Por fin solos. El confinamiento acabó, mis padres y nuestro hijo volvieron a la ciudad. Papá no podía hacer fontanería por Zoom, y el crío echaba de menos a sus amigos. Mi marido Pablo y yo, libres en esta casa vieja con piscina recién terminada. Obras a medias, pero habitable. Calor sofocante, nadie alrededor. Vivimos casi desnudos, piel al sol, sudor pegajoso.
Desde que se fueron, una locura sexual nos invadió. Follar sin parar, juegos locos. Descubrimos las sextapes por casualidad. Yo acababa de salir de la piscina, gotas resbalando por mis tetas, coño aún húmedo. Él en la mesa, trabajando en su portátil. Me metí debajo, gateando, mano mojada en su polla. Ya dura, venosa, palpitando. Lamí el glande, olor a hombre, salado. Él jadeó, abrió las piernas. Chupé profundo, huevos en mi palma, calor subiendo.
La chispa que enciende el fuego
Subí, montándolo. Mi coño se abrió, tragando su verga centímetro a centímetro. Húmeda, resbaladiza. Nos besamos, tetas contra su pecho, pezones duros rozando. ‘Te quiero, pero amo más tu polla así’, le dije riendo. Moví caderas, explorando, ojos cerrados. De repente, vi la cámara del portátil encendida. Filmándonos de espaldas. Él juró que no fue a posta. Wifi off, pero qué morbo. Me giré, cara a la cámara, culo rebotando en sus muslos. Clac, clac. Sudor, gemidos.
Me corrí fuerte, él me pidió el culo. Dudé un segundo… ‘Sí, fóllame el ojete’. Lengua primero, dedos abriendo, luego su glande empujando. Dolor placentero, lleno. Me corrí anal por primera vez, gritando. Semen suyo flotando en el agua después. Esa cinta nos volvió adictos. Más juegos, intrusos fingidos, ataduras. En el bosque, vimos a un matrimonio: ella cabalgando a un amigo, él mirando. Nos invitaron, pero dijimos no. Aún no.
Semanas después, mi jefa Lola nos invita a su finca. ‘Venid relajados’. Llegamos tarde, ella en vestido escotado, sin sujetador. Fiesta íntima, cuerpos rozándose. Bailes pegados. Descubro que son todos libertinos. Error mío: envié el dossier del trabajo con nuestras sextapes. Lola las vio, pensó que era una señal.
Tension insoportable. Quiero huir, pero curiosidad quema. Bajamos al sótano, oscuridad total, luces negras. Fluorescente: collares, pintalabios en pezones, vergas brillando. Regla: participar o mirar, pero pintados.
Nos preparamos. Mi coño palpita. Entramos. Sombras follando, gemidos. Lola nos besa, labios fluorescentes en los míos. Dulce, lengua invasora. Pablo la mira, polla tiesa.
El clímax salvaje y el éxtasis compartido
Una mujer al lado cabalga, verga luminosa entrando-salida. Su mano toca la de Pablo. Yo susurro: ‘Solo mirar, ¿eh?’. Pero mi mano ya aprieta su muslo.
Lola besa mi cuello, baja a tetas. Pezones chupados, brillando. Gemí. ‘Benoît… quiero’. No, Pablo. Dedos en mi coño, lengua en clítoris. Me corro gritando, jugos en su boca.
Ella besa a Pablo, luego chupa su polla, profunda, huevos en boca. Yo miro, celosa pero cachonda. Georges aparece, negro imponente, verga enorme fluorescente. Mi mano la toca, piel caliente, venas gruesas. La beso, salada. Chupo, garganta llena.
Me monta. Sin condón, todos clean. Coño abierto, polla negra hundiéndose. ‘¡Joder, qué gruesa!’. Rebota, clac-clac. Pablo folla a Lola en perrito a nuestro lado. Gemidos sincronizados. Cambiamos: yo en perrito, Pablo me ve el culo abierto por esa verga. Lola me come el coño mientras.
Me corro otra vez, chorro. Pablo en mi culo, Georges en el de Lola. Semen caliente llenándonos. Cuerpos sudados, temblando.
Agotados, abrazados en el sofá. Sudor enfriándose, coño dolorido pero feliz. Besos tiernos. ‘Ha sido… increíble’, susurro. Recuerdos ardiendo: esa polla en mí, vista de Pablo, libertad total. Volveremos. La razón se fue para siempre.