Confesión ardiente: Mi polvo inolvidable con el faraón del mercado

Estaba tan harta, joder, este julio de mierda. Mi marido Antonio volvía los viernes por obligación, con Cécile en su cabeza. Me follaba pensando en ella, yo fingía gemidos para acabar rápido. Se largaba lunes a las siete. Iba al mercado con los niños para ver gente. Cuando hacía sol, playa por la tarde. Allí Nathalie me contaba las proezas de su socorrista, me insistía en pillar un amante.

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—Te lo presto, Frédéric, si quieres.

La chispa que encendió el fuego

—Gracias, pero… Ese niñato con pelo rapado no me va. Buenas piernas, sí, pero soy sentimental. No se cambia.

Un viernes en el mercado, Nathalie hojeaba cómics eróticos. Yo fijaba la vista en un chaval quieto, torso desnudo, brazos cruzados, bastón y látigo en las manos. Parecía un faraón joven, de cobre vivo.

—Mira ese dibujo de mujer atada, qué morbo.

Yo no veía el libro. Miraba sus hombros anchos. Nathalie se rio:

—¿Quieres que te azote el culo? Es un crío, no llega a veinte. ¿Al berceau ahora?

—Qué maja eres. Tengo ovarios desde los trece, pero…

—Si hubieras parido a los quince… Majo, sí. ¿Virgen? ¿Qué pillará bajo el taparrabos?

—Como todos los tíos. Los jóvenes eyaculan rápido y nos dejan colgadas. Pero desvergonzate, ogra.

—¿Ogra de cincuenta kilos?

—¿Ya mojada? Ve a por él, te quedo con los niños.

Me picó. Compré un bolso al lado para acercarme. Élodie y Lucas babeaban con la estatua. Yo, disimulada, devoraba su piel sudada. Nuestras miradas chocaron. Gritó a los niños que íbamos a la playa por la avenida Gaulle. Él pareció pillar el mensaje.

Luego lo vi coqueteando con tres chicas. Me dolió el pecho. Corrí a la playa temprano, corazón latiendo fuerte. ¿Y si no venía? ¿Me vería vieja? Lucas preguntó por qué cambiamos sitio. ‘Hay que variar, hijo’.

Lo vi venir de lejos, buscándonos. Se puso cerca. Timidez, pensé. ‘Acércate, idiota, no te como’. Bueno, quizás sí, esta ogra.

Se acercó por fin. Me incorporé, seios firmes rozando la toalla, pezones duros. Charlamos. Me insinuó que la tenía tiesa por mí. Me moví contoneante al llenar el cubo, mostrando culo. Antes de irme, preguntó si volvía lunes.

Lunes, mercado otra vez. Él con sábana a cuestas. Antonio lo vio, dijo ‘está bien el chaval’. Bendición moderna. Nathalie se ofreció con los niños. Resistí… pero no. Lluvia fina. Me puse braguita sexy. Ascensor, recuerdos locos.

En la playa, lo invité. Ascensor solos. ‘El piso es de mis padres, vacaciones eternas’. Primer beso contra la puerta. Le arranqué la camisa. Virgen, pensé. Suerte mía.

Explosión de placer sin frenos

—Tus hombros… Déjame el nombre, faraón. Desabróchame la blusa por abajo. Suave, eh, frágil la tela.

Lo guío, corazón desbocado. Seios libres, le gustan. Chupa, muerde pezones. Me siento su mamá puta.

Se aparta, ojos verdes con oro.

—Monique… Bueno, te puse ese nombre. No soy virgen, mentí.

—Catalina. ¿Y tú?

—Julián. Muéstrame qué sabes.

Risas, seios rebotando. Dedos en pezones. Beso profundo, lenguas calientes danzando. Sabor salado. Manos en culo, firme el suyo. ‘¡Ven!’.

Cama limpia. Sin perfumes, listos los dos. Me quita falda, rodillas en suelo. Aliento caliente en mi monte. Baja bragas, lengua en labios, clítoris hinchado. Lame, chupa fuerte. Joder, voy a correrme ya. Lo paro, desabrocho pantalón. Polla pesada, tiesa.

Sin calcetines, listo. Me tumbo. Boxer fuera: verga normal, dura, huevos peludos. Chupa seios, palpo verga palpitante. Baja, labios en coño chorreante.

—¡Ven!

Manos en sienes, beso con mi jugo. Piernas abiertas. ¡Zas! Columna caliente me llena. No te muevas… Espera. Mueve caderas lento. Uñas en espalda, suave por faraón.

Empuje potente, calmado. Mi pelvis choca la suya. Mordida en labio. ¡Tormenta! Me aplasta, polla furiosa. Grito orgasmo. Eyacula dentro, balbucea ‘Cataaa’. Cuerpo pesado, labios en párpados. Dichosa.

Contracto coño, no sale. Besos everywhere. Lo monto, muerdo tetillas. Bajo, lamo verga con restos nuestros. Dedos en huevos. ‘Vuélvete, quiero lamerte’.

Lengua en coño otra vez, yo en su polla tiesa. ‘¡Dentro ya!’ Profundo, violento. Labra mi útero. Placer sube, cabeza gira. ‘Más bella corriéndote, Ca-ta-li-na’.

Suaviza, ritmo con mi nombre. Eyacula como mar en cueva. Calmo, risueño: ‘¿Debería capote?’.

—Así perfecto. Te llevo a la cueva.

Cabeza en pecho, dedos en vello púbico. Habla bajo: estudiante en Lyon, camping. Sabemos es temporal. Duele ya el adiós. Pero qué polvo, joder. Olor a sexo impregna todo, piel pegajosa, alientos cortos. Fatiga feliz, coño lleno de él. Nunca olvidaré esa polla, ese chico.

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