silencio. Uf, no me oyeron.
Me tumbé con cuidado. Todo cruje como un tractor viejo. Suspiro hondo. Las gafas protectoras, esos cacharros azules de seis euros que no sirven para nada más. Me las puse, apreté start. Vrrrrm. El calor sube ya. Sudor en la piel, pegajoso. Me imagino al técnico ese del centro comercial, el del culazo en vaqueros. Mmm. Mi boda en una semana, pero joder, qué ganas de follar algo nuevo.
La chispa que enciende el fuego
Hace calor, mucho. Entre las piernas, noto el aire caliente rozando mi coño. Abro un poco las piernas, cambrada. El ventilador me sopla directo ahí, como una lengua caliente. Sudor resbalando por el culo, por el espalda. Fantaseo con él entrando, viéndome desnuda, sudada. Mi coño palpita, se moja más que por el sudor. ¿Y si…? No, loca. Pero el deseo aprieta. Razón al límite.
De repente, bip bip. Se apaga todo. Oscuridad. Me quito las gafas, corazón a mil. La puerta… ¿13 minutos más? Voz dulce: “Señora, ya está, pulse start”. Joder, solo siete minutos. Aprieto, pero el calor me quema viva. Pensamientos sucios: su polla dura, empujándome.
Otra avería. Grésillos. Se para de nuevo. Pánico. Puerta se abre. Entra él, el técnico guapo, con herramientas. Me ve desnuda, piernas abiertas, coño expuesto, reluciente de sudor y jugos. Nuestras miradas chocan. Él traga saliva. “Perdón… la máquina”. Pero no se va. El aire huele a sexo ya, mi olor mezclado con el calor.
Tension insoportable. Mi clítoris late. “Quédate”, susurro, voz ronca. Él duda: “¿Segura?”. Asiento, mordiéndome el labio. Razón saltó por la ventana. Le tiro del pantalón. Polla saltando, gorda, venosa. La agarro, caliente como mi piel.
Le chupo la polla ahí mismo, en la cabina. Boca llena, saliva chorreando. Él gime: “Joder, qué boca”. Le meto hasta la garganta, bolas en mi barbilla. Sudor goteando de su pecho al mío. Me pone de rodillas en el borde, me abre las nalgas. Lengua en mi coño, lamiendo sudor y miel. “Estás empapada”, gruñe. Dedos dentro, dos, tres, follándome la mano.
El clímax brutal y sin filtros
No aguanto. “Fóllame ya”. Me embiste de un golpe. Polla clavándose en mi coño chorreante. ¡Ahhh! Embestidas brutales, piel contra piel chapoteando. La cabina tiembla. Él me agarra las tetas, pellizca pezones duros. Yo araño su espalda. “Más fuerte, cabrón”. Me da vueltas, polla rozando punto G. Orgasmo subiendo, coño apretando su verga.
Cambiamos: yo encima, cabalgándolo salvaje. Polla desapareciendo en mi coño rasurado. Sudor volando, tetas botando. Él me chupa los pezones, mordiendo. Huelo a sexo puro, polla y coño. Grito: “Me corro… ¡sí!”. Explosión, jugos salpicando. Él no para, me folla el orgasmo, prolongándolo.
Me pone a cuatro, en el suelo pegajoso. Polla en el culo ahora? No, coño otra vez, profundo. “Te voy a llenar”. Embestidas feroces, huevos golpeando clítoris. Siento su polla hincharse. “Córrete dentro”. Rugido, semen caliente inundando mi coño. Yo tiemblo, segundo orgasmo, piernas flojas.
Caemos exhaustos, jadeando. Su polla sale, semen chorreando por mis muslos, mezclado con sudor. Beso su cuello salado. “Increíble”, murmura. Yo sonrío, cuerpo pesado de placer.
Salgo temblando, vistiéndome rápido. Él guiña ojo. Bajo escaleras, coño palpitando aún, semen goteando. Cansancio feliz, piel dorada y follada. Recuerdo su polla, el olor, los gemidos. Mañana boda, pero este secreto quema delicioso. ¿Repetimos?